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17 enero 2017

Domingo 22 de enero: Homilías varias


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1.- VOCACIÓN Y MISIÓN

Por José María Martín OSA

1.- El anuncio a los alejados. Jesús comienza su predicación en la "Galilea de los gentiles", al otro lado del Jordán. Es en el Norte, en el territorio de Neptalí y Zabulón, tribus habitadas por gentes consideradas por los judíos como paganos debido a la "contaminación" con otras religiones e ideas, que desde el siglo VIII antes de Cristo habían sufrido con la invasión de los asirios. Muchos fueron deportados a las ciudades de Asiría y volvieron transformados, allí también se instalaron extranjeros que traían consigo otras vivencias religiosas. El evangelista recoge las palabras del profeta Isaías, al señalar esta tierra como llena de tinieblas y de sombra. Pero una luz grande va a brillar sobre ellos. Allí aparece Jesucristo, luz que ilumina la oscuridad y que elimina las tinieblas. Jesús prefiere empezar su ministerio público precisamente en territorio semipagano. Cafarnaún, junto al lago, será su pueblo y de allí saldrán sus primeros discípulos unos pobres pescadores. El lugar y las personas elegidas desconciertan, pero son un signo de lo que significa el anuncio de la Buena Noticia, que va dirigido en primer lugar a los pobres, a los sencillos y los a los considerados ateos.


2.- Lo primero que predica Jesús es la conversión. Juan Bautista utilizaba unas palabras duras, exigiendo el cambio radical para evitar el castigo. Jesús pide la conversión, “porque está cerca el Reino de los cielos”. Es una cercanía no sólo temporal, sino, sobre todo, cercanía personal: el Reino de Dios está dentro de nosotros. Es la proximidad del Reino lo que anima a la conversión. Jesús ofrece el perdón y, sobre todo, la rehabilitación de la persona llenándola de Dios. Jesús acompaña la palabra con signos liberadores: cura las enfermedades y dolencias del pueblo. En El la palabra y el signo van unidos. Cuando anuncia la liberación, libera; cuando proclama el perdón, perdona; cuando habla con el enfermo, cura; cuando toca a leproso, le purifica…

3.- “Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres”. La vocación es la respuesta a una llamada que el hombre recibe de parte de Dios. Quien toma la iniciativa es el que llama, el Señor. Muchos seguían a Jesús de forma interesada: porque hacía milagros, porque pensaban que les iba a ofrecer poder u otros beneficios. Jesús, en cambio, busca hombres que se dejen seducir por su palabra y su fuego, que se apasionen con sus proyectos y su estilo de vida. Hay dificultades que hacen, a veces, difícil el seguimiento de Jesús. La primera es la radicalidad, la entrega total que El propone: hay que estar dispuesto a dejarlo todo para seguirle. Así lo hicieron aquellos pescadores que, dejando las redes, la barca y hasta a su padre –los hijos de Zebedeo-, lo siguieron. Comprobarán después la segunda dificultad, pues el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza: los medios con que cuentan para proclamar el Evangelio son mínimos, lo único que les servirá será su testimonio personal. Pero la dificultad mayor va a ser comprender el sentido de la misión: ¿qué entenderían ellos cuando les decía que iban a ser pescadores de hombres? Lo comprenderían después de la resurrección…

4.- Jesús continúa llamando porque “la mies es abundante y los obreros pocos”. Son muchos los que padecen enfermedades del cuerpo y del espíritu, muchos que son prisioneros de sus esclavitudes personales, muchos los que se sienten abandonados. ¡Cuántos hombres y mujeres necesitan hoy ser rescatados por las redes liberadoras de Cristo! Dios no llama sólo una vez en la vida, su llamada se mantiene a lo largo de tu vida. Te puede llamar a través de los hermanos: son las mediaciones que utiliza para darnos a conocer su sueño. Hay vocaciones que han nacido y se han desarrollado a la luz de la realidad que nos interpela, o del ejemplo de personas de personas cercanas cuya vida nos “edifica”. En toda vocación hay mucho de búsqueda, pero en la mayoría de las vocaciones es Dios quien toma la iniciativa. Como a los apóstoles, Él te dice “Ven y sígueme”. A continuación te señala la misión que has de cumplir, ¿cuál es la tuya? Hay vocaciones singulares de tipo social, político, sanitario o económico….Algunos son llamados a desempeñar un servicio especial en la comunidad eclesial como sacerdotes, diáconos o religiosos. Pero todos somos llamados y a todos se nos encomienda algún servicio. Pablo reconoce en la Primera Carta a los Corintios que Él ha sido enviado no a bautizar, sino a anunciar el Evangelio. Pero hemos de anunciarlo dando un testimonio de unidad, pues no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Cristo crucificado. Hemos celebrado la semana de Oración por la unidad de los cristianos, culminada con la fiesta de la conversión de San Pablo. Que el testimonio del Apóstol nos anime a no cesar de orar para que sea una realidad el establecimiento del Reino de Dios, misión a la que Dios nos llama.

