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16 noviembre 2016

Homilías para el domingo 20 de noviembre


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CRISTO, REY DEL UNIVERSO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- RESUMEN DEL AÑO LITÚRGICO: SEGUIR A CRISTO REY

Por Gabriel González del Estal

1.- Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: “Este es el rey de los judíos”. Este es el último domingo del año litúrgico. Cuando en el año 1925 Pío XI estableció la fiesta de “Jesucristo Rey del Universo” lo hizo con la intención de que en este día todos los Estados de la tierra declarasen oficial y públicamente que Jesucristo era el verdadero rey del universo. Nosotros, los cristianos, hoy, al celebrar esta fiesta hacemos el propósito, humilde y sincero, de hacer todo lo posible para que Jesucristo sea realmente el verdadero rey de todos los corazones humanos. Queremos que el reino de Dios se establezca en nuestra tierra y queremos que este reino sea, con palabras del Prefacio de la misa, un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Cristo vino al mundo para esto: para enseñarnos el camino que nos lleva al Padre, un camino que se hace con sacrificio y con esfuerzo, siguiendo siempre la verdad del evangelio, defendiendo la vida, aspirando a la santidad, llenos de la gracia de Dios, luchando a brazo partido contra la injusticia, predicando y sembrando el amor cristiano, defendiendo la paz frente al odio, la división y la guerra. No olvidemos que a Cristo hoy le contemplamos como rey mirándole clavado en una cruz, humillado y escarnecido. Por eso, hoy nosotros, los cristianos, hacemos el propósito de seguirle desde el sacrificio, el esfuerzo y la humildad, no desde el poder y la gloria humana.


2.- Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino… Hoy estarás conmigo en el paraíso. Jesús murió como vivió: acordándose de los más pobres y salvando a los pecadores arrepentidos. Este fue el mensaje que quiso dejarnos a todos los que queremos seguirle. Los cristianos, hoy, queremos estar en la sociedad como ciudadanos que se esfuerzan en servir a los demás, nuestro primer propósito no es mandar, ni dominar, es servir. Cristo predicó un reino de Dios en el que tenían un asiento especial los pobres, los desheredados, los pecadores, los enfermos, los que más necesitados estaban de cariño y misericordia. Los cristianos, los discípulos de Jesús, no vamos contra los ricos, vamos contra la riqueza injusta y corrupta, no vamos contra los que triunfan, vamos contra el triunfo conseguido a base de artimañas y fraudes sociales, no vamos contra los sanos, queremos que todos estemos sanos y que nadie quede excluido de la salud por simples motivos económicos o sociales, no vamos contra los santos, queremos que todos seamos santos y predicamos la conversión a Dios y al prójimo de todos los pecadores. Jesús se pasó la vida predicando un bautismo de conversión y la terminó prometiendo el reino a un pecador convertido. De esta manera quiso demostrar en el último momento de su vida que él era el verdadero rey del universo. En este sentido queremos ser también nosotros los verdaderos discípulos de este rey.

3.- Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. La Iglesia, nuestra Iglesia cristiana y católica, no es del Papa, ni de los cardenales, ni de los obispos; nuestra Iglesia es de Cristo. Cristo es la cabeza de la Iglesia, todos los cristianos somos su cuerpo. A la largo de la historia cristiana muchos cristianos han actuado como si la cabeza de la Iglesia fuera el Papa, no Cristo, y de este error han surgido muchas divisiones, muchos enfrentamientos y muchas guerras. Hoy, gracias a Dios, todos los cristianos buscamos más la unión, el ecumenismo, queriendo tener como única cabeza de la Iglesia a Cristo y a su evangelio. Caminemos todos nosotros en esta dirección, anteponiendo lo que nos une a lo que nos separa, considerando a Cristo como nuestra única cabeza y esforzándonos todos nosotros en ser su verdadero cuerpo, miembros del único cuerpo místico de Cristo. Consideremos hoy todos los cristianos a Cristo como nuestro único camino, nuestra única verdad, nuestra única vida. Sólo así podremos celebrar este último domingo del año litúrgico, fiesta de Cristo Rey del Universo, con la debida dignidad cristiana.

