20 enero 2018

La misa del Domingo 21 enero

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Domingo III Ordinario (B)
21 de enero de 2017
Este año litúrgico, en las eucaristías del domingo leeremos especialmente textos de San Marcos. Como sabéis, San Marcos fue el primero de entre los evangelistas que escribió un evangelio. Más adelante tanto San Mateo, como San Lucas o San Juan escribirán fijándose en el texto de San Marcos. Hay un único Evangelio y cuatro evangelistas. San Marcos subraya en su texto como ser discípulos de Jesús. Nosotros queremos ser discípulos de Jesús. Somos de Jesús.

Convertíos y creed en el Evangelio
San Marcos empieza su texto con estas palabras: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”. Estas palabras contienen el mensaje central del Evangelio: Ha llegado el tiempo de Dios, Dios está cerca, vuelve tu corazón hacia Él. Por eso, propone un camino para llegar a Dios: la conversión. La conversión es la puerta que abre a la fe y nos lleva a Jesús. Si miramos nuestra vida quizás tengamos que decir: “Llevo tantos años de vida cristiana y parece que estoy empezando”; “Señor todavía hay lugares en mí que necesitan de tu luz”.
La conversión es volver a Dios
Para los griegos la palabra conversión significaba cambiar de mentalidad, para los judíos dar la vuelta. En este sentido, podemos entender la conversión como un volver a Dios, dejar que su misericordia nos transforme, adherirnos a Jesús. Por su importancia, quiero destacar que la conversión no llega a consumarse hasta que el hombre se deja encontrar por el amor misericordioso de Dios. Misericordia y conversión van de la mano.
Pero, ¿depende la conversión de nuestra voluntad? La conversión no es algo que nosotros podamos hacer porque sobre todo es un don. Sabemos por experiencia que la conversión no vendrá porque nos empeñemos con ahínco en convertirnos sino porque nos dispongamos y quitemos en nosotros aquellos estorbos que no dejan al Señor llegar a nuestra vida. Nosotros podemos desear que se produzca en nosotros la conversión, disponernos, preparar las condiciones, pedir al Señor la conversión. “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
La conversión lleva hasta Jesús
San Marcos también dice que la conversión lleva a Jesús. Solo Jesús hace posible la conversión, hace ver que Dios está muy cerca de nuestra vida. Dentro de unos días celebraremos la fiesta de la conversión de San Pablo. Encontrarse con Jesús cambió la vida de Pablo. Pablo describe aquel momento de esta manera: “En el camino a Damasco fue alcanzado por Cristo”. Jesús estaba buscando a Pablo y busco la manera de entrar en su vida, pero Pablo tuvo el mérito de dejar que esto ocurriera. Pablo abrió esa puerta. La conversión, en este sentido, es aceptar en mi vida los criterios de Jesús, es dejar que Jesús entre en mi vida. Convertirse lleva a mirar como miraba Jesús, tratar a los demás como Él lo hacía, rezar como Jesús, hacer el bien como Él. Nosotros queremos seguir al Señor.
Koldo Gutiérrez, sdb