11 agosto 2018

Narración para adolescentes...VALOR EN EL FRAGOR DE LA ACCIÓN


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Hace un par de años presencié un acto de valentía que me congeló la sangre. En una asamblea estudiantil del colegio tuve la oportunidad de hablar sobre el mal hábito de victimizar a algún compañero y de manifestar que cada uno de nosotros estaba en capacidad de salir en su defensa en vez sumarse al grupo de los victimarios. Al terminar mi intervención, el debate se abrió para permitir que cada cual manifestara su opinión. Los estudiantes estaban en libertad de agradecer a  cualquiera que les hubiera tendido la mano y algunos efectivamente lo hicieron. Una chica agradeció a los amigos que la ayudaron durante una crisis familiar. Un chico habló de ciertas personas que lo habían apoyado durante una época de dificultades emocionales.
Poco después, una joven que estaba por graduarse se acercó al micrófono, señaló la sección de secundaria y retó al colegio.

“Suspendemos el abuso a ese chico. No cabe duda de que él es distinto de todos nosotros, pero hace parte de nuestra comunidad. Su alma es igual a la nuestra y requiere de nuestra aceptación, nuestro amor, nuestra compasión y apoyo. Necesita tener amigos. ¿Por qué nos hemos dedicado a abusar de él y a tratarlo brutalmente?
“¡Reto al colegio entero para que dejemos de victimizarlo y le brindemos una oportunidad!”
Durante su intervención yo estaba de espaldas a la sección donde se encontraba el chico objeto de su pronunciamiento, y no tenía ni idea de quién se trataba. Sin embargo, era obvio que todos los alumnos lo conocían.
Me dio hasta miedo mirar hacia su sección, pues me imaginaba que el chico debía estar colorado de la vergüenza y deseando estar en cualquier otro lugar, menos ahí. Pero al mirar hacia atrás pude observar a un chico con una sonrisa de oreja a oreja. Su cuerpo rebotaba sobre el asiento y tenía el puño alzado en alto. Todo su ser parecía decir a gritos: “¡Gracias, gracias. Sigue hablándoles. Hoy me has salvado la vida!”.
 
Bill Sanders