12 octubre 2018

Domingo 14 octubre: Liturgia 1


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14 DE OCTUBRE DE 2018
Liturgia de las Horas - Cuarta Semana del Salterio.

R I T O S    I N I C I A L E S

CANTO DE ENTRADA.
El Señor nos llama y nos reúne, somos su pueblo, signo de unidad.  Él está en medio de nosotros  sirve a la mesa, nos reparte el pan.

Por todos los caminos nos sales al encuentro, por todos hemos visto señales de tu amor.  Tu pueblo se reúne, Señor, a bendecirte, a celebrar con gozo tu paso salvador.  
   
SALUDO Y  MONICIÓN.

ACTO PENITENCIAL.

GLORIA.

ORACIÓN COLECTA.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA.
Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11.

Supliqué y me fue dada la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a cetros y tronos y a su lado en nada tuve la riqueza.
No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena y junto a ella la plata es como el barro.
La quise más que a la salud y la belleza y la preferí a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso.
Con ella me vinieron todos los bienes juntos, tiene en sus manos riquezas incontables.
     PALABRA DE DIOS


SALMO RESPONSORIAL. Salmo 89.
Antífona: Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos.

Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Danos alegría, por los días en que nos afligiste, por los años en que sufrimos desdichas.

Que tus siervos vean tu acción y sus hijos tu gloria. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. Sí, haga prósperas las obras de nuestras manos.  

SEGUNDA LECTURA. 
Lectura de la carta a los Hebreos 4, 12-13.

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo; penetra hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón.
Nada se le oculta; todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.  
PALABRA DE DIOS

ALELUYA.
Antífona: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos

EVANGELIO. 
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 10, 17-30.

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló ante él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?».
Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.  Ya sabes los mandamientos: no matarás, no  cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre».
El replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
Jesús se quedó mirando, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme».
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó triste porque era muy rico.
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!».
Los discípulos quedaron sorprendidos de estas palabras. Pero Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios».
Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo».
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna».   
PALABRA  DEL SEÑOR

HOMILÍA.

CREDO.

ORACIÓN DE LOS FIELES.

LITURGIA EUCARÍSTICA

OFERTORIO.
Canto:
En tus manos divinas de Padre hemos puesto, Señor, nuestro mundo.

Estos brazos que elevan alegres las ofrendas de vino y de pan.

Nuestro mundo camino hacia el cielo, nuestras almas hambrientas de Ti. 

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.

PREFACIO Y SANTO.

PLEGARIA EUCARÍSTICA.

RITO DE LA COMUNIÓN

PADRE NUESTRO.

RITO DE LA PAZ.

CORDERO DE DIOS.

COMUNIÓN.
Canto:
Que detalle, Señor, has tenido conmigo.  Cuando me llamaste, cuando me elegiste, cuando me dijiste que tú eras mi amigo.  Que detalle, Señor, has tenido conmigo.

Te acercaste a mi puerta, pronunciaste mi nombre.  Yo temblando, te dije: «Aquí estoy Señor».  Tú me hablaste de un reino, de un tesoro escondido, de un mensaje fraterno que encendió mi ilusión.

Yo dejé casa y pueblo por seguir tu aventura.  Codo a codo contigo comencé a caminar.  Han pasado los años y, aunque aprieta el cansancio, paso a paso te sigo sin mirar hacia atrás.

¡Qué alegría yo siento cuando digo tu nombre! ¡Que sosiego me inunda cuando oigo tu voz! ¡Qué emoción me estremece cuando escucho en silencio tu palabra que aviva mi silencio interior!

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.

Gracias, Señor, por las llamadas que día a día, nos haces a seguirte.

A pesar de nuestra tibieza y falta de respuesta, no te cansas de llamarnos, tú sigues contando con nosotros.

Muchas veces volvemos la vista atrás y es tanto lo que nos ata que nos cuesta renunciar a ello y seguirte.  Pero tú respetas nuestra libertad.

Tú no nos engañas.  Nos dices que seguirte es duro, que exige desprendimiento, pero que vale la pena y que nunca nos sentiremos solos en la tarea de anunciar el reino de Dios.

Gracias por venir a nosotros en esta comunión, que nos llena de fuerza para seguirte, para ser testigos tuyos en el mundo. 

ORACIÓN.

RITO DE CONCLUSIÓN

BENDICIÓN Y DESPEDIDA.

Canto.
Id por el mundo y proclamad la Buena Nueva del Señor: Dios es amor, liberación, y de los hombres salvación.  Dios es amor, liberación, y de los hombres salvación.

Sed misioneros de Dios, llegue a los hombres su voz: sed testigos del Señor, sed instrumentos de su amor. Sed testigos del Señor, sed instrumentos de su amor.