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01 febrero 2017

Domingo 5 febrero: Liturgia 2


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PREPARACIÓN: 
Antes de la salida del celebrante

Nos encontramos aquí reunidos, en este domingo quinto del tiempo durante el año, para la celebración de la Eucaristía, en la que Cristo se hace luz, fuerza, testigo del verdadero amor, entrega de Dios a los hombres, para que vivamos una vida nueva: la del Señor.

AMBIENTACIÓN: 
Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

El Señor hoy nos manifiesta que, tal como Cristo es la luz que ilumina a las naciones, así todos los que quieres ser sus discípulos deben ser también luz. iluminando en medio de las tinieblas de este mundo. Hoy el Señor nos exhorta a cada uno de nosotros a que seamos verdaderos discípulos suyos, sus apóstoles, sal de la tierra y luz del mundo, y a que demos testimonio de tales, con nuestras vidas, con nuestras obras.

1ª. LECTURA:  (Is 58, 7-10)     (Ver texto)

El Profeta nos habla de la luz, que va unida con la caridad con los demás, que es la actitud indispensable para quien quiera ser verdaderamente luz.

SALMO RESP.:      (111, 4-9)    (Ver texto)

                    R.   Para los buenos brilla una luz en las tinieblas.


2ª. LECTURA:     (1 Co 21-5)     (Ver texto)

El Apóstol nos manifiesta que si somos luz del mundo, tenemos que hacer que brille el objeto central de nuestra fe: Cristo crucificado.

EVANGELIO:    (Mt 5, 13-16)    (Ver texto)

Jesús nos manifiesta ahora, en su Evangelio, el cómo debemos comportarnos si queremos ser verdaderamente discípulos suyos.

ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE:

Dirijamos ahora. a nuestro Padre del Cielo, nuestra súplica confiada, pidiendo por las necesidades de la Iglesia y la de todos los hombres, nuestros hermanos.

GUÍA:  A cada una de las peticiones responderemos orando:

"SEÑOR, ESCÚCHANOS Y HAZNOS LUZ DEL MUNDO"

v Por la Santa Iglesia, el Papa Francisco, para que hoy más que nunca, sea instrumento de concordia, de unión y signo de salvación para todos los pueblos, oremos...

v Por nuestro Obispo y todos nuestros sacerdotes, para que sean siempre fieles y celosos dispensadores de los misterios de Reino, oremos...

v Por la paz del mundo, para que cesen definitivamente todos los derramamientos de sangre y todos los hombres alcancen una verdadera y auténtica libertad, tanto en sus cuerpos como en sus espíritus, oremos...

v Por nuestra patria, para que cada uno asuma, rechazando todo egoísmo personal y sectorial, su papel de constructor de una verdadera patria de hermanos, oremos...

v Por nuestra comunidad, para que viviendo íntimamente unidos a Jesucristo, demos testimonio con nuestras obras y con nuestras vidas, de la llegada de su Reino, oremos...

CELEBRANTE:

Dios y Padre nuestro, tu Hijo nos ha dicho "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la vida"; concédenos, junto con estas súplicas, la sabiduría necesaria para seguirlo siempre, en medio de las tinieblas de este mundo. Te lo pedimos por Él, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos..

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

Pongamos sobre la mesa del altar, todo lo que somos y todo lo que tenemos; lo malo que hay en nosotros para que el Señor lo transforme y lo poco bueno que tenemos para que Él lo consagre.

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

DIÁLOGO DEL PREFACIO:
Al iniciarse el Prefacio (antes de "El Señor esté con vosotros")

Iniciamos ahora la gran oración de acción de gracias al Padre. Y hoy especialmente demos gracias porque Cristo se hace para nosotros luz y fuerza, entrega y realización de amor.

COMUNIÓN:

Hemos visto la luz del Señor y la vamos a llevar a todo el mundo; para esta misión Él nos ha dejado el pan y el vino, su Cuerpo y Sangre, para caminar el difícil camino de la vida y ser luz y antorcha para todos.

COMUNIÓN ESPIRITUAL:
Al término de la distribución de la comunión.

Hermanos:
Todos aquellos que no han podido acercarse a recibir a Jesús Sacramentado, pueden hacer la Comunión Espiritual rezando la siguiente oración:

Creo Señor mío que estás realmente presente
en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo
ardientemente recibirte dentro de mi alma;
pero, no pudiendo hacerlo  ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si te hubiese recibido, me abrazo
y me uno todo a Ti;
Oh Señor, no permitas que me separe de Ti.
Amén.

DESPEDIDA:


Que como cristianos seamos antídoto que levante en la esperanza aquellos lugares donde nos desenvolvemos. Con Cristo y por Cristo hemos de hacerlo. En ello va nuestra salvación.