2.- UN REINO DE SERVICIO

Por José María Martín OSA

1.- Su reino no es de este mundo. No hay cosa que nos haga más daño que el ver que somos objeto de burla o que se ridiculiza lo que nosotros consideramos sagrado. Muchos cristianos tienen hoy día la sensación de ser perseguidos o denostados por el hecho de vivir según unos criterios y unos valores. Jesús sufrió el escarnio y la burla en el momento del tormento de la cruz. Las autoridades hacían muecas, los soldados le ofrecieron vinagre, uno de los crucificados a su lado le insultaba. Incluso habían puesto un letrero para ridiculizarlo: "Jesús Nazareno, rey de los judíos" Utilizamos sus siglas, “para más INRI", para subrayar una situación de ofensa o de humillación. Hubieran preferido que pusiera: "Este ha dicho soy el rey de los judíos". Todo era un espectáculo esperpéntico. Pero, paradójicamente Él era Rey, pero su reino no es de este mundo. ¿Qué querían decir cuando le pidieron por tres veces?: "Sálvate a ti mismo", ¿acaso que hiciera un milagro para bajarse de la cruz, acaso que demostrara su poder o su riqueza, acaso una prueba para demostrar que era el Mesías? Junto a esta humillación lo que más le dolió sin duda a Jesús fue el abandono de los suyos. ¿Cómo debemos responder los cristianos cuando nos sintamos incomprendidos o acusados? Pues con las mismas armas de Jesús: el amor y el perdón. El, simplemente dijo: "Padre perdónales, porque no saben lo que hacen".

2.- “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Tuvo que ser precisamente un malhechor el que descubriera el reinado de Jesús, tuvo que ser en la cruz.... Algunos no lo reconocieron cuando hacía milagros y él lo reconoció crucificado en un madero. Como dice San Agustín "en su corazón creyó y con la lengua hizo la profesión de fe". Le dijo "Acuérdate de mí, Señor, cuando estés en tu reino". Esperaba su salvación para el futuro y estaba contento con recibirla tras un largo plazo de tiempo. La esperaba para largo, pero el día no se hizo esperar. El Señor le respondió: "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. El paraíso que el buen ladrón se imaginaba tenía árboles de felicidad, por eso Jesús le dice: hoy estás conmigo en el árbol de la cruz, hoy estarás conmigo en el árbol de la salvación.

3.- Jesús reina sirviendo a toda la humanidad. Su trono es la cruz, su cetro una caña, su manto es una túnica pequeña de color púrpura, su corona es de espinas. En su reino los últimos son los primeros y los primeros los últimos. Ahora comprendemos por qué hace unas semanas nos decía el evangelio que el reino no vendrá espectacularmente, sino que está dentro de nosotros. Tú puedes ser constructor del reino si trabajas por la paz y la justicia, si eres capaz de servir como Jesús, de perdonar como El, de luchar en favor de la vida y de la fraternidad. Cristo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. Nosotros somos sus miembros. Todos los creyentes, no solo los actuales, sino también los que existieron antes de nosotros y los que han de existir después hasta el fin del mundo pertenecen a su cuerpo, del que Él es la Cabeza. En este "Cristo total" todos los bautizados asumimos la misión y el destino de Cristo: hacer posible ya aquí la realidad del reino y esperar con confianza que un día resucitaremos con El.

3.- REINADO DE PERDÓN Y DE MISERICORDIA

Por Antonio García-Moreno

1.- REY DE REYES.- A la muerte del rey Saúl la guerra se enciende en los campos de las tribus de Jacob. Unos se inclinan por David, otros por Isbaal, el hijo de Saúl. Pero la suerte estaba echada desde hacía tiempo. Dios había ungido a David por medio de Samuel. Entonces era un chiquillo, pero ahora es un guerrero con experiencia, un hombre curtido por la lucha, prudente y temeroso de Yahveh. Después de algunas escaramuzas, triunfa la causa de David. Y todas las tribus vinieron a Hebrón para proclamar al nuevo rey del pueblo escogido. Aclamación unánime y entrega sin condiciones.

