Inicial.
El Señor nos ha reunidos de nuevo para celebrar la Eucaristía en el domingo, el Día del Señor. En ella, Jesús se hace presente en medio de la comunidad reunida, en la Palabra que escucharemos y en su Cuerpo y Sangre que comulgaremos.
Dios, como en la parábola del Evangelio, nos ha concedido a cada uno de nosotros unos talentos y cualidades, que hemos de hacer fructificar y que se multipliquen. Unos talentos que hemos de poner al servicio de nuestros hermanos para hacer posible que el Reino de Dios se haga realidad ya en la tierra. No hagamos mal uso de ellos.
Y en este domingo celebramos también la Jornada Mundial de los Pobres, que ha instituido el Papa Francisco y la Jornada Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes de Tráfico.
Primera Lectura.
Los sabios diseñaron la imagen de la que a su modo sería la esposa perfecta. Construye la casa con laboriosidad, la fundamenta en la justicia, la consolida en el amor de Dios y el prójimo tiene morada en ella.
Segunda Lectura.
Los cristianos de Tesalónica está preocupados por saber cuándo llegará el fin del mundo y cómo será. San Pablo les escribe para tranquilizarlos y exhortarlos a estar siempre preparados.
Evangelio.
Jesús en el Evangelio nos invita a no cruzarnos de brazos, sino a poner a trabajar los dones que hemos recibido. No podemos conformarnos con guardar como una reliquia lo que hemos recibido, hemos de hacerlo vida y ponerlo al servicio del reino de Dios.
Escuchamos el Evangelio puestos de pie.
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