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15 marzo 2017

III Domingo Cuaresma: ¿A QUÉ FUENTES ACUDES PARA SACIAR TU SED?

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“Cuando no se soporta la sed, nuestra mente inventa espejismos, o somos capaces de beber aguas putrefactas. Pozos que abren abismos y que dan más sed que sacian”. Domingos anteriores nos hemos preguntado por nuestra “opción de vida” que, en de nitiva, busca la felicidad, la conquista definitiva de la estabilidad, aunque sabemos que la “subida” al monte y la “bajada” llevan consigo esfuerzo y trabajo. No hay amor sin dolor. Pero sin recursos no podemos seguir alimentando esa opción que, en de nitiva, es un camino, un proceso, un éxodo por un desierto. Se necesita agua para sobrevivir. El agua de la roca (1ª lectura). Y cada uno debe buscar su propia “dieta” para avanzar en el camino. Hay muchas aguas, hay muchas “dietas”, y muchas de ellas engañosas y fraudulentas, como las que se nos publicitan en la televisión. Lo más seguro es acudir al médico dietista, que nos conoce, nos proporciona la “dieta” que nos corresponde y nos acompaña en el proceso. Cada uno necesitamos el agua y los alimentos adecuados para llevar a cabo la opción y el proyecto de nuestra vida.
La Palabra de Dios nos interpela:
«Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba » (Jn 7,37b) Papa Francisco:

«En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza». En todo caso, allí estamos llamados a ser personas-cántaros para dar de beber a los demás. A veces el cántaro se convierte en una pesada cruz, pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos entregó como fuente de agua viva» (Evangelii Gaudium, 86)
«No es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo» (Evangelii Gaudium 266).
PARA PENSAR
La samaritana anda despistada. Busca el agua que corresponde al despiste mismo de su vida. Es “la que toca” para poder seguir viviendo la misma vida de siempre, la que le ha correspondido en la vida sin haberlo elegido. ¡Y van cinco maridos! Jesús despierta en ella el ansia de otra vida, de otro proyecto, de otra opción. Y el alimento que, si lo desea, le corresponde, es otro diferente. Agua viva que calma la sed y ayuda de verdad a caminar por el sendero verdadero de la vida. Podemos haber hecho una determinada opción o proyecto de vida perfectamente acorde con lo que Dios está queriendo de ti. Pero ahora, ¿cuál es el agua, el alimento que necesitas para ello?
• ¿Cómo “alimentas” la opción o el proyecto de vida que has hecho?
• ¿Dónde te apoyas, qué ayuda buscas, a qué o a quién acudes, con quien cuentas?• ¿Qué “alimentos” estás echando en falta?
• ¿En qué sentido es Jesús, para ti, el “agua viva” que sacia tu sed?