2.- LA MIRADA DE JESÚS

Por José María Maruri, SJ

1.- Sabéis seguramente el chiste que cuenta un cura bilbaíno (y que nadie se dé por ofendido… que yo llevo genes del bocho… (**) que para ponderar la gran humildad del Hijo de Dios decía: “¡tan humilde fue, que pudiendo hacer en Bilbao, nació en Belén!”

Fuera de bromas, el que Él que se presentaba como Mesías, ni naciese en Jerusalén, ni hiciese de Jerusalén el centro de su predicación, sino que “la cosa”, como decía San Pedro, comenzara en Galilea, fuera del territorio judío; y que de los doce apóstoles once fueran galileos y sólo el traidor fuera judío, pues todo esto si no era motivo de escándalo en la primitiva Iglesia, sí sería causa de gran extrañeza. Y por eso es que Mateo se saca de la manga el texto de Isaías donde la Galilea de los gentiles aparece iluminada por luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Y tal vez tenía que empezar allí porque matando a Juan el Bautista ya la Judea hostil mostraba la mala acogida que iba a tener Jesús.

2.- Cuando Mateo escribe su evangelio (y allá discutan los sabios cuando fue) la Iglesia incipiente apenas tenía forma, una indefinida estructuración jerárquica, nada de leyes eclesiásticas, ningún catecismo, un credo reducido a la mínima expresión, el que nos cita San Pablo: “Dios Padre que envía a su Hijo para morir por nosotros y resucitando darnos la esperanza de nuestra resurrección”. Y sacramentos prácticamente reducidos a dos: bautismo y eucaristía.

Por eso cuando algún culto griego o romano preguntase a uno de esos incultos pescadores de los apóstoles. “Qué es ser cristiano”, ¿qué podría responder? Nosotros tiraríamos de biblioteca, y no digo ya del Catecismo de la Iglesia Católica, sino montones de libros que podríamos amontonar ante los ojos atónitos del preguntante y aun así no se si le convenceríamos.

3.- Aquellos ignorantes apóstoles con gran sencillez recordarían aquella mirada de Jesús con la que miró a Pedro y a Andrés, a Santiago y a Juan, y en lo hondo de su corazón resonaría aquella llamada impulsora de sus vidas: “Seguidme”.

--Para ellos ese había sido ser cristianos, ser mirados por Cristo y llamados a seguirle.

--También miró Jesús a Mateo (y tal vez por eso escribe esta historia) y oyó un dinámico “sígueme”.

--También miró con cariño al joven rico y también le dijo, ve, vende, da, ven y sígueme… Y fue el joven, el que apegado a sus riquezas, frustró la mirada de Jesús.

--Subido en el árbol Zaqueo recibió la mirada de Jesús que se invitaba a su casa y aquel día entro la luz de la salvación en la casa del usurero.

--Los ojos de Jesús buscaron entre la multitud a la hemorroisa para que su curación no fuera producto de una mágica energía salida de Él, sino un don de su corazón que mira por su hija.

--Y sería Pedro el que recordaría dos miradas de Jesús, esta de hoy y aquella de la madrugada del viernes santo, cuando al cantar el gallo el Señor se volvió y le miró… y Pedro lloró amargamente.

Eso es ser cristiano, lo fue y lo será siempre, ser mirados por Cristo y llamados por Él.

4.- Necesitamos ser mirados por dentro, esa mirada interior del Señor es la que iluminando lo que de Él podamos saber por nuestros estudios si su mirada no ilumina nuestro corazón seguiremos almacenando datos de Él sin conocerle. Por eso no somos de Pablo, no somos de Apolo, no somos de San Ignacio de Loyola, no somos de Santo Domingo, no somos de San Josemaría Escrivá. Somos de Cristo, el único que dio su vida por cada uno de nosotros y el único que nos miró y nos llamó.

(** Bocho es una forma familiar y “castiza” de llamar a Bilbao por los nacidos allí)

3.- TAMBIÉN AHORA JESÚS PASA A NUESTRO LADO

Por Antonio García-Moreno

1.- HUMILLACIÓN Y GOZO.- Isaías recuerda las humillaciones que padeció el pueblo, las derrotas, los momentos difíciles de una guerra perdida de antemano. Los territorios de Zabulón y Neftalí sufrieron frecuentes incursiones de los pueblos del Norte. Fueron desterrados, despojados de sus bienes, condenados a vivir en tierras extrañas, en medio de sus propios enemigos.

Pero Yahvé los volvería a mirar con amor, se olvidaría de sus delitos, les perdonaría sus pecados y los reintegraría a su patria. Y de nuevo amanecieron días llenos de paz, días sin temores, días serenos y tranquilos. Y todo porque Dios no quiere castigarnos sin fin. Y mientras vivimos ensaya mil formas para atraernos, para hacernos caer en la cuenta de su gran amor por nosotros. Cuando le volvemos la espalda, nos hace ver lo triste que es nuestra vida sin Él. Y al vernos llorar nos perdona, nos limpia las lágrimas y nos anima a volver otra vez junto a él, a empezar de nuevo como si nada hubiera ocurrido.

