¿Dios en medio de la humanidad?
¿Dios que se hace hombre y viene a pasar unos años entre nosotros?
¿Crees tú eso?
Y si lo crees, ¿has medido la extensión de semejante acontecimiento?
¿Dios que se hace hombre y viene a pasar unos años entre nosotros?
¿Crees tú eso?
Y si lo crees, ¿has medido la extensión de semejante acontecimiento?
Un buen día te despiertas, empiezas a lavarte, a cepillarte los dientes y… de repente miras dentro de ti mismo, miras al espejo, miras tu mesa de trabajo, miras tu cama, miras tus cosas, enciendes la radio para oír las noticias y…
¡No es posible! ¿Dios viviendo lo que yo vivo?
¿Dios teniendo hambre, sed, cansancio, ira, alegría, tristezas, necesidades básicas como cualquier ser humano, y seguir siendo, no obstante, eterno, infinito, inmutable, omnipotente como lo fue siempre?
¡Bueno, tampoco es como tú te lo imaginas! Él era un poquito más elevado que tú en su forma de vivir. Era limitado por elección, mientras tú lo eres por naturaleza.
Pero es verdad que no se parecía en nada a un Dios, tal como se lo imagina la gente. Jesús no tenía casi nada de Dios, según la lógica de aquel tiempo. Y si ahondamos en la narración de su vida, tampoco cuadra con nuestra lógica.
El Dios que nosotros nos imaginamos no tiene, sencillamente, derecho a escapar de los conceptos que los sabios del mundo emitieron sobre él. ¿Cómo creer en un mozo que vino de Nazaret y, aunque fuera extraordinario, no tenía nada de lo que la gente suele imaginar de Dios? Si Jesús hubiera sido fiel al concepto tipificado que la gente suele tener de Dios, entonces…
¡Entonces sí que sería un chasco!
Un Dios que entra en la pasarela del mundo para ser ovacionado y aplaudido por sus creaturas, por su prestación perfectamente encajada en las expectativas de los pueblos… ¡sería un pelele!
¿Por qué no podría el omnipotente haber sido el mismo Jesucristo?
¿Por qué Jesucristo ha de ajustarse a los análisis de los agnósticos que caen siempre en el error de ponerse, sin que nadie se lo pida, como jueces de historiadores y psicólogos de la historia?
¿Por qué Jesucristo y no Buda?
¿Por qué no hubiera podido ser otro el esperado?
¿Y por qué habría de ser otro? ¿Por qué no él?
Y si viniera de otro, ¿qué debería hacer para que el mundo creyera?
¿Qué esquema debería seguir para que le aprobasen los entendidos y sabios, quienes, a veces, ni son capaces de arrancar el coche que les llevará a su gabinete de investigación?
¡Creer a un hombre que murió en cruz entre dos ladrones! ¿Te atreves?
¡Someterse a eso el Diso en quien tú crees!
El Dios que tienes por tuyo, ¿cabe en semejante esquema?
¿Y si fuera pura mentira esa historia de Jesús de Nazaret…?
¿Y si Jesús hubiera sido el mayor camelista de la historia?
Entonces quien hubiera tenido el valor de negarle sería “alguien”, pues habría liberado de un error fatídico a millones de personas.
Pero, ¿y si realmente Jesús fuera el Hijo de Dios?
Entonces, ¡sería el caso de imaginarse la responsabilidad del mundo cristiano que vino veinte siglos después de él! ¡Sería el caso de ponderar lo tremendo que debe ser el infierno donde han ido a parar los que hubieran podido ser profetas, pero prefirieron la comodidad del anonimato!
P. Zezinho
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