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14 enero 2017

Llamados a dar un rostro nuevo a las obras de misericordia

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¿Cómo concretar la propuesta de la celebración del “Domingo de los Pobres” que el Papa ha promovido para el penúltimo domingo del año litúrgico?
Dice el Papa que hay que dar paso a nuevas iniciativas para acercar la misericordia a todos. Hay mucho sufrimiento a nuestro alrededor y es aún mayor el que no vemos. La práctica de las obras de misericordia, corporales y espirituales, con nueva imaginación y renovada generosidad sería un testimonio creíble de los frutos del Jubileo. Dice el Papa: «estamos llamados a darle un rostro nuevo a las obras de misericordia que conocemos de siempre. En efecto, la misericordia se excede; siempre va más allá, es fecunda. Es como la levadura que hace fermentar la masa (cf. Mt 13, 33) y como un granito de mostaza que se convierte en un árbol (cf. Lc 13, 19)».

Como un padre, el Papa piensa especialmente en los niños y niñas que sufren violencias de todo tipo, violencias que les roban la alegría de la vida «sus rostros tristes y desorientados están impresos en mi mente; piden que les ayudemos a liberarse de las esclavitudes del mundo contemporáneo.
Estos niños son los jóvenes del mañana; ¿cómo los estamos preparando para vivir con dignidad y responsabilidad? ¿Con qué esperanza pueden afrontar su presente y su futuro?».
El tiempo de la misericordia
Como dice el Papa: «Estamos llamados a hacer que crezca una cultura de la misericordia», que se va plasmando con la oración asidua y la cercanía a quienes nos necesitan. ¡Este es el tiempo de la misericordia! Ella, nos impulsa, como dice Francisco, «a ponernos manos a la obra para restituir la dignidad a millones de personas que son nuestros hermanos y hermanas, llamados a construir con nosotros una ciudad fiable».
Para tomar más conciencia de esta realidad, el Papa ha decidido celebrar una jornada especial dedicada a los más pobres, coincidiendo con el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario.
Y señala el sentido de esta celebración: «Será una Jornada que ayudará a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y sobre el hecho de
que, mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa (cf. Lc 16, 19-21), no podrá haber justicia ni paz social. Esta Jornada constituirá también una genuina forma de nueva evangelización (cf. Mt 11, 5), con la que se renueve el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia».
Terminamos nuestra reflexión, uniendo nuestro deseo al anhelo del papa Francisco: «¡Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros!».
Alfredo Crespo Hidalgo