La alegría, el gozo. Los dones más preciosos que Dios puede hacer al hombre. El sentirse contento, el vivir sin agobios, sin miedo. Vivir alegres, tener ganas de cantar, estar ilusionados con lo que nos rodea, mirar con esperanza y optimismo al futuro, no acobardarse por nada, afrontar con fortaleza y serenidad la vida, por difícil o penosa que sea.

Gozo del que recoge el abundante fruto de su trabajo, alegría del que siega su propia siembra ya granada, júbilo del que se reparte el botín ganado tras una dura batalla... Señor, muchas veces estamos tristes, andamos preocupados, agobiados por el peso de la vida. Repite una vez más el milagro de convertir nuestra tristeza en alegría, danos vivir seriamente nuestra fe, inyecta tu fuerza en nuestra debilidad. Acrecienta en nosotros la alegría, auméntanos el gozo.

2.- ANTORCHAS VIVAS.- Juan Bautista terminó sus días en la cárcel. Aquella antorcha viva que anunció la llegada de la Luz, se extinguió en la tierra, para lucir luego con más esplendor allá en el Cielo. Desde entonces su nombre quedaría esculpido como modelo de fidelidad a su propia misión, como reclamo y llamada para todos los que tenemos la excelsa misión de ser testigos de Cristo a lo largo de toda la Historia.

Su misión fue, en efecto, cumplida con toda exactitud. La Luz irrumpió en las regiones ensombrecidas por los errores del paganismo, pueblos que Isaías contemplaba envueltos en las tinieblas de la muerte. De forma paulatina, pero inexorable, la claridad gozosa del Evangelio comenzó su avance por aquellos pueblecitos de Galilea, donde como un incendio en el bosque, se propagaría el fuego que Cristo había traído a la tierra.

Metidos en aquellos parajes tan bucólicos, caminemos junto al Maestro, el atrayente Rabí de Nazaret, para escuchar sus palabras, para contemplar enamorados su figura y sus gestos, deseosos de empaparnos de su espíritu, anhelantes de serle fieles hasta la muerte, como el Bautista lo fue. Hacer carne de nuestra carne su doctrina, vida de nuestra vida su propia vida.

Hoy vemos a Pedro y Andrés su hermano que pescan cerca de la orilla del lago. La red dibuja círculos sobre el agua y barre repetidamente el fondo. Jesús pasa cerca y les dice que le sigan y los hará pescadores de hombres. Ellos no lo dudaron ni un instante. La palabra persuasiva del Maestro encontró eco en el corazón sencillo de aquellos rudos pescadores. Luego serán Juan y Santiago. También ellos estaban trabajando cuando Jesús los llamó y también ellos respondieron con prontitud y generosidad. De ese modo iniciaron la más bella y audaz aventura que jamás pudieron soñar. Nunca olvidarían aquel encuentro, nunca abandonarían el camino emprendido en aquellos momentos. Camino de luchas y renuncias, pero camino de luz y de gloria.

También ahora Jesús pasa a nuestro lado. Nos ve quizá enfrascados en nuestra tarea diaria, ensimismados en nuestro trabajo. Nos mira como miró a Pedro y nos dice que le sigamos, que quiere hacernos pescadores de hombres, que quiere encendernos para que seamos anunciadores de la Luz, antorchas vivas que alumbran las sombras de muerte en que yace el mundo. Las barcas y las redes, nuestros pequeños ídolos nos retraen quizá, lo mismo que les ocurriría a los primeros discípulos. Pero como ellos hemos de mirar hacia delante y no hacia atrás, fijarnos en la Luz que está al fin del camino y ser valientes para recorrerlo.

