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19 noviembre 2016

Comentario al Evangelio de hoy, 19 noviembre


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José Luis Latorre, cmf
Queridos hermanos
Este mes de noviembre andamos un poco melancólicos y sensibles: recordamos a nuestros difuntos, a esas personas que tanto amamos y nos amaron, y el recuerdo nos suscita preguntas: ¿qué ha sido de ellos? ¿existe de verdad el cielo? ¿cómo es? Y es normal que vengan a nuestra mente estas preguntas porque nadie ha vuelto del más allá para decirnos cómo es el cielo y si están allí nuestros seres queridos, nuestros amigos, las personas que hemos admirado…
Os cuente esta historia que sucedió en una clínica. Un hombre muy enfermo estaba muy inquieto y turbado. Agarró la mano del médico y le dijo:

-"Tengo mucho miedo a morir. Dígame, doctor, ¿qué me espera después de la muerte? ¿A qué se parecerá lo que haya del otro lado?"
-"No lo sé", le dice el doctor. ›
-"¿Usted no lo sabe?", le dice el enfermo.
El doctor en lugar de responderle abre la puerta que da al pasillo. No se imaginaba encontrar a su perro, un magnífico pastor alemán, que le había seguido a través de la ciudad, había burlado la vigilancia del portero de la clínica y ahora se encontraba en el pasillo. Cuando el perro vio a su amo saltó sobre él y le manifestó de mil maneras la alegría de haberle encontrado.
El doctor se volvió hacia el enfermo y le dijo: "¿Ha observado el comportamiento del perro? Él nunca había estado en este hospital, no conocía la casa, no sabía cómo eran los lavabos, el armario, las camas, ni de qué color son las paredes de los pasillos. Él sabía que su amo estaba aquí, al otro lado de la puerta, y está contento y gozoso desde que se ha abierto la puerta y me ha encontrado. Mire, yo no sé nada de lo que nos espera del otro lado después de la muerte. Lo que sé es que el Señor Dios, Padre nuestro, está al otro lado y nos espera. Y el día que la puerta se abra, es decir el día de nuestra muerte, yo pasaré al otro lado y recibiré con inmenso gozo el abrazo de Dios Padre."
En el Evangelio de hoy se afirma: “Y que los muertos resucitan lo indica el mismo Moisés en el episodio de la zarza cuando llama al Señor “Dios de Abrahan, Dios de Isaac, Dios de Jacob” No es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos”. Pero también nos advierte el Evangelio “…los que sean dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos”. Ser digno significa haber vivido el mandamiento del amor a Dios y al prójimo, haber vivido las bienaventuranzas y las obras de misericordia.
Última día del Jubileo de la Misericordia: mañana el Papa clausura este año tan especial y tan fundamental, pues ha sido un recordatorio permanente de que la misericordia es el eje vertebral de la vida cristiana, el que sostiene y da sentido a nuestra vida de cristianos. ¡Qué hermoso terminar haciendo hoy una obra de misericordia importante!