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25 octubre 2016

Comentario al Evangelio de hoy, 25 octubre

Queridos amigos y amigas:
Hoy en la exhortación a los efesios, San Pablo es muy directo con el tema de la familia. Aunque algunos lo tachen de misógino, de machista y en contra de la mujer, la realidad es otra. Al contrario,  él está llamando la atención severamente sobre la unidad entre hombre y mujer, y las carga seriamente respecto al hombre, indicándole la mayor responsabilidad de cuidar, valorar y respetar a la mujer como se respeta, se valora y se cuidad a sí mismo. No sin sugerir que de la otra parte,  la mujer, respete, ame y valore a su marido. Hemos de saber dialogar los temas tan candentes que se presentan en la actualidad y no seguir permitiendo que la soledad del hombre y de la mujer, minen y desbaraten lo más trascendental del proyecto de Dios para los dos: La corresponsabilidad de la pareja en la salvaguarda de la creación y de la dignidad del ser humano en su totalidad. Esto es prosperidad para todos los pueblos, partiendo de Israel, como dice al salmista: “Que el Señor te bendiga desde Sion, que veas la prosperidad de Jerusalén”.

La comunidad lucana hoy reflexiona sobre la pedagogía de Jesús para dar a comprender de lo que tanto viene hablando: El Reino de Dios. Y la comparación como metodología que abre los espacios para analizar, comprender y sacar conclusiones, es lo que más usa Jesús para que los pequeños y sencillos comprendan el misterio de su propuesta. Y su propuesta se centra en un reino sin grandezas, sin dominio sobre otros, sin protagonismos aplastantes, sin explotados y sin explotadores, sin víctimas y sin victimarios. Un reino que como la pequeña semilla, vive el proceso natural, e invisible bajo la tierra y con su calor, pacientemente se deja transformar en eso que acoge, que protege, que se dona y se da sin exigir nada a cambio. Como sugiere el dicho popular”: Quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”. Ese es el Reino de Dios, como el árbol frondoso, donde todas las culturas, las razas, los pueblos se cobijan y se organizan.
Y las comparaciones se tornan más sugerentes, más sorprendentes con la desproporción que reflejan: Una levadura, tan frágil, resulta ser la fuerza vital y transformadora de esta masa, es decir que lo débil es capaz de cambiar la realidad de una sustancia en algo tan significativo como la vida misma de una persona, de una familia, de una comunidad. Eso es el Reino de Dios que Jesús está señalando con su vida. Un Reino que sin hacer ruido, sin violentar a nadie, es capaz de dar sentido a la vida, al proyecto del ser humano integralmente. Eso es lo que ha hecho la levadura, ha transformado la totalidad de la masa, así es el Reino de Dios.
¿Cómo colaboraré hoy para empujar el Reino de Dios en mi ambiente familiar, pastoral y  de trabajo?
Su amigo, 
Julio Corredor Sáenz cmf.