4.- LA CONVERSIÓN ES CONDICIÓN NECESARIA PARA VIVIR EN EL REINO DE DIOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos. Convertirse supone siempre cambiar, transformarse en una persona moralmente distinta. La conversión es una tarea que dura toda la vida, porque toda la vida debemos luchar contra el hombre viejo que hay en nosotros, si queremos llegar a transformarnos en el hombre nuevo, imagen de Cristo, al que estamos llamados. La conversión definitiva sólo se manifestará plenamente en la otra vida, cuando podamos vivir como ángeles de Dios, porque en esta vida, como nos dice la Biblia, en el libro de los Proverbios, hasta siete veces cae el justo. Y es que mientras vivimos en nuestro cuerpo mortal, nuestra condición será siempre una condición inclinada al pecado, por lo que toda nuestra vida debe ser una vida en lucha constante contra el pecado que habita dentro de nosotros. Cristo comenzó su vida pública predicando la conversión, para poder vivir en el Reino de Dios, que estaba cerca. Si nosotros, en nuestro siglo XXI, no vemos aún cerca el Reino de Dios es porque no nos vemos como personas convertidas. En este momento de nuestra historia, es posible que no sólo no veamos cerca el Reino de Dios, sino que lo veamos aún más lejos que en los tiempos en los que Jesús predicaba en Galilea. Los valores del Reino son, entre otros, la justicia, la paz, la verdad y el amor, y, si miramos a nuestro alrededor, vemos mucha injusticia, muchas guerras, mucha mentira y mucho egoísmo y desamor. ¿Estaremos haciendo imposible la venida del Reino de Dios? Que, al menos, cada uno de nosotros, los cristianos, tratemos de hacer realidad en nuestra vida estos valores evangélicos. Esto querría decir que los cristianos vivimos en actitud continua de conversión, que estamos allanando el camino para que los valores evangélicos reinen en nuestra sociedad, para que el Reino de Dios se haga realidad, ¡por fin!, entre nosotros. ¡Venga a nosotros tu Reino, Señor!

2.- El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombra y una luz les brilló. El profeta Isaías se refiere al país de Zabulón y Neftalí, a la Galilea de los gentiles, donde comenzó Jesús su predicación, cuando se enteró que habían arrestado a Juan. Era una región que había sido dominada anteriormente por los Asirios, y en la que vivían muchos no judíos, muchos “gentiles”. Las palabras que el profeta Isaías refiere al sucesor al trono, probablemente a Ezequías, nosotros las aplicamos a Jesús. Porque es en esta región donde aparece ahora Jesús, como una luz grande, que acrecienta la alegría y aumenta el gozo de todos los que le escuchan y le siguen. Jesús siempre predicó la liberación de esclavitudes, interiores y exteriores, e invitaba a los que le escuchaban a creer y confiar en un Dios Padre y libertador. También para nosotros la palabra de Jesús, su evangelio, su “buena noticia”, debe ser una palabra liberadora, que acreciente nuestra alegría y aumente el gozo de sabernos amados por un Dios Padre y liberador.

3.- Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis divididos. Esta semana comenzamos la semana de ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LAS IGLESIAS. Podríamos aplicarnos, nosotros, los cristianos, estas palabras que Pablo dirige a los primeros cristianos de Corinto. Porque también hoy, los cristianos estamos divididos en la predicación y en la expresión de nuestra fe en Cristo Jesús. Hoy, que tanto se habla de ecumenismo y de unidad de los cristianos, todos los cristianos debemos hacer un esfuerzo grande para que el único evangelio de Cristo sea para todos nosotros la única luz que ilumine nuestro caminar por este mundo. Cristo ha sido siempre el mismo, ayer, hoy y mañana, y nosotros, los cristianos, debemos predicar a este único Cristo, por encima de nuestras particulares opiniones y ritos. Volvamos al Evangelio, volvamos a Cristo, y tratemos de encontrar en la vida y en la palabra de Cristo la única luz verdadera que nos conduzca hasta el Padre.

5.- JESÚS HA VENIDO A SER “LUZ” ENTRE LOS ALEJADOS

Por Pedro Juan Díaz

1.-En este tercer domingo del tiempo ordinario, volvemos a leer un texto del evangelista Mateo, que nos va a acompañar durante todo el año. Por eso sería bueno que hiciéramos el ejercicio de leernos todo el evangelio de Mateo, que no nos llevará más de diez minutos, pero que si nos ayudará a contextualizar cada una de los fragmentos con los que nos encontraremos cada domingo en la celebración, y nos ayudará a entenderlo mejor. Hoy vemos a Jesús totalmente entregado a su misión: el anuncia de la Buena Nueva y la ayuda concreta a la gente necesitada. Teoría y práctica, mensaje y acción. Jesús nos da ejemplo para que también nosotros hagamos lo mismo y nuestro anuncio del evangelio sea más creíble.

2.- Jesús es un profeta itinerante, “no tiene donde reclinar la cabeza”, sin embargo, cuando elige un lugar para parar y recuperar fuerzas, no lo hace buscando su propia comodidad, sin donde puede ser más útil. Por eso, decide irse a vivir a Cafarnaúm, donde la casa de la familia de Pedro le servirá de lugar de acogida y descanso, pero sobre todo es porque aquella zona es llamada “la galilea de los gentiles”. Los “gentiles” son como los menos religiosos del pueblo, los más alejados, los paganos. Y entre ellos quiere situarse Jesús, porque sabe que son los que más le necesitan. Jesús no se va a codear con la gente religiosa, ni con los principales del Templo. Jesús se sitúa con los pobres, que no tienen ni a Dios en su vida, para que empecen a tenerlo en cuenta, para hacerles ver que Dios está con ellos, que sí que les tiene en cuenta, y que sus pobrezas o enfermedades no solo no son culpa de Dios, sino que Dios no las quiere, las rechaza, porque a los que quiere es a ellos, y los quiere sanos y felices.