Aquel rey valiente y sensible como un poeta será el prototipo del gran Rey que vendría al fin de los tiempos, Cristo Señor nuestro. Ante él todas las tribus de la tierra, todas las naciones, todos los pueblos inclinarán un día la cabeza en acatamiento total. Y nosotros, los que creemos en Él, ya desde ahora lo proclamamos Rey de nuestros amores, Rey de nuestro pueblo.

Muchas veces en la Biblia se habla del pueblo como un rebaño: Hoy quizá esa comparación nos resulte inadecuada, pero en aquel tiempo no lo era. Ellos también eran pastores y sabían de amores por el rebaño. Por eso muchas veces Dios se ha llamado a sí mismo pastor de su pueblo, el que lo lleve a verdes praderas, el que lo conduzca a través del desierto, el que lo defienda de los ataques enemigos, el que cura a la oveja herida, el que lleva sobre sus hombros al cordero recién nacido.

Cristo encarnará de forma viva esa figura del Rey pastor. Y cuando contempla a su pueblo siente una profunda pena por él, porque es un rebaño cansino y descarriado, sin pastor. Se nos dice también que dejará a las noventa y nueve del rebaño, para buscar la que se perdió. Y se llenará de alegría cuando la encuentre... Este es nuestro Rey, este nuestro Pastor. Hoy nos mira con amor, y al sentirnos mirados por él volvemos nuestros ojos hacia los suyos y prometemos ser dóciles a su llamada.

2.- REINO DE AMOR Y DE PAZ.- La crueldad del hombre llega en ocasiones a límites inauditos. Cuando Jesús agonizaba en la cruz, los que estaban alrededor mostraron sentimientos más de fieras que de hombres. No se contentaron con vencerlo y clavarlo vivo en una cruz como un vulgar malhechor, a él que era la misma inocencia, que sólo bien hizo a los que se cruzaron en su camino, a él que sólo habló de amor y de comprensión, de generosidad y de servicio. No tenían bastante, por lo visto, con tenerlo allí colgado, desangrándose poco a poco. Se plantan delante de él y le insultan, le escarnecen, le recuerdan su antiguo poder de taumaturgo, sus palabras de Maestro único. No sólo eran los soldados, acostumbrados quizá a aquellos dramáticos trances. También se reían con sarcasmo los sacerdotes a la cabeza de una gente que corean y ríen sus ocurrencias. Cómo dolería a Jesús todo aquello, cómo le recordaría los momentos en los que se compadeció hasta la ternura de la muchedumbre, de sus necesidades. Sí, le dolería y lastimaría la ingratitud del pueblo, que tanto recibió de su bondad y de su poder.

Sin embargo, en el palo vertical de la cruz se podía leer con claridad la causa de la condena: Jesús Nazareno, Rey de los judíos. Todos aquellos que deambulaban por Jerusalén y sus alrededores pudieron enterarse de lo ocurrido. Todos pudieron contemplar el patíbulo, colocado precisamente en un promontorio cercano a la ciudad. Los de habla aramea, así como los peregrinos llegados de los más remotos lugares para celebrar la Pascua, todos pudieron leer aquel "titlon", aquella especie de pancarta en donde se expresaba con brevedad la causa de la condena. En ella se proclamaba en arameo, griego y latín el delito de Jesús de Nazaret. A los gerifaltes de Israel les molestó que Pilato lo escribiera en esos términos. Debería haber puesto que se hacía pasar por Rey de Israel, y no que era el Rey de Israel. Pero el Pretor, que tanto había cedido, no quiso ceder más y allí quedó para siempre la proclama de la verdadera condición del hijo de José, el carpintero de Nazaret. Sí, Él era el Rey de Israel, es decir, el Mesías profetizado desde antiguo, el Redentor del mundo, el Salvador, el Hijo de Dios.

