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01 febrero 2017

Domingo 5 febrero: NUESTRA MISIÓN DE DISCÍPULOS MISIONEROS - PONER SABOR A LA VIDA EL LAICADO

La llamada a ser sal y luz se dirige directamente a los discípulos, que viven ya el estilo de vida que implican las bienaventuranzas. Pero ese estilo de vida no es para vivirlas uno mismo, sino para salir al mundo y ser, en él, sal y luz. Dar sabor al mundo. El discurso directo da un énfasis especial: es toda la comunidad la llamada a ser sal y luz en medio del mundo. Toda la comunidad queda implicada en este dar sabor a la vida, pero especialmente aquellas personas que viven en el tejido interno de la sociedad: los laicos. Así lo expresa el Concilio Vaticano II, en el capítulo dedicado a los laicos dentro de la Consti- tución Lumen Gentium (nn. 31-36):
31. «El carácter secular es propio y peculiar de los laicos…. A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándo- los según Dios. Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las que su existencia está como entretejida. Allí están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente median- te el testimonio de su vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que están estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor».

33. «Los laicos están especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que sólo puede llegar a ser sal de la tierra a través de ellos»
GESTO
Aparte de las alusiones al laicado que puedan darse en la homilía y en otros lugares de la celebración eucarística, podría ser el momento del RITO DEL ENVÍO el lugar propio donde se ayude a la comunidad cristiana reunida en asamblea a tomar conciencia de su condición de “laicado”, con las características que especifica el Concilio Vaticano II.
Monición:
Hermanos, todos nosotros bautizados, hemos sido llamados, como laicos, dentro de la Iglesia, a una misión específica, la de ser sal y luz en la misma realidad de la sociedad, en la familia, en el trabajo y la profesión, en el entramado social y cultural, en la transformación de las estructuras. Al concluir, pues, la Eucaristía, el Señor os envía a todos vosotros, como laicos y laicas, a poner sabor a la vida y a iluminar la sociedad con vuestro testimonio cristiano. Os invito a declararlo así, antes de despedirnos con el envío del Señor. Id, pues, a ser instrumento de su paz en el mundo
Lector/a 1:
Cada no de los bautizados, cualquiera que sea vuestra función en la Iglesia y el grado de ilustración de vuestra fe, sois un agente evangelizador. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados1, en la predicación informal, en la conversación2, de manera directa o desde el testimonio personal, o mediante el relato o un simple gesto o de la forma que el mismo Espíritu Santo pueda suscitar en una circunstancia concreta3.
TODOS:
ESTA ES NUESTRA VOCACIÓN COMO LAICOS EN EL SENO DEL PUEBLO DE DIOS
Lector/a 2:
Porque los laicos sois la inmensa mayoría del Pueblo de Dios4 y, como laicos, debéis perder el temor a ser invitados a determinadas tareas apostólicas por miedo a quitaros vuestro tiempo libre. Porque hoy se ha vuelto muy difícil, por ejemplo, conseguir catequistas capacitados para las parroquias y que per- severen en la tarea durante varios años5.
TODOS:
ESTA ES NUESTRA VOCACIÓN COMO LAICOS EN EL SENO DEL PUEBLO DE DIOS
Lector/a 1:
Sin embargo, estáis llamados a un compromiso no solamente eclesial, sino a lograr la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico, sin limitaros a las tareas intraeclesiales, un compromiso real por la aplicación del evangelio a la transformación de la sociedad6.
TODOS:
ESTA ES NUESTRA VOCACIÓN COMO LAICOS EN EL SENO DEL PUEBLO DE DIOS
Lector 2:
Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres7. Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica8. En este marco se comprende el pedido de Jesús a sus discípulos: «Dadles vosotros de comer!» (Mc 6, 37), lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos9. (188)
TODOS:
ESTA ES NUESTRA VOCACIÓN COMO LAICOS EN EL SENO DEL PUEBLO DE DIOS
CELEBRANTE: ¡Podéis ir en paz!
Al acabar, explicándolo, se pueden repartir bolsitas llenas de sal como memoria del mensaje de este domingo.