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16 noviembre 2016

Comentario al Evangelio de hoy, 16 noviembre


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José Luis Latorre, cmf
Queridos amigos
Lucas nos presenta la última parábola de Jesús, es la última enseñanza antes de llegar a Jerusalén. Jesús personificado en el “hombre noble” debe ir lejos a recibir el “título real” –clara alusión a su Pasión- y después volver –anuncio de su venida al fin de los tiempos-, pero esta venida no será inmediatamente “tardará”. Mientras esto acontece sus servidores –nosotros- deben actuar comprometidamente en el mundo en las tareas encomendadas. Es una llamada a trabajar sin descanso por el Reino en esta etapa intermedia.

Todos hemos recibido talentos –“minas de oro”-: la vida, la salud, la inteligencia, la fe, la Eucaristía, la Reconciliación… y se nos dijo “negociad mientras vuelvo”; se nos ha confiado la misión de trabajar en fidelidad y creatividad. Somos administradores de los talentos, no dueños. A este capital de gracias le sucede como a la naturaleza, crece y florece más el que más vitalidad tiene: quien tiene más amor de Dios, ama cada vez más y produce más, es decir, da más frutos de justicia, paz, misericordia, solidaridad…
Hay un peligro: el miedo. Este paraliza a la persona y no le deja dar fruto. Y termina perdiendo cuanto había recibido. El peligro no es el pecado, los fallos, las deficiencias… sino el miedo, Al miedoso el Apocalipsis le llama “el tibio” (ni frío ni caliente). El tibio es el que dice “es muy difícil hacer el bien”, “ser cristiano hoy”, “no te escuchan, se burlan, se ríen” y por eso no lo intenta, no da ni siquiera un pasito. El tibio dice “yo a mis años ya, eso para los jóvenes”, o “esto se ha hecho siempre así” y no admite ni un mínimo cambio.
Última semana del Jubileo de la Misericordia: ¡todavía tenemos tiempo para vivir las obras de misericordia! Y en especial esa que nos cuesta más y que pensamos que es muy difícil. Si la practicamos, nos ayudará a que las “minas de oro” que Dios nos regaló den fruto. Inténtalo al menos.