Los Apóstoles habían huido. Sólo estaba cerca Juan. También estaba la Virgen y las otras mujeres. Pero todos ellos callan y lloran. Es indudable que con su presencia reconocían y aceptaban la grandeza del Señor, aun en medio de su presente derrota y tremenda humillación. Sin embargo, no se atreven a decir nada. Quizás miraban con devoción y amor al Amigo, al Hijo, al Maestro, a Dios que se ahoga en su propia sangre...

Pero de improviso resuena una voz discordante. Alguien se pone abiertamente de parte de aquel ajusticiado. Primero recrimina al otro ladrón que también está en el suplicio, luego se vuelve a Jesús y lo reconoce como Rey, suplicándole que se acuerde de él cuando esté en su Reino. La voz del Señor no tarda en oírse: "Esta misma tarde estarás conmigo en al Paraíso"... Comenzaba su reinado de perdón y de misericordia. Y, desde luego, este final de mi comentario me parece muy adecuado para este día en el que se clausura, asimismo, el Año Santo de la Misericordia, idea preclara del Santo Padre Francisco.

4.- CRISTO: CENTRO DE NUESTRA FE

Por Javier Leoz

El Papa Francisco quien –en esta solemnidad de Jesucristo Rey- clausure lo que, para toda la Iglesia, ha sido un revulsivo en el seguimiento a Jesús y una forma concreta de ahondar en el Amor y la Misericordia. Eso ha sido el Año Jubilar de la Misericordia que finaliza, hoy, en el Vaticano.

1.- En esta fiesta de Cristo Rey damos culmen a este tiempo ordinario con el que nos hemos ido sumergiendo de lleno en la vida, muerte y resurrección de Jesús. ¿Lo hemos reconocido? ¿Hemos aceptado tantos dones de su gratuidad? ¿Hemos puesto nuestros corazones a su disposición?

Al igual que los soldados puede que, también nosotros, no entendamos el lenguaje que Jesús emplea desde la cruz. Por ello mismo, el Año de la Misericordia, ha tenido que contribuir a formarnos como católicos y como cristianos. Un cristiano sin formación queda a merced de los “listillos” del mundo.

Además, por si lo olvidamos, el eje de todo el entramado eclesial (lejos de ser sus estructuras y sus defectos, su grandeza o su apariencia) es Cristo. En Él, por Él y para Él van encaminados nuestros desvelos y –sobre todo- el esfuerzo evangelizador para que, su Evangelio, sea tomado en cuenta a la hora de reconducir este mundo un tanto despistado o perdido.

2.- Para entender el señorío de Jesús, en este día de Cristo Rey, es necesario contemplarlo en la cruz. Ella nos sirve en bandeja las principales coordenadas de la forma de ser, pensar y actuar de Jesús: amor a su pueblo cumpliendo la voluntad de Dios.

Acudamos a Cristo cuando la fachada del mundo se derrumba; cuando los otros soberanos nos invitan a postrarnos ante ellos perdiendo la dignidad y hasta la capacidad de ser nosotros mismos. Ese Rey que, nació pobre, pequeño, humilde, en el silencio y que –hoy- es exaltado en una cruz (también de madera), sin demasiado ruido (como en Belén), humildemente (sin más riqueza que su belleza interior) nos llama a la fidelidad. ¿Queremos ser suyos? ¿Seremos capaces de luchar por su reino? ¿No preferiremos formar parte de ese gran batallón de los que ya no luchan, no esperan, no creen…ni sueñan?

Fiesta de Cristo Rey. Dios, en Navidad, descenderá desde los cielos para estar con el hombre. Hoy, desde la cruz, nos enseña que –el camino del servicio, del amor y de la entrega- es la mejor forma de ascender un día hasta su presencia. ¿Nos gusta ese trono en forma de cruz? ¿Queremos reinar con Él?

Que este final del Año de la Misercordia nos ayude a colocar, si es que lo hemos apartado, a Jesús en el centro de nuestra vida, de nuestra vocación, de nuestra familia y de nuestro pensamiento.