3.- Jesús ha venido a ser “luz” entre los alejados. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”. pero para recibir la luz, hay que dejar de andar entre las tinieblas. Por eso Jesús anuncia la conversión, lo primero de todo. Porque hace falta un corazón nuevo que acoja la Buena Noticia, “porque el Reino de los Cielos está cerca”. Y Jesús llama a cambiar el corazón, a identificarse con Él y a mirar la vida con sus ojos. Y los primeros que responden son cuatro pescadores, hombres sencillos y trabajadores, que han escuchado la llamada en medio de sus tareas cotidianas. Llama la atención la buena disposición de los llamados, que responden “inmediatamente”.

4.- Pedro, Andrés, Santiago y Juan son los primeros en formar esa comunidad itinerante que acompañará a Jesús día y noche. Y después vendrán otros. Y después otros más. Y así, hasta nosotros, que también hemos sido llamados por Jesús a seguirle. Jesús sigue llamando hoy a personas sencillas para que colaboren con Él. Pero para acoger esa llamada, hace falta cambiar el corazón, la conversión. Jesús ha encontrado su lugar entre los gentiles y los alejados. Recorre toda Galilea y también enseña en sus Sinagogas, a la gente sencilla que tiene fe, pero necesita redescubrir a Dios, un Dios cercano. A ellos, y a todos, les anuncia la Buena Noticia del Reino y hace sus vidas un poco mejores, curándoles y liberándolos de todo mal. Y es que la Buena Nueva que anuncia Jesús no es exclusiva de nadie, sino que está abierta a todos, incluso a los gentiles.

5.- Nuestro Dios es el Dios de la vida, de la salud, de la verdad, de la libertad, del amor, de la cercanía, de los pobres, los humildes y sencillos. Es el Dios que se ha hecho hombre para compartir nuestras vidas y ayudarnos a cambiar el corazón y a descubrir en cada persona a un hermano. Y también es el Dios de la unidad. Durante toda esta semana hemos estado rezando de manera especial por la unidad de los cristianos, en este octavario de oración que se viene haciendo todos los años por estas fechas. Un testimonio de la cercanía de Dios será nuestra unidad, “con un mismo pensar y un mismo sentir”, como dice San Pablo en la segunda lectura de hoy a los Corintios, que andaban bastante divididos. “Os ruego en nombre de nuestro Señor Jesucristo –dice San Pablo-: poneos de acuerdo y no andéis divididos”. Es una asignatura pendiente y necesitada de conversión por parte de todos nosotros.

6.- La Eucaristía es el gran signo de la unidad, es el momento de encuentro de toda la familia cristiana en torno a la mesa de Jesús que nos convoca. Es el momento de celebrar juntos nuestra fe. Y esto que aquí celebramos, hemos de llevarlo a nuestra vida, en la calle, en nuestras familias, en nuestra comunidad parroquial, entre los nuestros. Jesús nos llama a ser personas de unidad, especialmente nosotros que creemos en Él. “¿Está dividido Cristo?”, pregunta San Pablo a los de su comunidad. Pues si Cristo es uno, nosotros también. Que sepamos reconocer la presencia de Dios entre nosotros y que eso nos ayude a cambiar nuestro corazón y a vivir la unidad con todas las personas que forman la gran familia humana que ha creado Dios.

6.- ¿PARA QUÉ VIENE VD.?

Por Javier Leoz

Así, con esta expresión “para qué viene Vd.” recibió el dueño de una casa, a un vendedor que decía ofrecer un producto excepcional, asombroso y a buen precio. El inquilino ni se molestó en seguir la conversación. Cerró la puerta y en busca de mejor reconocimiento. El Bautismo del Señor, y su recuerdo en la semana pasada, nos ponen ya en el punto de salida de la razón de ser de la venida de Jesús al mundo. ¿Para qué? Podemos preguntarnos creyentes. ¡Para que! Pueden exclamar los incrédulos o tibios.

1.- Ante la llegada de Jesús nadie puede quedarse indiferente. Su palabra acompañada del ejemplo y de la radicalidad empuja siempre a decantarse: o estamos con él, o lo dejamos de lado.

La conversión, entre otras cosas, es el fin primordial de la misión de Jesús. A muchos no les interesa que, lo sustancial, cambie. ¿A qué viene Vd.? Pero, por otro lado, nos encontramos con leyes que convierten el bien en mal, el capricho de unos pocos en imposición general o el criterio mutante de una sociedad, que ha perdido el norte en muchos aspectos, se nos presenta como ¡el no va más! Como el gran logro de los tiempos modernos. Como si, ser innovador –por ejemplo- sea sinónimo de renunciar a la dignidad de la persona humana o al sentido común. O como recientemente decía un nominado a cardenal: “por ser progre se puede caer en el ridículo”.

