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01 diciembre 2016

Domingo II de Adviento: Preparad el camino del Señor... dad el fruto que pide la conversión

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando:
- Convertíos porque está cerca el Reino de los Cielos. Este es el que anunció el Profeta Isaías diciendo:
Una voz grita en el desierto
preparad el camino al Señor,
allanad sus sendero
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Y acudía a él toda la gente de Jerusalem, de Judea y del Valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que les bautizara, les dijo:
- Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones pensando: "Abrahan es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahan de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbosl que no da buen fruto será talado y echado al fuego.
Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias.
Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego.
Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.
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RECORRER CAMINOS NUEVOS
Por los años 27 o 28 apareció en el desierto del Jordán un profeta original e independiente que provocó un fuerte impacto en el pueblo judío: las primeras generaciones cristianas lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.
Todo su mensaje se puede concentrar en un grito: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Después de veinte siglos, el Papa Francisco nos está gritando el mismo mensaje a los cristianos: Abrid caminos a Dios, volved a Jesús, acoged el Evangelio.

Su propósito es claro: “Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”. No será fácil. Hemos vivido estos últimos años paralizados por el miedo. El Papa no se sorprende: “La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida”. Y nos hace una pregunta a la que hemos de responder: “¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido capacidad de respuesta?“.
Algunos sectores de la Iglesia piden al Papa que acometa cuanto antes diferentes reformas que consideran urgentes. Sin embargo, Francisco ha manifestado su postura de manera clara: “Algunos esperan y me piden reformas en la Iglesia y debe haberlas. Pero antes es necesario un cambio de actitudes”.
Me parece admirable la clarividencia evangélica del Papa Francisco. Lo primero no es firmar decretos reformistas. Antes, es necesario poner a las comunidades cristianas en estado de conversión y recuperar en el interior de la Iglesia las actitudes evangélicas más básicas. Solo en ese clima será posible acometer de manera eficaz y con espíritu evangélico las reformas que necesita urgentemente la Iglesia.
El mismo Francisco nos esta indicando todos los días los cambios de actitudes que necesitamos. Señalaré algunos de gran importancia.
Poner a Jesús en el centro de la Iglesia: “una Iglesia que no lleva a Jesús es una Iglesia muerta”.
No vivir en una Iglesia cerrada y autorreferencial: “una Iglesia que se encierra en el pasado, traiciona su propia identidad”.
Actuar siempre movidos por la misericordia de Dios hacia todos sus hijos: no cultivar “un cristianismo restauracionista y legalista que lo quiere todo claro y seguro, y no halla nada”. “Buscar una Iglesia pobre y de los pobres”.
Anclar nuestra vida en la esperanza, no “en nuestras reglas, nuestros comportamientos eclesiásticos, nuestros clericalismos”.
        
        
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CONVERTÍOS
El evangelio de hoy nos habla de Juan Bautista. Sabemos que atrajo una gran multitud de personas y creó un movimiento de discípulos. Varios de ellos se hicieron después discípulos de Jesús. Otros siguieron en un movimiento autónomo, que tardó en entrar al cristianismo.
La Iglesia integró a Juan Bautista en el movimiento de Jesús con los siguientes pasos:
Primero, lo presentó en los evangelios como el último de los profetas del Antiguo Testamento y el que preparó el ambiente espiritual a Jesús.
Segundo, mostró que fue anunciado por Dios y santificado desde el vientre de su madre.
Tercero, estableció la fiesta de su nacimiento, porque Lucas nos revela que fue santificado en el vientre de su madre. La liturgia celebra solamente tres nacimientos: el de Juan Bautista, el de maría y el de Jesús. 
Juan Bautista predica la conversión. Es una conversión que tiene dimensión personal y social, como vemos en la cita del profeta Isaías. Preparad el camino al Señor; nivelad sus senderos. Este texto nos urge a cambiar la sociedad disminuyendo las diferencias sociales.
A los fariseos y saduceos, Juan los trata con dureza. Los llama “raza de víboras”. Les dice que no basta gloriarse de ser judíos, porque Dios puede sacar creyentes hasta de las piedras. Y les pide que den verdaderos frutos de conversión. Se lo dice con amenazas del castigo de Dios, que es inminente si no se convierten.
Después proclama la superioridad de Jesús con gran humildad: siente que no es digno de soltarle las sandalias, cosa que hacían los más bajos servidores de los grandes señores montados a caballo. Finalmente pregona la superioridad del bautismo cristiano respecto del de Juan, porque será el bautismo del Espíritu Santo.
Jesús va a ser muy distinto de Juan. Pedirá también la conversión sincera, pero anunciará la misericordia en vez del castigo. Ello no impide que este texto, puesto en pleno adviento, nos produzca una gran impresión. Nos provoca a los cristianos a ser humildes, no considerarnos superiores y realizar una sincera conversión, una vida nueva cada día.
Patxi Loidi