07 marzo 2017

II Domingo de Cuaresma: Moniciones de entrada

Resultado de imagen de II Domingo Cuaresma ciclo A: este es mi hijo amado, escuchadlo
(A)
Estamos reunidos para celebrar la Eucaristía en este segundo domingo de Cuaresma.

Jesús, fue capaz de superar y de transformar la frágil realidad de nuestra condición humana.
Porque luchó y venció, hoy le vemos lleno de gloria, como el Hijo de Dios, el amado del Padre, a quien debemos escuchar y seguir.
Jesús fue como el grano de trigo que cae en la tierra y da fruto abundante.
La Transfiguración de Jesús es una invitación, no sólo a la esperanza, sino a una existencia consagrada a dar fruto, a hacer posible la transformación del hombre y de las estructuras humanas.

(B)
La historia de la salvación comienza con un hombre: Abrahán, escogido y llamado por Dios, para ser padre y jefe espiritual de un gran pueblo.

Y Abrahán, fiado en la palabra del Señor, no duda, ni pide explicaciones o garantías. Se fía de Dios y basta.
Por eso, Abrahán será reconocido como el “padre de los creyentes”.
Nosotros, también necesitamos fiarnos de la Palabra de Dios y esperar en Dios contra toda esperanza, sobre todo en los momentos y situaciones difíciles de la vida.
Nuestro Dios, como el de Abrahán, es también el Dios de la promesa y de la esperanza.

(C)
El relato evangélico que vamos a escuchar hoy, nos recuerda aquella voz que conmovió a los discípulos y que debería resonar también hoy en el corazón de esta profunda crisis que vive la humanidad: «este es mi Hijo amado. Escuchadlo».

Encontrarse con Jesús es descubrir, por fin, a alguien que dice la verdad, que no engaña, que no miente, que no promete lo que no puede dar, que no traiciona, que te comprende y te perdona todo. Alguien que sabe por qué vivir, ofreciendo respuestas a las preguntas fundamentales de la vida y, la esperanza para morir.
Al celebrar la Eucaristía vamos a prestar atención al mensaje que hoy nos trae Jesús

(D)
Bienvenidos a celebrar la Eucaristía del segundo domingo de cuaresma.

Escuchar a Jesús es una característica esencial del cristiano. Hoy nos propone vivir con Él la experiencia del monte Tabor, dónde Dios nos invita a escuchar a su Hijo predilecto.
Dispongámonos a celebrar esta Eucaristía como una experiencia profunda de podernos encontrar con el Señor y escucharle.