Ya sería bueno pensar a quiénes hemos permitido usurpar el lugar que le corresponde a Jesús en los lugares donde educamos a nuestros hijos, disfrutan nuestros jóvenes, se forman las futuras generaciones o mandan nuestros dignatarios. ¡Qué bueno sería desterrar a tan nefastos reyes!

3.- REINARÉ, CONTIGO, SEÑOR

Cuando, más allá de  trompetas triunfales

anuncie, con mi propia vida  y hasta con sangre

que tu reino es justicia,  paz y libertad

Cuando, además de contemplar  tu belleza

descubra la radicalidad de  tu mensaje

la dulzura y, a la vez, la  exigencia de tus palabras



REINARÉ,  CONTIGO, SEÑOR

Huyendo de la grandeza y del  poder

abrazando, con humildad y  obediencia,

el peso de la cruz que surja  por delante

Sí, Señor;

Reinaré contigo sabiendo  que,

 soy y no soy del mundo,

que, no siempre seré  comprendido

como Tú, Señor, tampoco lo  fuiste

desde el primer día de tu  nacimiento



REINARÉ,  CONTIGO, SEÑOR

Sin más bandera, que el  evangelio en la mano

Sin más fortaleza, que el  alma bien dispuesta

Sin más armas, que el amor  que dinamita el odio

Sin más corona, que el servicio  cumplido



REINARÉ,  CONTIGO, SEÑOR

Anunciando tu misericordia y  tu lealtad

Tu presencia y tu comunión  con el Padre

Tu fidelidad y tu reinado de  vida y verdad



REINARÉ,  CONTIGO, SEÑOR

Y, con tu Espíritu, me  empujarás

por el sendero de la verdad  y lejos de la mentira

Apartándome de aquellos que,  dicen ser de los tuyos,

pero se comportan como si  nunca te hubieran conocido

Dando gracias por tu nombre  y proclamando

que, Tú Señor, eres Rey,  siempre Rey, sólo Rey

Amén.

5.- UN REY CRUCIFICADO

Por Ángel Gómez Escorial

1.- En el ciclo C, que termina este domingo, la opción litúrgica por el Evangelio de San Lucas que narra la escena del Gólgota, durante la crucifixión, con el diálogo entre los dos delincuentes y Jesús, da un "punto fuerte" al comentario presente. Es un rey crucificado –era la peor forma de ajusticiar durante el Imperio Romano—que da testimonio de un Reino, próximo e inmediato. Y está tan cerca que emplaza la canonización del "Buen Ladrón" para ese mismo día.

2.- Se cierra hoy en la Basílica de San Pedro la Puerta Santa que clausura el Año Jubilar de la Misericordia. El domingo pasado se cerraron las otras muchas Puertas Santas abiertas a lo largo y a lo ancho del orbe católico para conmemorar este Año de la Misericordia que el Papa Francisco ha querido que fuera camino misericordioso entre todos. Es tiempo, sin duda, de hacer balance –personal y colectivo—del crecimiento de la misericordia en nosotros. De nuestra favorable tendencia al perdón de las ofensas y la ternura permanente por todos nuestros hermanos y hermanas.

3.- Deseamos llevar lo más lejos posible la idea de ese Rey triunfará por haberse entregado a los demás. Su gloria y su poder llegarían tres días después cuando Dios Padre le resucitó de entre los muertos. Pero hasta entonces su realeza estaba tan apartada de la habitual de la tierra que, desde luego, establecía una diferencia esencial para nosotros. Le va a decir Poncio Pilato que "su reino no es de este mundo" y nosotros debemos tomar buena nota. Hay ligado siempre al hecho religioso un efecto de poder. Y eso es lo que hay que evitar. El Concilio Vaticano II alejó cualquier posibilidad al respecto. La Iglesia es más pobre, está "más crucificada" por la salvación de los pecadores, de los pobres, de los marginados. La Iglesia renueva muchas veces al día la conversación del Calvario. Abre sus diálogos con los malhechores para salvarlos. Es obvio que para salvarse hay que desearlo y sentirlo. El "Buen Ladrón" expresa su arrepentimiento y reconoce la inocencia de Jesús. Después de esto, el pueblo elegido sigue buscando a los "buenos ladrones" para llevarlos al Reino.

