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22 marzo 2017

IV Domingo Cuaresma: Moniciones 2


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MONICIÓN DE ENTRADA

Sed hermanas y hermanos bienvenidos a  la Eucaristía de este Cuarto Domingo de Cuaresma. Siempre, durante muchos siglos, se ha llamado a este domingo, el de la alegría, el domingo “laetare” que significa “alegraos”, tal como dice la antífona de entrada con la que el sacerdote inicia esta celebración. Pero es también el domingo de la Luz. Cristo nos permite ver. Cura nuestra ceguera y nos muestra la belleza del mundo que nos rodea. Jesús es luz y camino. Verdad y vida. Y para verle hay que convertirse, hacerse humilde ante quien siendo Dios se humilló para enseñarnos a vivir. La Cuaresma avanza y el próximo domingo –el quinto— ya será el último. Al siguiente comienza la Semana Santa. Seguimos, pues, subiendo la Cuaresma, camino de la Cruz y de la Resurrección. Pero iniciemos nuestra eucaristía con la máxima alegría. Alegrémonos como nos pide el Apóstol




MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura, del Libro Primero de Samuel, nos cuenta como David es ungido Rey de Israel por Samuel. Es una búsqueda minuciosa y el relato nos da muchos detalles. Es la búsqueda del bien. Luego, en el Evangelio veremos como esa minuciosidad se va a convertir en persecución.

S.- El salmo 22 es uno de los más bellos del salterio. El salmista confía en la fuerza y en la ternura de Dios que le invita y le agasaja como si de un alto dignatario de tratase. La Iglesia ha visto en el agua, en el pan y en el vino que se mencionan por el salmista como símbolos de los sacramentos de iniciación cristiana.

2.- Estamos en el domingo de la luz. San Pablo en su carta a los fieles de Éfeso, también invoca la luz de Cristo y nos pide que caminemos como hijos de la Luz.

3.- El Evangelio de hoy, del capítulo noveno de San Juan, nos narra con todo detalle, la persecución religiosa que sufre un ciego a quien Jesús de Nazaret ha devuelto la vista. Los fariseos quieren que el ciego que ya ve acuse a Jesús de pecador. Y el ciego se convierte en juez contra sus acusadores. Ya, como un libre de pecado y enfermedad, el hombre que ha recuperado la vista reconocerá a Jesús como Mesías, como Señor de la luz y de la libertad.

MONICIÓN

Una semana más el padre Leoz ha compuesto para este momento tan especial otra preciosa oración. Escuchémosla con especial atención.



QUIERO VER, SEÑOR, PERO CONTIGO

Que,  en el horizonte, sepa descubrirte como lo más importante

Que  no me falle, hoy ni nunca, el telescopio de la fe

Ese  telescopio que sabe llegar donde el ojo humano no alcanza

Esa  fe que es lente perfecta para sentirte y vivirte

y  para reconocerte como lo que eres: ¡El Señor!

Ayúdame,  Señor, a creer en Ti, a esperar en Ti

sin  condiciones, pruebas ni exigencias.

Ayúdame,  Señor, a verte por encima de toda apariencia

más  allá de aquello que, mi ceguera espiritual,

me  invita a engañarme diciéndome que no existes.

Amén.

Exhortación de despedida

Salgamos alegres del templo, más que otras veces, si se quiere.. Hemos celebrado el domingo de la alegría y de la luz. Jesús nos marca un camino luminoso basado en el amor a Dios sobre todas las cosas y que ese amor se refleje en nuestros hermanos. Ellos necesitan de nosotros.