28 febrero 2019

Comentario Domingo VIII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria
Señor Jesús, no dejes de darme Tu palabra, no permitas que la acoja mediocre. Dame Tu Espíritu para acoja esta palabra fuerte, inaudita, rompedora que me diriges a mí, insistente y provocador. Que en Tu palabra se me dé experiencia de ser discípulo/a, de mi vida y otras vidas transformadas. AMEN.

Lucas 6, 39-45
Jesús les hizo también esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo?
El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.
¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo», tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.
No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.
El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.
 
Palabra del Señor.


CONTEXTO
Lucas continua con su “Sermón del Llano” y de la sección de las bienaventuranzas pasa a esta del evangelio de hoy: la sección dedicada al amor a los enemigos, también bastante diferente de su paralelo mateano. A esta sección sigue la pequeña parábola del ciego que guía a otro ciego y otros dichos de Jesús sobre la paja ajena y la viga propia, el árbol bueno y el árbol malo, y la persona buena y la persona mala (Lc 6,39-45): el evangelio del próximo domingo.

TEXTO
La pequeña introducción del v. 27a dirigida a un “vosotros” que son, así, fuerte- mente interpelados, abre un texto con una estructura con tres partes:
a) vv. 27b-31: 9 imperativos marcan el tenor de esta parte. Los 4 primeros, solemnes y concluyentes, dan paso a una concreción en segunda persona singular que “atrapa” más al lector (vv. 29-30) y a la conocida como “regla de oro” (v. 31).
b) vv. 32-34: esta parte no tiene imperativos, sino un razonamiento lógico con tres ejemplos que hacen más razonable la “bravura ética” ofrecida por Jesús asus interlocutores.
c) vv. 35-38: 8 imperativos conducen de nuevo a los oyentes a una altura ética inaudita, pero esta vez anclada en una razón teológica: la misericordia de DiosPadre es, a la vez, la medida y el motor de nuestro actuar ético.

ELEMENTOS A DESTACAR
• El texto tiene dos elementos muy destacados: a) en primer lugar, la gran cantidad de pronombres personales de segunda persona (sobre todo de plural); esto imprime un fuerte carácter de apóstrofe (¡una interpelación vehemente dirigida en segunda persona!) a este evangelio. No quiere pasar inadvertido al oyente de ninguna manera, sino que busca interpelar fuertemente y lograr una conmoción que nos “remueva” por dentro. ¿Lo hace?
• Igualmente, hay una gran cantidad de imperativos (hasta 17 en el original), por lo que a la interpelación se suma un potente alcance ético. Un texto, pues, que quiere llegar a nuestro comportamiento y elevarlo. ¿Le dejamos?
• Es interesante la disposición textual: la parte central (vv. 32-34) propone con lógica que una ética “mediocre” nos iguala por abajo a “los pecadores”. Y las partes extremas, que nos elevan a una ética mucho más exigente y alternativa tienen sus respectivos fundamentos: la primera, en la autoridad ejemplar del que habla (“Yo os digo”): Jesús, maestro que enseña lo que él mismo vive; la segunda, en la experiencia de Dios, que es Padre y es misericordioso. Ser discípulos de Jesús y ser hijos de un Dios así conducen necesariamente a unas opciones éticas inauditas.
• Para muchos, el amor a los enemigos fue la gran novedad de la ética cristiana. Pero el amor a los enemigos (y todas las demás disposiciones del texto que“desarrollan” ese primer precepto del amor) no es tanto una norma general de conducta, cuanto una actitud característica de los discípulos de Jesús que experimentan el amor paterno de Dios. No es condición sino resultado. Lo primero y decisivo es experimentar el amor de Dios y mantenernos fieles en el seguimiento de Jesús. Solo así podremos crecer en la ética “cristiana”. ¿Qué experiencia de Dios y de discipulado refleja nuestro comportamiento ético?

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.
Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?
Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…
Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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