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09 febrero 2017

Domingo 12 febrero: PONER HUMANIDAD A LA VIDA - EL VOLUNTARIADO

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Está en juego el concepto “justicia”. No hablamos de la justicia humana, sino una “justicia” que expresa el vivir conforme a la voluntad de Dios, identificar la propia vida con lo que Dios quiere. En cierto modo, se trata de cumplir “la ley”, pero no al modo de los fariseos, ateniéndose únicamente a la letra. Se trata de ir “más allá” del mero cumplimiento, sobreabundando lo estipulado desde una “ética de máximos” que sobrepasa lo estrictamente legal.
La comunidad cristiana vive el servicio de la caridad, de un modo directo, por medio del “voluntariado”, que atiende a las relaciones humanas con las personas más necesitadas. Voluntariado es Caritas, como lo es la visita a los enfermos o la pertenencia a una ONG. Ninguna de estas cosas es mero cumplimiento “profesional”. El papa Benedicto XVI aludía a ello cuando hablaba de la institución del “diaconado” en la Iglesia: «Este grupo tampoco debía limitarse a un servicio meramente técnico de distribución: debían ser hombres “llenos de Espíritu y de sabiduría”.. El servicio social que desempeñaban… era un verdadero oficio espiritual…» (Dios es amor, no 20).

La “justicia” como tal atañe en primer lugar al Estado, pero no puede absorberlo todo. No basta la burocracia. «El amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo» (Dios es amor, nº 28).
El voluntariado –eclesial o no- no puede reducirse a un cumplimiento de lo legalmente establecido –la exigible justicia a favor de la dignidad de la persona- sino que debe ir “más allá”, en la línea de una justicia “mayor que la de los fariseos”. Es la ley de la “cercanía”, por la que tantas veces apuesta en papa Francisco.
GESTO
Este domingo es el día de la Campaña de Manos unidas contra el hambre: “El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida» es el lema de este año. Esta “gente comprometida” es, preci- samente, el “voluntariado” de la comunidad, que vive la caridad más allá de la mera legalidad, y se abre a las vías a un tiempo del amor tierno, respetado y cercano, y a las vías de la denuncia y la transformación de las estructuras injustas. El rito del OFERTORIO puede ser el momento más apropiado para presentar el Cartel de Manos Unidas y, al mismo tiempo, presentar un “decálogo” del voluntariado cristiano.
Monición:
En este día en que celebramos el día de la Campaña contra el hambre, de Manos Unidas, presentamos ante el Señor, junto con el pan y el vino, nuestro deseo de corresponder al lema de la Campaña: “El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida». Y presentamos ante el altar, igualmente, el trabajo de todos los voluntarios de la comunidad, presentes en diversos ámbitos de la llamada “acción caritativa” (pueden enumerarse los servicios que haya en la parroquia, en la comunidad, etc.).
Pero no todo voluntariado cristiano lo es cabalmente. Por ello, junto con su memoria y acogida, queremos recordar el “decálogo” que, de uno u otro modo, define nuestro “voluntariado cristiano”.
El decálogo puede ser leído por una o varias personas pertenecientes a diversos grupos y actividades de voluntariado.
DECÁLOGO DEL VOLUNTARIADO CRISTIANO
  1. EL VOLUNTARIO CRISTIANO nace de una exigencia de su propia fe
  2. No se avergüenza de su fe ante los demás. Pone su confianza en Dios en medio de sus debilidades y cansancios
  3. Se compromete de forma desinteresada y gratuita a poner sus capacidades y su tiempo libre preferentemente al servicio de los más pobres.
  4. Sabe que la buena intención no basta, sino que debe tener calidad humana y buena formación.
  5. No busca sobresalir y brillar sino servir y está dispuesto a soportar las dificultades sin echarse atrás
  6. Tiene en cuenta que su acción, junto a la asistencia, va encaminada a la promoción humana. Sabe acoger a las personas con respeto a su libertad individual y despierta en ellas la capacidad de ayudarse a sí mismas.
  7. Sabe que el voluntariado es un ejercicio de ciudadanía que se responsabiliza de los asuntos que afectan a todos. Es, por tanto, una persona sensibilizada con lo social, que vive la caridad como algo inseparable de la justicia y la lucha de los derechos humanos y que se siente comprometido para luchar por una sociedad más justa y solidaria. Sufre con el que sufre, pero ha de buscar las causas que provocan ese sufrimiento, sin eximir de responsabilidad a nadie.
  8. Sabe que, en su labor, el amor, la cercanía, la ternura y el calor humano han de prevalecer siempre por encima de los papeles, la burocracia.
  9. Intenta poner un amor concreto y paciente en todo lo que hace ante las actitudes o comportamientos de los asistidos. El voluntario vive su tarea con alegría.
  10. Sabe que no tiene sentido si sólo acoge al otro, sino que también busca el crecimiento de ambos. Por eso descubre que aprende y crece junto a las personas que acoge y atiende.