31 enero 2018

Domingo 4 febrero: Moniciones 1

MONICIÓN DE ENTRADA

Recibid la más cordial bienvenida al inicio de nuestra Eucaristía en el Domingo Quinto del Tiempo Ordinario. Hoy, según el Evangelio de San Maros vamos a ver como Jesús devuelve la salud, destruye el sufrimiento y no solo a unos pocos. Son muchedumbre. Esa capacidad de Jesús para curar le convierte en salvador de la enfermedad y, por ello, nadie voluntariamente debe desear la enfermedad. Pero sí debe esperar la curación. Jesús no curaba para demostrar su poder y convencer a la gente de su condición de Mesías, ni como argumento de peso para predicar la venida del Reino de Dios. Lo hacía por amor. Luchaba contra el sufrimiento. Luego, Él se encontró con un sufrimiento terrible: el martirio de la Cruz. Ahí estamos con Él. Pero no buscamos el dolor. No queremos el dolor fuera de Él o sin Él. Y es un tema interesante para meditar durante las horas tranquilas de este domingo




MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- El relato de Job, que escucharemos en la primera lectura, parece pesimista. Sin embargo puede ser la realidad de muchos. Hemos de tenerlo en cuenta, la enseñanza de Job es que se sincera con Dios aún en los momentos difíciles. Será una buena enseñanza para nosotros, hoy. Acudir a Dios en todo momento y en toda ocasión.

S.- La replica al aislamiento que el mal o la enfermedad puede producir en nosotros nos dará cumplida respuesta el Salmo 146: “Alabad al Señor que sana los corazones destrozados”. Dios vendrá en nuestro apoyo si estamos cerca de Él.

2.- San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, que es nuestra segunda lectura dice que es una necesidad ineludible para él predicar. ¿Y para quién no? La transmisión de la palabra de Dios no es una exclusiva de los curas, ni siquiera de los seglares comprometidos. Es labor de todos. Hemos de llevar el conocimiento de Cristo a nuestras casas, a nuestro trabajo e, incluso, al campo de fútbol o a la peluquería. No es broma, esto último. Todos tenemos el deber de dar a conocer la realidad de Cristo a quien no la sabe.

3.- San Marcos nos va a explicar, en el Evangelio, con la sencillez y profundidad de un pintor impresionista, como es una jornada de sábado de los primeros tiempos de la vida pública de Jesús. Come en casa de Pedro, tras la oración en la sinagoga. Quita la fiebre a la suegra del Apóstol. Luego se dedica, como todos sus días en la Tierra, a hacer el bien y a curar a los enfermos. A la jornada siguiente, muy de mañana, irá a hablar con su Padre. Y luego marchará a otros lugares a seguir haciendo el bien. Ese es su estilo. Nosotros no deberíamos olvidar nunca esa cotidianidad de Jesús dedicada a los hermanos.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Terminamos, como otras veces, con la oración que nos escribe –especial para este momento— el sacerdote navarro, don Javier Leoz.



¡AY DE MI, MI SEÑOR!

Si me siento seguro de mi mismo

si, lejos de caminar contigo, 

prefiero caminos y atajos que llevan al precipicio

Si creyéndome libre, soy esclavo del mundo

Si pensado ser feliz, en el fondo soy desdichado



¡AY DE MI, MI SEÑOR, SI NO HABLASE DE TI!

Cuánto perdería el mundo, por no conocerte

Y cuánto perdería yo… por no demostrarte

con palabras y obras

que es mi deber, antes de cerrar los ojos al mundo, 

llevarte como la mejor noticia 

a este mundo que grita no saber quién eres.

Amén.

Exhortación de despedida

Hemos de salir de la Eucaristía felices y con la idea clara que siempre Jesús está dispuesto a ayudarnos, a calmar nuestro dolor, a curar nuestras enfermedades. Si tenemos un poco de fe y la suficiente paciencia veremos que el bien llega y nos curaremos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario