Hoy es fiesta solemne de María, concebida sin pecado en honor de Cristo, con toda la pureza y santidad conveniente a la madre de Dios. La liturgia hace una parada en el adviento para honrar a la Madre del adviento cristiano, la Madre de Cristo, nacido en Belén. El dogma de la Inmaculada Concepción de María no está directamente afirmado en la Sagrada Escritura. la Iglesia lo dedujo lentamente del depósito de la revelación durante siglos de vivir la fe en Cristo. Los Padres hicieron de María las mayores alabanzas que se pueden hacer a una criatura, San Agustín le dice a Pelagio que no quiere ni oír hablar de pecado tratándose de María, la iglesia oriental le llama la totalmente santa, en el siglo X muchas iglesias de Europa celebran la fiesta de la Inmaculada Concepción, entre ellas la e los monjes del monasterio de Irache (Navarra). Poco a poco se iba descubriendo este misterio.
Teólogos como san Bernardo y Santo Tomás creyeron que esta verdad no se compaginaba con la redención universal de Cristo hasta que, por fin, el gran teólogo franciscano Duns Escoto hizo la célebre distinción entre redención liberativa y redención preservativa. Desde entonces las Universidades y los monasterios se obligaban con juramento a defender esta prerrogativa y privilegio de María, la Iglesia toda la celebraba como Inmaculada hasta que Pío IX definió esta verdad en la Bula Ineffabilis Deus el año 1854. Hoy celebra esta fiesta la Iglesia universal. Alabamos y damos gracias a Dios en este día por haber derramado en una mujer de nuestra raza la plenitud de su amor. nos alegramos porque sabemos por ella que el pecado no forma parte de la estructura del ser humano y porque vemos en ella terminada la obra que Dios ha comenzado en nosotros. Dios nos llenará a todos de gracia de la misma manera que llenó a ella en atención a Cristo. La Inmaculada es la patrona del arma de Infantería.
La Orden agustiniana se encomienda este día al Siervo de Dios Sebastián Elorza, hermano no clérigo, nacido en el País Vasco, el 1 de noviembre de 1882. Residió en el convento de Santa María de la Vid (Burgos) durante cuarenta años en el servicio de la portería, enfermos y comedor. Hizo grandes las cosas más pequeñas por su piedad y bondad con todos. Su mayor preocupación diaria eran los pobres que acudían pidiendo ayuda a la portería, dedicando a la oración y a la adoración del Santísimo el tiempo que le dejaban libre sus obligaciones. Aceptó la muerte con absoluta serenidad y dijo a los presentes: No os preocupéis, me voy con Dios. El proceso de canonización obtuvo el placet de la Congregación en 1991.
Los santos de hoy quedan como eclipsados ante tanta belleza. Son Eucario, Macario, Nemesio, Lucila, Simfronio, Olimpio, Tribuno, Exuperia, Teódulo, Patario, Romárico, Sofronio y Zenón. Añadimos el beato Buzad Banfy, dominico mártir de los tártaros.
En Paraguay celebran a María con el nombre de Nuestra Señora de Caacupé, patrona de esta hermosa nación americana. Le llamaron al principio Virgen de los Milagros y le suplicamos que les dispense milagrosa protección.
Álvaro Maestro Jesús
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