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08 septiembre 2016

Los guardianes de la llama



“La educación no es llenar un balde sino encender un fuego”, termina diciendo la proyección. 
Se trata de un poema animado (“Keepers of the flame”) de Peter y Paul Reynolds, que lo realizaron como homenaje a los maestros, y a su papel fundamental en la educación y aprendizaje de los niños. Cada niño nace con una llama que los maestros mantienen viva y hacen brillar lo más y mejor posible. 
Recurso pues para homenajear a profesores, catequistas, educadores… en cualquier momento. 
Puede utilizarse además en reuniones de educadores, y también en reuniones de padres, con el fin de reforzar el propósito de atender a cada niño en su singularidad y desarrollar sus capacidades personales. Vale también para plantearse un examen de conciencia y evaluación de cómo se practica tal atención personalizada. 
El texto (en la proyección en subtítulos, no siempre de buena traducción) dice: 

Cada niño nace con una llama preciosa dentro de sí. Una llama interior de asombro, y el potencial para comenzar. Esta llama ilumina el camino que se extiende por delante de él, encendiendo la curiosidad, y reavivando la pasión. Pero hay momentos en que esa llama es desafiada (puesta en peligro), desde dentro y desde fuera. Puede flaquear bajo presiones, puede ser sofocada por inseguridades personales. Aunque a veces los niños puedan tropezar, ellos nunca estarán perdidos. Los maestros estarán protegiendo esas llamas a cualquier precio. Junto con el cuidado de la familia, son los maestros quienes permanecen al lado de cada alumno, tanto en las alegrías de la vida como en las tristezas. Estos guardianes de la llama, pueden ayudar y guiar, porque ellos comparten la llama del aprendizaje que arde en el interior. Estos maestros conocen el corazón del niño. Ellos valoran cada tipo de inteligencia. Los maestros ayudan a cada niño a llegar lo más alto, lo más lejos posible, a lo largo del tiempo. Y a adueñarse de los retos a lo largo de su gestión, para aprender y llevar a cabo lo que pueden hacer mejor.
Los maestros celebran los triunfos, y protegen en las tormentas, para mantener la llama encendida, luminosa y cálida. Esta es la hora de volver la mirada sobre ellos, estos guardianes de la llama. Les damos las gracias por su pasión, y se las damos con gran reconocimiento, por sus conocimientos, investigación, ciencia y arte, que les ha permitido ser custodios de las mentes y los corazones. Para mejorar nuestras escuelas, tenemos una opción: el escuchar la voz de los maestros. Voces muy diversas, que protegen la llama interior de cada estudiante con el don de saber qué es lo correcto para mantener cada espíritu brillando fuerte. Así que vamos a escuchar a nuestros maestros, a la hora de imaginar y diseñar escuelas que mantengan nuestras llamas encendidas, y que permitan que cada niño brille.