3.- "Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él". San Pablo hace en este párrafo de la Carta a los Colosenses (1, 12-20) la más completa –y teológicamente perfecta—definición de Cristo. Es muy singular conocimiento que tuvo Pablo sobre la naturaleza de Jesucristo. Podría decirse que "todo lo dijo ya él" y que el trabajo posterior de la ciencia teológica ha sido complementario. Y así la auténtica condición regia del Salvador está en esos atributos de su condición de Dios y Hombre.

4.- La Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, fue instituida por el Papa Pío XI el 11 de diciembre de 1925. El Concilio Vaticano II sitúa la celebración como final del Tiempo Ordinario y, por tanto, como final del año litúrgico. Su significado es que Cristo reinará al final de los tiempos y supone un plan espiritual de redención lejos de cualquier interpretación de poder político o pseudoreligioso.

5.- El Reino de Cristo es uno de los grandes anhelos de los cristianos. Para algunos, llevados de ciertas interpretaciones más parecidas a los anhelos de los antiguos judíos, creen que este reino es posible en este mundo. Otros, quitándole fuerza, lo sitúan como una entelequia simbólica o abstracta de imposible concreción. Pero Jesús nos precisa que el Reino está cerca y además vive dentro de nosotros. Entonces, ese reino es una forma de vida, una fórmula de amor y una entrega a los hermanos, mientras que amamos a Dios sobre todas las cosas. Está claro que años, además, hemos aprendido que es un Reino de paz, misericordia y perdón.

6.- San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales, en el "episodio" del "Rey Temporal y el Rey Eternal" lo define muy bien. Viene a decir que si nosotros somos capaces de apoyo total a un rey de este mundo que quiere instituir lo que todos queremos y guardamos una relación de identidad con sus postulados, sus vestidos, sus trabajos, sus sufrimientos, etc.; mucho más tendríamos que apoyar a un Rey Eterno que busca nuestra salvación y nuestra felicidad, que constituyen –sin duda—uno de los mayores anhelos. Hemos citado muchas veces ese pasaje de los Ejercicios Espirituales de Ignacio, pero parece claro que adapta como un guante a la Solemnidad que celebramos hoy.

7.- También es posible declarar a Jesús Rey de nuestras vidas. Su ejemplo –el seguimiento de sus enseñanzas—nos trae paz, felicidad, justicia y amor. Y, sobre todo, nos muestra un reino de humildes, de afables, de limpios de corazón, de pobres de cuerpo y de espíritu. Alejado del poder, de la violencia, de la explotación, del odio. Es más que probable que, en un día como hoy, nos sea más difícil comprender fenómenos como el "nacionalcatolicismo" o el "cristianismo de metralleta". Alguna vez he citado yo el llamado gran pecado estructural que definió ya hace unos cuantos años el entonces el Arzobispo de Milán, Monseñor Martini y que no es otra cosa que querer impregnar al cristianismo –para su utilización indigna—de nuestras ideas políticas o de nuestras querencias sociales o nacionalistas.

8.- Es difícil en este día comprender a los manipuladores y a los falsarios del ideal de Cristo. También a los inquisidores o a los moralistas opresores. Asimismo, respetar a quienes en función de una libertad mal trazada pretenden desnaturalizar el cristianismo con falsas tolerancias que no son otra cosa que pecados. Creemos, pues, en el Reino de Cristo como lugar pleno de amor, de solidaridad, de alegría, de paz, de mansedumbre, de esperanza fuerte y…de Misericordia. El Reino ha llegado. Lo que ocurre es que cada uno debe descubrirlo. Y esa es la tarea que el mismo Cristo nos encomienda.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

CRISTO, REY DEL UNIVERSO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- ¿De qué universo se trata? Pienso siempre que leo u oigo la expresión. Es preciso corregir, mejorando, nuestro vocabulario. Para nosotros es más real y positivo el universo en expansión, la cuestión de la antimateria, de los agujeros negros etc. etc. que las monarquías que todavía puedan existir. Regímenes políticos, la monarquía, tan auténticos y posiblemente legítimos como existen otros. Uno debe apelar a la historia pasada, a soberanos escogidos por la Gracia de Dios, para entender el significado simbólico que tuvo la fiesta. Demasiadas maniobras mentales.