¿Y todavía nos preguntamos para qué y por qué vino Jesús?

-Entre otras cosas para darnos un poco de luz. ¡Son tantas las tinieblas que nos sacuden actualmente!

-Para hacernos comprender que, con su muerte, la nuestra es una experiencia que todos la tendremos pero que acabará en mañana de resurrección.

-Para animarnos a volver de caminos equivocados. Para que nuestros corazones, atenazados y volcados en lo simple, se dirijan al que lo mueve con autoridad y empeño: ¡Dios!

2.- En este domingo, hermanos, también Jesús pasa por nuestro singular lago de Galilea: en el trabajo, familia, parroquia, noviazgo, sacerdocio, instituto, escuela o universidad, nos sigue diciendo “venid y seguidme”. Y es que, en esos ámbitos, es donde hemos de demostrar, y ya no tanto señalar cuanto vivir, que somos de los suyos.

Jesús no ha venido para permanecer eternamente niño recibiendo adoración y presentes en Belén. El Señor se ha lanzado a la tierra para hacernos comprender que el camino del amor es una senda privilegiada que nos conduce al cielo. Para hacernos entender que, si Dios es Padre, también nosotros somos hermanos.

3.- Fue una persona entregada totalmente a su misión. ¿Lo somos nosotros? ¿Damos testimonio o somos altavoz de ese Jesús que decimos llevar dentro y que, en la iglesia, lo profesamos con un tímidamente “sí, creo”?

“Verdades a medias, grandes mentiras”, dice un viejo adagio. Su misión es la nuestra. No podemos quedarnos de brazos cruzados o ser católicos de salón de estar (Papa Francisco). Ser bautizados exige ponerse en movimiento. Que nuestra verdad, ser cristianos, sea auténtica: sazonada por las buenas obras, animada por una confianza que nos hace dinámicos y alegres y completada por una caridad que nos convierte automáticamente en “otros cristos” que dan, lo que tienen y pueden, sin llevar cuenta de cómo y a quién lo ofrecen.

4.- Qué sugerente aquel encuentro de un creyente con un bondadoso. “Soy creyente pero me falta la capacidad para dar sin pensar lo que doy”. Y la respuesta del segundo; “dime, por favor, cómo ser creyente, porque yo doy pero me resulta difícil pensar en Dios”.

Nuestro testimonio, nuestra alegría, nuestro encanto personal y eclesial. El firme convencimiento de lo que llevamos entre manos, nuestra perseverancia pueden ayudar, ¡y mucho! a este mundo que, aunque aparentemente reniegue de Dios, como apuntaba recientemente el Cardenal de Madrid, se encuentra triste y tremendamente solitario.

5.- ORACIÓN

CONTIGO, SEÑOR, MIS  PRIMEROS PASOS

Para  apoyarte en aquello que, para el mundo y para nosotros,

Tú  tienes pensado

Y  trabajar, sin desmayo ni tregua,

para  que muchos o algunos encuentren su felicidad en Ti.

CONTIGO, SEÑOR, MIS  PRIMEROS PASOS

Porque,  cuando me dices “sígueme”

siento  que, todavía, no te conozco lo suficientemente

Que,  soy cristiano sin saber lo que significa

y  que me da miedo seguirte por lo que ello implica

CONTIGO, SEÑOR, MIS  PRIMEROS PASOS

Porque,  cada día, nos das una oportunidad para seguirte

Una  hora en la que decir “sí” o un “no”

Porque,  siendo jóvenes, mayores o ancianos

Tú  pasas por la orilla de nuestra vida

pidiendo  algo tan grande como personas

que  crean, esperen y te amén a Ti, Señor.

¿DARÉ MIS PRIMEROS  PASOS, SEÑOR?

¿Dejaré  algo por Ti?

¿Haré  algo por tu Reino?

¿Sacaré  mis excusas para quedarme sentado en lo mío?

¿CÓMO DAR MIS PRIMEROS  PASOS, SEÑOR?

¡Ah!  ¡Ya lo sé, Señor!

Dejando  que Tú, conviertas todo lo que en mí, Señor

está  un tanto desorientado y pervertido.

¡Gracias,  Señor!

7.- EL RECLUTAMIENTO DE LOS APÓSTOLES

Por Ángel Gómez Escorial

1.- ¿Cómo serían, en verdad, los momentos de reclutamiento de los Apóstoles por parte de Jesús? Merece la pena imaginarlo. Es de suponer que el especial magnetismo de la estampa del Salvador atraería a la gente hasta tal punto que no sería fácil obviar su invitación. No se trataría, por supuesto, de un encantamiento hipnótico. Sería del influjo bello y tranquilo de una fuerte personalidad. Los Apóstoles –sus amigos—lo dejaron todo inmediatamente y le siguieron. Sin más condiciones o preguntas.

