09 noviembre 2018

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

Hola Jesús. Hoy nos invitas a no quedarnos en la superficie. A mirar en el corazón de las personas.
Haz silencio, deja lo que estás haciendo. Respira profundamente y cierra los ojos. Escucha las palabras que Jesús dice. Presta mucha atención a cómo reaccionan Jesús y sus amigos ante las ofrendas de la gente.
El texto es una adaptación de Mc 12, 38-44:
Jesús criticaba mucho a los que hacen las cosas para ser vistos, a los que siempre estaban buscando aplausos, y que otros les admiraran. Un día estaba con sus amigos en el templo. Había un altar donde las personas dejaban sus ofrendas. Y había ese día muchos ricos que echaban grandes cantidades, con muchos gestos para que todos los vieran. Los amigos de Jesús se quedaban con la boca abierta, viéndolos. Pero Jesús se fijó en una mujer mayor, una viuda, que echaba dos moneditas. Nadie miraba para ella. Solo Jesús. Entonces, llamó a sus amigos y señaló hacia la mujer. Y les dijo: “¿Veis a esa mujer? Pues, aunque no lo parezca, ella es la que más ha dado, porque no ha dado de lo que le sobra, sino de lo que necesita para vivir”.

Jesús, ¿no crees que las matemáticas no se te dan muy bien? ¿Cómo puedes pensar que la viuda ha dado más que todos? Si todos vieron que es la que menos puso. Eso es verdad, pero Jesús habla de poner vida, amor, de darse uno mismo para los demás, no de cantidades.
¡Ah!, ya lo voy entendiendo. O sea que Jesús no mira como nosotros, que muchas veces lo contamos todo. Jesús sin ni siquiera conocer a la viuda ha visto sus intenciones. Eso es, la viuda no buscaba asombrar a nadie. Sólo deseaba ofrecer algo a Dios con todo su corazón. Por poco que fuera.
Jesús es capaz de mirar con unos ojos distintos, de ver el interior de cada uno. Piensa por un momento aquello que en tu vida haces bien como la viuda. Aquello que no te cuesta hacer por los demás. Si estás en clase se lo puedes comentar muy bajito al compañero de al lado o a quien tengas cerca. O si estás en casa a lo mejor se lo puedes contar a tu papá o tu mamá, si estás con ellos. Si no, piénsalo para ti mismo.
Doy gracias a Jesús por todo lo bueno que hay en mi vida. Mientras escucho la canción le pido que me de un nuevo corazón.
Quisiera un corazón bueno, con el sabor del buen pan,que esté en la mesa de todos, que sólo sepa a fraternidad.
Dámelo, dame un nuevo corazón y en la palma de tu mano guárdalo y repártelo
Quisiera un corazón limpio, como un pozo de verdad,que ni se cierre ni aturda, que no pretenda nunca engañar. 
Dámelo, dame un nuevo corazón…
Quisiera un corazón libre, sin atarse y sin atar,que deje atrás lo que pesa, que nunca busque hacerse notar.  
Dámelo, dame un nuevo corazón…
Quisiera un corazón pobre, que no intente acumular,que luche y tenga esperanza, que esté dispuesto siempre a arriesgar.  
Dámelo, dame un nuevo corazón…
Dame un nuevo corazón interpretado por Al-Haraca, «Palabras de vida.»
Antes de terminar, quiero poner en tus manos a todas las viudas del mundo, a todas las personas que dan todo por los demás. Repetimos después de cada frase:
Ayúdanos a elegir
A las madres incansables,a los padres preocupados,a los maestros que quieren entender a sus alumnos,a los niños que se acercan a los que están solos,a los pobres, a los refugiados, a las personas sin hogar…A todos Señor,ayúdanos a elegir siempre lo mejor.
Gloria al Padre,y al Hijo,y al Espíritu Santo.Como era en el principio,ahora y siempre,por los siglos de los siglos. Amén.