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25 julio 2017

Domingo 30 julio: Liturgia 2

Resultado de imagen de san Mateo 13, 44-52
DOMINGO 30 DE JULIO DE 2017
DOMINGO 17° DEL TIEMPO ORDINARIO
 
PREPARACIÓN: 
Antes de la salida del celebrante
 
La fe que cada domingo celebramos alrededor de la mesa de la Cena del Señor, como en este décimo séptimo del tiempo ordinario, no es para ser vivida individualmente ni al margen de la vida de los hombres. Creer en la fuerza liberadora del amor de Jesucristo, nos ha de llevar a proclamar el Evangelio por todo el mundo, con sencillez y entrega total.

AMBIENTACIÓN: 
Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial
 
El Señor hoy nos llama a descubrir su Reino: la vida futura, vida de plenitud y eterna felicidad para los que vivan aquí, como verdaderos hijos de Dios, en su gracia. Y descubrir esta verdad de fe, es descubrir el mayor tesoro; y es por eso que quienes creemos que la hora de la muerte es el comienzo de la verdadera vida, tratamos de vivir aquí y ahora, de acuerdo con esa realidad trascendente.

 
1ª. LECTURA:  (1 Re 3, 5-6a.7-12)     (Ver texto)
 
En este relato vemos que el rey Salomón no pide a Dios bienes personales, sino sabiduría para poder discernir lo bueno de lo malo, y esto debe ser una real enseñanza para todos nosotros.
 
SALMO RESP.:      (118, 57. 72. 76-77. 127-130)    (Ver texto)
 
                    R.   ¡Cuánto amo tu ley, Señor!
 
2ª. LECTURA:     (Rm 8, 28-30)     (Ver texto)

La palabra del Apóstol nos manifiesta que Dios nos ha llamado personalmente a cada uno de nosotros para hacernos conformes a la imagen de su Hijo, esto es, hacernos participar en su propia vida, y por consiguiente, darnos la gloria.

EVANGELIO:    (Mt 13, 44-52)    (Ver texto)
 
Hoy Jesús en el Evangelio nos muestra que la aceptación del Reino de Dios, como meta del vivir humano, nos impone nuevos valores y criterios para toda nuestra vida.
 
ORACIÓN DE LOS FIELES:
 
CELEBRANTE:
 
Unidos en una misma fe, impulsados por el único Espíritu, atentos a las inquietudes y necesidades nuestras y de todos los hombres, dirijamos ahora nuestra plegaria al Padre.
 
GUÍA:  A cada una de las peticiones responderemos orando:
 
"SEÑOR, DANOS TU FORTALEZA"
 
v Señor, para que por la abundante enseñanza de la Santa Iglesia y del Santo Padre Francisco, descubramos que, por el desprendimiento de todo podremos adquirir la verdadera perla, que es tu Reino, te pedimos...

v Señor, para que junto a nuestro Obispo y todos nuestros sacerdotes, vayamos en busca del gran tesoro que es Cristo en la Eucaristía, en la oración, en el sacramento de la penitencia, en la caridad con los demás, te pedimos...

v Señor, para que en nuestra patria,  todos los que la habitamos volvamos a hacer de Dios el centro de nuestras vidas, y buscando una auténtica justicia, construyamos una verdadera patria de hermanos, te pedimos...

v Señor, para que hagamos realidad la opción preferencial de la Iglesia por los pobres y los marginados, asumiendo el compromiso por la justicia y por la paz de un mundo marcado por los conflictos y las intolerables desigualdades sociales y económicas, te pedimos...

v Señor, para que toda nuestra comunidad, pensando qué bienes nos están impidiendo encontrar ese tesoro escondido que nos habla el Evangelio, busquemos por sobre todas las cosas, tu Reino, la felicidad de la Patria definitiva del Cielo, te pedimos...

CELEBRANTE:

Padre bueno, tú sabes que nuestra plegaria es pobre y que nos cuesta expresar nuestros anhelos. Mira pues el deseo que tenemos de vivir como hijos tuyos y guíanos a nosotros ya todos los hombres hacia tu Reino. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
 
PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:
 
Este es el momento en que debemos ofrecernos nosotros mismos al Padre, con una real y sincera disposición a buscar, por sobre todas las cosas, su Reino.
 
Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea
 
DIÁLOGO DEL PREFACIO:
Al iniciarse el Prefacio (antes de "El Señor esté con vosotros")

Unidos en una misma fe, en un mismo Espíritu, demos gracias a Dios por Jesucristo, ya que con Él se derramó sobre todos los hombres, la gracia de la salvación.

COMUNIÓN:

El Evangelio nos ha hablado claramente del Reino de los Cielos y del fin del mundo; la Comunión en la que vamos a participar, nos repartirá a Cristo, fermento de nuestra vida nueva, de la vida eterna.
 
COMUNIÓN ESPIRITUAL:
Al término de la distribución de la comunión.
 
Hermanos:
Todos aquellos que no han podido acercarse a recibir a Jesús Sacramentado, pueden hacer la Comunión Espiritual rezando la siguiente oración:
 
Creo Señor mío que estás realmente presente
en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo
ardientemente recibirte dentro de mi alma;
pero, no pudiendo hacerlo  ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si te hubiese recibido, me abrazo
y me uno todo a Ti;
Oh Señor, no permitas que me separe de Ti.
Amén.
 
DESPEDIDA:
 
Al recitar el Credo manifestamos nuestra fe en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro, pero, en nuestra vida diaria, no siempre vivimos conforme a esto, ya que nuestras actitudes no coinciden con lo que proclamamos; esta celebración debe significarnos un profundo cambio.