¡Bienvenidos a la Parroquia de la Inmaculada. Recursos, dinámicas... Noticias sobre la Parroquia... Avisos parroquiales... Todo para la Liturgia del Domingo... ¡¡Busca tu grupo!! ¡Acércate e informáte!!

¡¡Avisos importantes!!

15 febrero 2017

El paquete de galletas

Resultado de imagen de galletas
A una estación de trenes llega una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren viene retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación. Un poco fastidiada no le queda más que esperar. Va al puesto de diarios y compra una revista, un paquete de galletas y un refresco. Preparada así para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén.
Mientras hojea la revista, un joven de color se sienta a su lado y sin decir una palabra, estira la mano, toma el paquete de galletas, lo abre y después de sacar una, lo deja sobre la banca y comienza a comerse la galleta despreocupadamente.

La mujer está indignada. No quiere ser grosera, pero tampoco hacer como si nada hubiera pasado; así que, con gesto ampuloso, toma del paquete otra galleta que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente. Por toda respuesta, el joven sonríe y… toma otra galleta! La señora, con ostensibles señales de fastidio, toma otra y se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.
Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita.
-No podrá ser tan caradura” -piensa, y se queda esperando mirando alternativamente al joven y a la galleta.
Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la galleta y, con mucha suavidad, la parte. Con su sonrisa más amorosa le ofrece la mitad a la señora.
– ¡Gracias! – dice ella tomando con rudeza la media galleta.
– De nada – contesta el joven sonriendo angelical mientras se come su mitad.
El tren llega. Furiosa, la señora se levanta toma sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: “Insolente”. Siente la boca reseca por la ira. Abre su bolso para sacar la lata del refresco y se sorprende al encontrar, bien cenado, su paquete de galletas… Intacto!
Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba. Había olvidado que sus galletas estaban dentro de su bolso y se había comido las del joven.