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01 agosto 2017

Transfiguración del Señor: Moniciones


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MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a esta primera Eucaristía de agosto. Probablemente algunos de vosotros estaréis recién llegados. Así es el tiempo de vacaciones. Y señalar que la riqueza de la Palabra de Dios vuelve a sacudirnos este domingo como lo hizo con los Apóstoles que subieron al Monte Tabor. La fiesta de la Transfiguración es como una pausa dentro de la serie del Tiempo Ordinario. Y su coincidencia con el domingo da mayor brillantez a una fiesta que comenzó a celebrar la Iglesia nada menos que en el Siglo VI, cuando se hizo la dedicación de la primera basílica erigida en ese monte de Palestina. Participemos con toda nuestra alegría en la manifestación de la Gloria de Dios en el Señor Jesús. Hoy, la Transfiguración debe producirnos el mismo efecto que saborearon Pedro, Santiago y Juan: un convencimiento fehaciente de la divinidad de Jesús.




MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura sacada de la Profecía de Daniel ya describe la gloria visible de Dios. Es un anticipo literario --y de estilo-- del Libro del Apocalipsis. Y produce sensación de cercanía con lo trascendente de Dios, con la grandeza del Señor.

S.- Este salmo 96 es un Himno al Rey Dios, al monarca divino que guarda y ordena toda la Creación. Muestra las poderosas apariciones del Dios de todo, en el seno de la Tempestad, en la nube, en la tiniebla. Pero es, en definitiva, una acción de gracias de su pueblo hacia el Dios soberano.

2.- El San Pedro que escribía su Segunda Carta era ya mucho mayor que aquel que nos presenta el Evangelio de la Transfiguración. Y en la Carta él quiso dar testimonio claro de aquel extraordinario hecho. A Pedro dicho episodio le sirvió para saber sin dudas que Jesús era Dios. A nosotros nos tiene que llevar al mismo lugar.

3.- El Evangelio de San Marcos narra con brevedad y precisión la escena del Monte Tabor y la alegría indescriptible de Pedro por la Transfiguración. Quería quedar allí para siempre. Hemos escuchado ya su reflexión madura de aquel suceso tal como nos ha narrado su Carta. Nunca pudo olvidar la visión de un momento de la Gloria de Dios. Y eso es lo que pretendía Jesús con todos sus discípulos. Especialmente con Pedro, Santiago y Juan que le acompañaban.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Este poema de Domingo Ferrari es muy conocido en Latinoamérica. Nos parece muy adecuado para este momento.

LA TRANSFIGURACIÓN

Era el Señor un amigo en la marcha cotidiana. 

Era el Señor un maestro cuya palabra alumbraba los sucesos del camino. 

Y en la lucha me alentaba.



Era el Señor fortaleza a la hora del desmayo. 

Sufría con mis tristezas, iluminaba mis pasos. 

Su presencia era mi fuerza.

Y su amor cálido abrazo.



Y de tanto ser amigos y contar con su presencia 

olvidé Su ser divino y el milagro de Su esencia. 

Descuidé el culto debido. 

Y descuidé la obediencia.



Entonces me llevó al monte de la Transfiguración

Y contemplé, luminoso, la imagen de mi Señor. 

Y estaba con Elías su profeta, Moisés su legislador.



Y supe que el compañero de la vida cotidiana 

es el Dios solo y eterno 

por Quien todo se creara. 

El Hijo en quien Dios se hace Prójimo cada mañana.



Y comprendí en aquel monte 

que toda Su humanidad 

era porque quiso, pobre, entre los pobres andar. 

Y ser Él la buena nueva de perdón y santidad.



Y que el culto es ese monte 

si sabemos escuchar al leer la profecía, 

y la ley, Voz celestial diciéndonos que es el Hijo

quien cumple Su voluntad.



Y si al bajar de ese monte del culto dominical 

Su santo poder se esconde 

en el diario caminar, le toca a todo creyente

Su encarnación proclamar.

Exhortación de Despedida

Hemos de tener en cuenta –y hoy más que nunca— que Jesús siempre se nos muestra luminoso y claro. Con una luz que nos sirve para reflejarla, con nuestro trabajo, en los demás, en los que más nos necesitan. Esa es nuestra transfiguración.