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17 diciembre 2016

La misa del domingo IV del Adviento

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Domingo IV de Adviento A
18 de diciembre de 2016
Subrayados de la Palabra
  • 1ª lectura (Is 7, 10-14): «Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».
  • 2ª lectura (Rom 1, 1-7): «Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor».
  • Evangelio (Mt 1, 18-24): «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».Ecos de la Palabra para jóvenes y comunidades
  • Este rey será una bendición de Dios, una presencia del Señor en su pueblo. Por eso se le llama “Emmanuel”, Dios-con-nosotros. El rey Acaz había inmolado un hijo a los ídolos, y el pueblo temía que Acaz no tuviese descendencia, y que con él se extinguiera la estirpe de David. Pero Isaías anuncia que una muchacha, quizá una esposa real, está ya encinta y dará a luz al nuevo príncipe, que salvará a Israel.
  • En este texto se nos habla de la vocación que Pablo recibió como apóstol para anunciar el Evangelio a los paganos. Ese anuncio permitirá el surgimiento de nuevas comunidades cristianas formadas por personas llamadas a vivir según los valores del amor y la justicia propuestos en el evangelio de Jesús.
  • El Evangelio nos narra el acontecimiento de la encarnación de Jesús, su nacimiento, nos describe la actitud de José, sus sueños, que supo aceptar que María quedase embarazada por obra del Espíritu Santo y nos señala también que así se ha cumplido la profecía sobre el Emmanuel, el Dios con nosotros, del profeta Isaías.
Proyecto de homilía
La primera lectura que hemos escuchado nos habla del nacimiento del mediador de la alianza, el Enmanuel, el “Dios con nosotros”, y señala que no desciende de la desobediente dinastía de David, sino de una joven. Además describe las cualidades que deberá reunir para llevar a término su misión.
El profeta recuerda al rey Acaz que la comunidad de Israel es antes que nada una comunidad de fe ligada a Dios por la alianza, que únicamente la fe le podía dar su fisonomía auténtica; su seguridad, su futuro no se apoyan en las fuerzas humanas, en la fuerza del rey, sino en la de Dios. Solamente la fe puede hacer aparecer un nuevo Israel tras tanta devastación.
El rey Acaz nada entre dos aguas. Nos sirve el comentario de Lutero a este fragmento en que acusa de hipocresía y de vileza al rey: “Así son los hipócritas: cuando es necesario son muy religiosos, pero cuando deben ser humildes son muy soberbios. Sin embargo, cuando Dios ordena asumir un riesgo, uno debe arriesgarse; pues obedecer a la palabra no es tentar a Dios”. ¿Qué actitud mantienen nuestros políticos y gobernantes? ¿Cuál es nuestra actitud? ¿Asumimos el riesgo de creer en la Palabra de Dios, de tomárnosla en serio? ¿Vivimos en la confianza y abiertos a la Palabra en este tiempo de Adviento?
Pablo comienza, como lo hace ordinariamente en sus cartas, señalando el remitente, el destinatario y la bendición. El versículo 1 nos presenta sus tres señas de identidad: siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado y escogido para vivir y anunciar el evangelio de Dios.
El tema de su carta es la persona de Jesucristo. Jesús es la buena nueva, el único camino que nos lleva a Dios. En esta carta se afirma de Jesús: “Que era del línea de David según la carne” y “que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos”. Los dos títulos (descendiente de David e Hijo de Dios).
En el Evangelio se nos presenta el nacimiento del Hijo de Dios, pero subrayando algunos aspectos que requieren matices y explicación. En primer lugar, el desconcertante modo de actuar Dios con los hombres, el modo de producirse el nacimiento. La concepción de Jesucristo fue así: la madre de Jesús estaba desposada con José, y antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo.
En segundo lugar, se hace referencia a lo que piensa internamente José, el hombre justo. Se nos dice que era bueno y no quería denunciarla, por lo que decidió repudiarla en secreto. Situación compleja y angustiosa y resolución complicada. Los creyentes, como él, nos encontramos en situaciones difíciles muchas veces. ¿Cómo es posible que Dios actúe de esta manera en nuestras vidas? En ocasiones experimentamos lo que nos parece el silencio de Dios, o incluso el abandono.
En cambio, cuando lo miramos con perspectiva, vemos que Dios siempre obra bien y a nuestro favor.
La presencia del Espíritu es otro elemento a tener en cuenta. Para Mateo la concepción por obra del Espíritu Santo es lo que hace a Jesús Hijo de Dios. La concepción virginal aparece como cumplimiento del plan de Dios que se dio a conocer en la profecía (Is 7,14). El Espíritu es la clave que unifica las tres lecturas y que nos ofrece el sentido profundo de este tiempo de Adviento.
Y, finalmente, la libre respuesta del hombre. Cuando José se despertó hizo lo que le había mandado el ángel. La descendencia davídica se va a transmitir a través de una paternidad legal. La historia de la salvación enseña al creyente que la cooperación humana en libertad siempre está presente. Es necesario que el hombre, como José, colabore. Dios no anula la decisión libre de su criatura, cuenta siempre con ella incluso con mucho riesgo por su parte.
José Luis Guzón, sdb