2.- En el relato de Mateo que leemos hoy la narración describe los momentos normales del trabajo de aquel día. Los Zebedeos estaban repasando redes, como lo siguen haciendo millones de pescadores en las orillas de los mares de todo el mundo. Acompañaban a su padre y ni siquiera la presencia del progenitor, con la enorme autoridad que le daba el ambiente judío, impide que sus hijos lo dejen todo y marchen en pos de Jesús. Y para todos ellos se va a iniciar la más asombrosa aventura de la historia de la humanidad. Porque en la cercanía del Hombre Dios acometerán el cambio más profundo que la Humanidad iba a acometer tras la creación. Jesús no completó taumatúrgicamente la Redención y constituyó a los hombres en corredentores. Y así, todos nosotros tenemos la obligación, de trabajar por la conversión de los demás y por la construcción del Reino de Dios.

3.- La mente divina de Jesús debió auscultar de manera inmediata el espíritu de todos y cada uno de los apóstoles. Y, también su trayectoria vital, como cuando anuncia a Natanael su estancia junto a la higuera. Tuvo que ver, asimismo, el carácter torvo y avaro de Judas. Pero supo que en el interior de sus amigos había calidades objetivas como para poder desempeñar en el futuro la gran misión de extender el Evangelio. Y ese efluvio de bondad y conocimiento es lo que tuvo que llegar directamente al alma de cada uno de los elegidos para que iniciaran el seguimiento. La conversión es eso. Un convencimiento interno y objetivo para seguir a Jesús.

4.- Luego --claro está-- dicha conversión tendrá su trayectoria y sus dificultades añadidas. Pero todo el que ve a Jesús ya no le puede dejar. Lo difícil es atemperar los ojos del corazón para se nos muestre su figura y su rostro. Pero no es una misión imposible. Es perfectamente viable y el "milagro" se está repitiendo constantemente entre el género humano. Pero muchas veces, el ruido excesivo del mundo, las riquezas, la soberbia, que es una forma de auto-adoración, cierran la mirada interior y, entonces, Jesús ya no se muestra. Muchas veces esa cercanía al pecado es la que impide el diálogo permanente con el Hijo de Dios y la desaparición de su imagen en nuestro interior.

Será la dedicación a nuestros hermanos, el servirles en el nombre de Dios, lo que acrecentará nuestra sintonía interna con Jesús. El Señor siempre se sirve de las "causas segundas" para llegar a otras personas y esa "causa segunda" somos --sin quererlo-- nosotros mismos, en forma de una frase, de un comentario o de un texto. Por ello no es posible eludir la obligación de ayudar a Jesús en la conversión de todos los hombres, aunque eso sí --ciertamente-- cada uno podrá elegir su papel y su sistema.

5.- El leccionario sitúa entre corchetes el relato de la recluta de los Apóstoles y, por tanto, es opcional su lectura. Terminaría entonces el texto de Mateo con el radical: “Convertíos: que está cerca el Reino de los cielos”. Y sin embargo es bueno pronunciarse –sin desmerecer la indicación de Jesús a cambiar—en saber y meditar como se produjo ese acercamiento entre Maestro y discípulos. Y hacerlo porque dicha llamada vuelve a renovarse todos los días. Jesús nos pide que le sigamos.

6.- "La vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián". La profecía de Isaías marca esa condición liberadora de Cristo. Su reino de paz y de justicia es también de libertad. Y para llegar a ser libre hay que sentir la liberación. Pero esta liberación es pacífica y pacifista, amable y cordial, conciliadora y llena de amor. No va el cristianismo por el camino de liberar a nadie a tiro limpio. La opresión cae ante el talante de los pacíficos y se agudiza con el trabajo de los violentos.

7.- En la Carta a los Corintios, San Pablo encarara el tema de la división de los cristianos, de sus facciones o de sus "capillitas" como se dice en español. Y ese problema ha sido permanente en la historia de la cristiandad. Esta misma semana –y la pasada-- hemos celebrado oraciones por esa unidad. Y habría que decir que uno de los puntos que más escándalo produce es esa capacidad para la desunión y, sin duda, lo que nos separa es el pecado. Tal vez, algún día no muy lejano veamos la presencia de Jesús convertido en único Pastor y en único Maestro. "Soy de Pedro, de Pablo, de Apolo..." Y, en realidad, todos somos del mismo maestro. No debemos perder la pista a la desunión interna que produce en la Iglesia Católica poner en prioridad al grupo particular que a la comunidad total unida por la Comunión de los Santos. Y eso se sigue produciendo. La discrepancia, a veces, es más humana --incluso de matiz político-- que espiritual. Y eso es lo que hay que evitar, porque la mies es mucha y los operarios pocos.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

PESCADOR DE HOMBRES

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Este título nos recuerda una canción religiosa que no hace mucho se popularizo enormemente. A unos nos gusta, otros le dan poca categoría. Se inspiró el autor, Cesáreo Gabaraín, en el relato evangélico y precisamente, se le ocurrió en el mismo lugar del que se habla en el fragmento que se proclama en la misa del presente domingo, a orillas del lago de Genesaret, mar de Tiberíades, de Galilea o Kineret, como queráis llamarle, que los cuatro nombres son correctos.