2.- Jesús, en el planeta tierra, y en su entorno, ocupa un lugar inminente, el mayor de todos. El centro de nuestra historia y de la que pueda venir, de todo el género humano. Al Maestro no le gustaba especialmente tal apelativo. Cuando se lo quisieron dar las gentes entusiasmadas, se escurrió de ellas y desapareció (Jn 6, 15). En otras ocasiones tampoco hizo caso. Admitió el epíteto cuando prisionero de los judíos y entregado a la autoridad romana, se lo preguntó Pilatos. Sí, soy rey, para eso estoy aquí, en tus manos estoy y demuestro mi realeza tal como es. Cuando, ironías del destino, escribieron en el letrero de la cruz su nombre junto con el calificativo de rey, evidentemente, no pudo evitarlo. Vosotros, mis queridos jóvenes lectores, tendréis seguramente reservada la tal cualidad, la de rey o reina, para rincones de crónicas sociales, en la mayoría de los casos, publicados en la llamada prensa rosa.

3.- Acabamos el Año Litúrgico y la Iglesia nos recalca con esta fiesta que Jesús, el Señor, debe ser el inicio, centro y final de nuestra vida. De la histórica, iniciada el día que nacimos completada por el bautismo y acabada con nuestra muerte. Se pronunció sobre nosotros su nombre y debemos estar preparados para acabar nuestra vida pronunciándolo nosotros libre y conscientemente, cuando llegue nuestro final histórico. Morir rezando, para entrar en el reino del Maestro, que será nuestro Reino. Reyes nosotros con Él. Auténticos, aunque no sepa yo explicaros el significado trascendente.

4.- La segunda lectura de la misa de este domingo es un canto a esta realeza que ejerce Jesús en la trascendencia y a la que estamos invitados, destinados, nosotros mismos. Es precioso poema, meditadlo mientras lo leéis o escucháis. En el Calvario nos lo muestra la liturgia de hoy en la proclamación del evangelio. Agónico está, pero ni aun en esta situación se desentiende de los hombres. Los evangelistas nos recuerdan sus últimas preocupaciones y angustias. A su lado está alguien que se lo merece, según los códigos de aquel tiempo. No le preocupa pensar y proclamar que la pena de muerte es injusta.

5.- Hay alguien que le suplica, que reconoce su valor y su valer y le está pidiendo un favor, que, aunque clavado e inmovilizado, le es posible conceder.

--Hoy estarás conmigo.

No le ha dicho: no tengo tiempo, como cualquiera de nosotros le hubiera dicho. Para ayudar siempre debe haber tiempo. La respuesta es generosa. Contesta a un valiente reconocimiento sincero. El buen ladrón, olvidándose de sí mismo, de su tragedia, increpa al compañero. Vuelve a sí, no para irritarse y rebelarse, sino para reconocer su culpa. Es humilde, además de honesto. Lo merezco, dice, pero aun así se atreve a pedir ayuda.

6.- Se dice del buen ladrón a quien la tradición apócrifa llama Dimas, que ha sido la única persona canonizada en vida. Según el libro oficial, el catálogo de los santos, se le celebra el día 25 de marzo, sin que tampoco se le mencione por nombre alguno. Me he entretenido un poco, mis queridos jóvenes lectores, para que si hoy, mañana o cualquier otro día, tengáis una crisis de angustia y desesperación, os acordéis de Dimas e invoquéis su intercesión. Nadie, creo yo, lo ha nombrado patrón de desasosegados, a punto de caer en aguda depresión. Si sufrís tal situación no os preguntéis si es verdad o si es pura impresión. Sufrís pena, decidle pues: acuérdate de mí, ahora que estás en tu Reino.