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12 octubre 2016

La senda DE LA CONSTANCIA

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Ser misericordioso nunca es un camino sencillo, una senda “de rositas”… El ejercicio de la misericordia tiene muchas contrapartidas, sobre todo si es la misericordia tal como la vivió Jesús. Por eso la senda de la misericordia requiere la senda de la constancia, de la permanencia, de la insistencia, de la resistencia contra viento y marea. No darse por vencido a pesar de todos los reveses, permanecer como misericordioso a las buenas y a las malas. «Cuando se piden los derechos “a tiempo y a destiempo”, o como dice el Evangelio, sin descanso, se consigue al final que el juez injusto haga caso» (homilía). Esa constancia sólo la puede dar una misma constancia y permanencia en la oración, la fuerza de Dios para lograr la victoria -no violenta sino sencillamente justa-: que los pobres sean por fin escuchados. 

TESTIGO DE LA CONSTANCIA 
El ABBÉ PIERRE 
Henri Grouès nació en el seno de una familia numerosa acomodada. En 1931 entró en la Orden de los Franciscanos Capuchinos, y fue ordenado el 14 de agosto de 1938. Poco después sin embargo, debió abandonar el convento por una enfermedad, y se convirtió en sacerdote secular. 
En 1940, ayudó a los judíos perseguidos por los nazis y a los obreros que eran enviados a Alemania a trabajos forzados. Fue detenido por la Gestapo, pero logró escapar a través de España. 
En la posguerra fue diputado entre 1945 y 1951. En 1949, gracias sobre todo a los ingresos de su sueldo como diputado, el Abbé Pierre fundó los Traperos de Emaús. Su primer acogido fue Georges, un ex presidiario que había tenido una vida terrible y sólo pensaba en suicidarse. Georges fue un fiel colaborador durante muchos años. En 1954 los problemas de los Traperos de Emaús serían graves al faltar el sueldo del Abbé Pierre como diputado, lo que les obligó casi a cesar sus actividades. 
En los primeros meses del año 1954, la temperatura en París bajó a niveles incompatibles con la vida humana a la intemperie. Los mendigos y ancianos se amontonaban frente a los respiraderos del metro, en busca de aire más tibio, o formaban montones humanos cubiertos por papel de diario. 
El 1 de febrero de aquel año, el Abbé Pierre irrumpió por sorpresa en Radio Luxemburgo y consiguió que le permitieran hablar en directo. Media hora después, el Ministro de Telecomunicaciones habló por teléfono al Director de la Radio Nacional para llamarle ásperamente la atención por haber permitido semejante programa. Conmovió de tal manera a los oyentes que ya las calles que conducían al Hotel Rochester pululaban de gente que llevaba sus aportes para emprender “la guerra contra la miseria”. Aquella tarde, en grandes carpas militares ofrecidas por el ejército, los pobres de París pudieron pasar su primera noche sin el temor a morir de frío. Desde las frazadas hasta la leña que mantenía las estufas fueron donadas en pocas horas por los parisienses. 
Desde entonces, la organización del Abbé Pierre se extendió cada vez más. Su movimiento pasó a otras ciudades de Francia, y los «compañeros de Emaús» aparecieron en Italia, Argentina, México, Canadá, Congo, Australia, Chile y Perú, entre otros países. Recibió cientos de condecoraciones.
Murió el 22 de enero de 2007, en el hospital militar Val-de-Grace de París a la edad de 94 años. El viernes 26 de enero, unas 2500 personas siguieron desde el exterior de la Catedral de Notre dame, gracias a una pantalla gigante, la misa de exequias del Abbé Pierre. El arzobispo de Lyon, cardenal Philippe Barbarin, elogió el «dinamismo intrépido» de un hombre consagrado «a Dios y al servicio de los pobres».
Algún vídeo interesante:
Biografía (1 hora y media) : http://www.youtube.com/watch?v=9bKxUYHQojk (en francés)
Otra biografía (15’): https://www.youtube.com/watch?v=bySIzBcFwkM (en francés)
UNA ORACIÓN
OTRA VEZ EN EL CAMINO 
Otra vez en el camino… Otra vez… vuelta a empezar.
Otra vez los mismos amaneceres.
Otra vez agenda, rostros, quehaceres.Vas de camino. Otra vez en el camino.No escoges compañeros. Te encuentras compañeros.
Acompañas y calientas el corazón con tu vida y tus palabras.
Aquí y ahora es «el dos mil y más». 
¿En qué se nota? No lo sé. ¡Qué más da!
La vida te está esperando. Sí, espera:
tus ojos, para ir más allá de la superficialidad,
tus manos, para construir la ciudad nueva;
tus oídos, para escuchar el clamor y los susurros
de los que viven, de los que mueren;
tus pies, para dar un nuevo pasoporque hay más allá y más horizontes esperando;
tu boca, para pronunciar palabras de verdad,
de cariño, de justicia, de paz, de fraternidad;tu corazón, para sintonizar con las esperas y esperanzas
de tus hermanos y hermanas, hombres y mujeres.
Otra vez en el camino. Otra vez vuelta a empezar.
Podrá todo ser lo mismo… pero nada será igual. 
Álvaro Ginel