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19 mayo 2018

Para fijarnos en el evangelio del Domingo de Pentecostés

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• Jesús “exhaló su aliento sobre ellos” (22): esta expresión nos lleva a los orígenes, a aquello que Dios hizo por dar vida al hombre a quien modeló del polvo de la tierra (Gn 2,7). De estamanera el Evangelio nos dice que Cristo Resucitado, dándonos el Espíritu, es el Creador de la Humanidad Nueva.
• El don del Espíritu Santo es fruto de la resurrección de Jesús. Es el Resucitado quien lo da (19). Don del Espíritu y Resurrección de Jesús no se pueden separar. El Espíritu Santo nos ha sido dado para la nueva presencia de Dios entre nosotros (Jn 14,16-26; 15,26; 16,7-15).
• Es por el Espíritu Santo como Cristo – el único Cristo– vive en medio de nosotros y en cada uno de nosotros. Es por el Espíritu Santo que Cristo nos comunica su vida de resucitado.
• Es por el Espíritu Santo que podemos amar (alguien ha formulado que quien no ama no tiene el Espíritu Santo).

• Es por el Espíritu Santo que podemos “ver” (20) al Señor (Jn 3,3; 14,19; 20,24.29) –es “el ver” de la fe, el “ver”que llena de alegría (20)– y que podemos acoger sus presencias: en la Iglesia reunida (Mt 18,20), en la Escritura proclamada como Palabra viva (Rm 10,17), en los Sacramentos (1Co 11,24-25) y en la vida, en las personas – empezando por los más pobres– y los acontecimientos (Mt 25,40.45; Lc 12,54-13,5; 17,21).
• Es por el Espíritu Santo como podemos pasar a la acción y dar la vida por los demás como ha hecho Cristo (Jn 15,13), abiertos a la esperanza del Reino de Dios (Mc 4,26-29).
• En la celebración de la Eucaristía expresamos el reconocimiento de estas cuatro presencias del Señor: la primera,en la Reunión; la segunda, en la Palabra que se nos proclama; la tercera, en el Sacramento; y la cuarta, en el envío del final, que nos recuerda que Él está en la vida, fuera, cuando estamos en la familia o dispersos en medio del mundo y de la sociedad (en el centro de trabajo ode estudio o en la plaza o en las asociaciones…), durante toda la semana, hasta la reunión del domingo siguiente.
• El evangelista Juan habla de “discípulos”, no de apóstoles, (19) refiriéndose a quienes estaban reunidos en un mismo lugar: así acentúa la adhesión a Jesús, el seguimiento. La identidad del apóstol –enviado (21)–, por lo tanto, pasa por ser, primero, discípulo.
• No se es discípulo ni se es apóstol si no es en Iglesia: reunidos en un mismo lugar (19) y reunidos con Él, en su presencia.
• Es enviado –apóstol– aquel discípulo a quien el Resucitado envía, del mismo modo que Jesús era enviado por el Padre (21). Por tanto, el apóstol, nunca partede la propia iniciativa sino de la iniciativa de Otro.
• Siempre se refiere al proyecte de Otro: el proyecto de Dios que ha amado tanto al mundo que le quiere dar la vida (Jn 3,16) dándose a conocer (Jn 7,26).
• El apóstol –el militante cristiano– es la persona que da a conocer, con la palabra y la acción, a ese Dios que ha manifestado su amor y ha dado la vida en el hombre Jesús de Nazaret (Rm 1,5; 15,18).