LA RIQUEZA DEL CORAZÓN
Querido Jesús, aquí estoy para pasar otro ratito de oración contigo. Voy a sentarme bien para estar más cómodo y voy a respirar profundamente, tres veces. Y muy lentamente. Me ayuda mucho sabes. Me relaja. Me siento menos preocupado. Y así, puedo sentirte mejor. Respiro y expulso el aire despacio. Respiro y expulso de nuevo el aire. Y así otra vez. ¡Qué bien! Y ahora ya estoy preparado para escuchar el evangelio de hoy. Seguro que algo importante me vas a decir.
La lectura es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 12, 13-21):
Como Jesús tenía mucha autoridad, había gente que se le acercaba para que fuera como un árbitro o un juez entre ellos. Un día uno vino y le dijo: «Jesús, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Jesús miró a todos, y les dijo: «Mirad, no seáis avariciosos. No estéis preocupados solo por acumular más y más riquezas». Y para que lo entendieran les contó una parábola: «Un hombre rico tuvo una cosecha enorme. Tan grande que no cabía en su granero. Así que pensó: ‘derribaré el granero que tengo, construiré otro mucho mayor, y así seré todavía más rico…’ y ya estaba pensando la buena vida que se iba a dar. Pero Dios le dijo: ‘Hombre, ¿de qué te sirve todo eso, si esta misma noche vas a morir?’»
Jesús miró a todos, y les dijo: «Mirad, no seáis avariciosos. No estéis preocupados solo por acumular más y más riquezas». Y para que lo entendieran les contó una parábola: «Un hombre rico tuvo una cosecha enorme. Tan grande que no cabía en su granero. Así que pensó: ‘derribaré el granero que tengo, construiré otro mucho mayor, y así seré todavía más rico…’ y ya estaba pensando la buena vida que se iba a dar. Pero Dios le dijo: ‘Hombre, ¿de qué te sirve todo eso, si esta misma noche vas a morir?’»
Al terminar de contarles la historia, Jesús les dio la enseñanza: «Eso es lo que pasa si lo único que buscas es riqueza material, y no la riqueza del corazón que Dios quiere».
¡¡Hay que ver!! Lo que nos cuesta compartir. ¡Verdad! A veces me pregunto por qué nos gusta tener tantas cosas.
Es curioso, sí. Es como si tuviéramos miedo como a perderlas y a quedarnos sin nada. Y al final tenemos más cosas que las que necesitamos.
A ver, cuanto hace que no utilizas algo que tengas por casa. Seguro que hay cosas que hace meses que ni te has acordado que tenías. ¡Y tanto! A veces nos pasa como al hombre del evangelio. Venga a acumular y acumular y eso no nos hace más felices.
Yo creo que ya sé lo que nos quiere decir Jesús. Que rico no es el que más tiene sino el que más comparte. Que hay poco que tener y mucho que dar.
Poco que tener y mucho que dar.
Y si nos hace falta ya nos llegará.
Poco que tener y mucho que dar.
Las que son sus dueñas ya nos prestarán.
Y si nos hace falta ya nos llegará.
Poco que tener y mucho que dar.
Las que son sus dueñas ya nos prestarán.
Poco que tener y mucho que dar interpretado por Migueli. «Como un girasol.»
Ahora te voy a proponer lo siguiente. Piensa en una cosa que tengas y que sea importante para ti. ¿Ya la tienes? Ahora piensa en una persona, amigo o familiar, con la que te gustaría compartirla. ¿Ya sabes quién? Pues ahora imagínate cómo compartes con ella eso tan especial para ti y fíjate en la cara que pone y lo feliz que está. Y alégrate, porque la generosidad es un gran tesoro.
Gracias, Jesús
Gracias, Jesús, por todo lo que tengo.
Gracias, Jesús, porque puedo compartirlo.
Gracias, Jesús, porque teniendo poco se puede ser muy rico.
Gracias, Jesús, porque compartiendo hago felices a los demás.
Gracias, Jesús, por tanta gente que comparte cosas conmigo.
Gracias, Jesús, porque puedo compartirlo.
Gracias, Jesús, porque teniendo poco se puede ser muy rico.
Gracias, Jesús, porque compartiendo hago felices a los demás.
Gracias, Jesús, por tanta gente que comparte cosas conmigo.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santocomo era en el principio, ahora y siemprepor los siglos de los siglos. Amén.
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