No he perdido la sensibilidad y me emociono cuando por aquel litoral, escucho en mi interior la melodía. Me decían un día que los viejos somos como niños. Replique que somos sentimentales como los enamorados cuando se enamoran, y valga la redundancia. Y quien me había hablado así, no se atrevió a contradecirme, tal vez porque él mismo no lograba vivir su amor como soñaba.

2.- Por supuesto que en Cafarnaún he estado muchas veces. He sido muy bien acogido por los franciscanos, que me han acompañado detallándome todo lo que puede ayudarme a entender mejor el Evangelio y hasta me han invitado a su mesa. Permitidme, mis queridos jóvenes lectores, que os diga que muchos fieles que visitan esas benditas tierras, ven y fotografían piedras y decoraciones, cosa que yo también hago, pero desconocen esta realidad cristiana, hecha vida y generoso testimonio humano, que son los frailes de la Custodia. Las agencias, se preocupan más de la categoría del alojamiento, que de la experiencia gratificante que resulta de estos encuentros personales. No os diré la altitud, en este caso debería decirse “bajitud”, del lugar respecto al nivel del Mediterráneo, aproximadamente 250 metros, dependiendo de las lluvias del año y del deshielo de las nieves de las cumbres no lejanas. la humedad es extrema y la temperatura puede rondar los 46ºC. En algunas ocasiones, me he ido a dormir al anochecer a la terraza del edificio, el calor era soportable. Al amanecer era preciso irse al interior, donde el ambiente era un poco más suave. En otras ocasiones, me ha tocado dormir en hotel de cinco estrellas. No oculto que resulta más agradable, pero menos aleccionador. Y el peregrino debe pretender descubrir verdades que mejoren su conducta.

La descripción meteorológica que os he explicado, ha sido, mis queridos jóvenes lectores, para que os imaginéis que no es precisamente un clima que estimule ni el ejercicio mental, ni el físico. No obstante, un lugar así, fue el escogido por Jesús para invitar a sus predilectos a seguirle. Desde el principio, el hacerlo, supone un esfuerzo y nada hace pensar en una vida confortable. Pero es que la santidad, como los preciosos edelweiss y gencianas, requieren climas duros para prosperar. Demandan gente esforzada y atrevida, nada de mediocridades burguesas.

3.- Cualquier “estudio de mercado” del proyecto evangelizador, aconsejaría que el lugar más apto para el encuentro, estudio de aptitudes y capacidades de los ejecutivos que deberían iniciarlo, fuera otro y que las pretensiones que tenía el Maestro, se hicieran convocándoles a un lugar de mejores características ambientales. Sin duda, un encuentro en un rincón de las estribaciones de las montañas del Líbano o, mucho mejor y más apasionado para hablarles de ello, fuera junto a algún helero de estos que perduraban todo el año por la falda de esta la cercana cordillera. Para subir a un lugar de estos, no es necesario ni siquiera trepar. Sentarse, contemplar amplios horizontes, hablar en voz baja y tono confidencial, es lo mejor para trasmitir ilusiones y proyectos. Pero no, el Señor elige el bullicio de un lugar de mercadeo, de control aduanero, de permanencia militar y de gente entregada a un oficio que exige pericia. Lanzar las redes, saberlas recoger, escoger el pescado apto, ponerlo a la venta, no lo sabe hacer cualquiera. Que no, que se equivoca el Maestro, que ellos ya están ocupados, que no tienen tiempo, la familia les ata, las costumbres les arraigan allí, que busque en otros sitios y a otra gente.

Y va y, nada menos, se le ocurre proponerles y pedirles una respuesta radical: dejarlo todo, seguirle e iniciarse en una empresa nueva y en un oficio desconocido. Sin programa específico, sin someterles a aprendizaje. El Señor ya entonces, sabía aquello de formación por la acción, que fue posteriormente lema de un excelente movimiento apostólico. Y también, que toda elección supone una renuncia.

Evidentemente, no le faltaba utopía, ensueño, valentía y aceptación del riesgo, imposible de calcular… ¡qué ingenuidad…! ¿Y si se le ocurriera ahora proponeros a alguno de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, una cosa así? ¡Pensáoslo bien! Y no tengáis miedo. El matrimonio es formidable, la paternidad o maternidad, extraordinaria cosa, os lo digo por lo que he conocido en otros, la vida familiar maravillosa, la experimenté bastante tiempo… pero, os lo confieso sinceramente: no he sentido envidia. Abrazado al Sagrario, muchas noches le digo al Señor: ninguna novia, ninguna esposa, me podría querer más que lo que Tú me amas. Tú, me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre… va sonando por mis adentros mientras os he estado escribiendo.