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31 agosto 2016

Homilías para el domingo 4 de septiembre


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1.- LO HEROICO DE CUMPLIR CON LA VOLUNTAD DIVINA

Por Antonio García-Moreno

1.- DIOS SE NOS ABRE.- Los planes de Dios, sus intenciones, sus pensamientos están ocultos a los hombres. Los deseos, las motivaciones humanas son más o menos previsibles. Muchas veces sabemos lo que nuestro interlocutor piensa, con sólo mirarle a los ojos. Sabemos qué es lo que desea, qué es lo que está buscando. Con Dios no ocurre lo mismo. Él escapa a nuestras previsiones, está por encima de nuestros cálculos. Y a menudo nos sorprende su forma de actuar, nos extraña quizá su pasividad, su prolongado silencio. Y nos preguntamos, inútilmente, el porqué de las cosas.

Hoy nos dice el sabio inspirado por Dios: Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo es el lastre del alma y la tienda terrestre abruma la mente del que medita... Por eso ante Dios sólo nos queda, en ocasiones, el silencio por respuesta, la aceptación rendida de cuanto Él quiere disponer. Conscientes de que sus planes son siempre justos e inapelables. Contentos al pensar que, además de inteligente como nadie, Dios es sobre todo amor.


Señor, si tus planes están escondidos para los hombres, Tú puedes mostrarlos con el fulgor de tu luz, esa luz que luce en las tinieblas y que las tinieblas no sofocaron, esa luz verdadera que, con su venida a este mundo ilumina a todo hombre.

Sí, la tierra oscura, sumergida en la negra noche, ha visto surgir la luz. El día ha despertado y todo brilla en mil colores y formas. La luz, tu luz nos ha penetrado en el alma, sembrando el gozo y la alegría en nuestros corazones, porque sabemos lo que buscas, lo que intentas desde el principio de los tiempos.

Redimir y salvar a los hombres, a todos. Esa es tu voluntad, “que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (2 Tm 2, 4). Y para que esa salvación no fuera como una limosna que nos humillase, quisiste que podamos cooperar a nuestra propia salvación, y conquistar con nuestro esfuerzo, sostenido por tu gracia, ese Reino maravilloso que tú has proclamado.

2.- UN ALTO PRECIO, PERO NO EQUITATIVO.- Como en otras ocasiones, también en la que nos refiere hoy el texto sagrado encontramos a Jesús rodeado de mucha gente. Era fácil y grato seguir al joven rabino de Nazaret, que hablaba con autoridad, amaba a los niños y prefería a los pobres y humildes. No obstante, el Señor les dice que para seguirle hay que posponerlo todo a su amor: los padres, la mujer y los hijos, incluso uno ha de negarse a sí. La doctrina no puede ser más clara, el Maestro no palió las dificultades, podríamos decir que incluso parece exagerarlas un poco.

Por eso no puede extrañarnos de que a veces nos cueste el ser fieles al Evangelio, y en ocasiones llegue hasta ser heroico cumplir con la voluntad divina. Por otra parte, podemos pensar que quien no nos ha engañado en cuanto a las dificultades, tampoco nos engaña en cuanto a la promesa y el premio para quienes le sean siempre fieles. Es cierto, por tanto, que hemos de luchar con denuedo cada día contra todo aquello que se opone a Dios, contra todo obstáculo que se interponga entre el Señor y nosotros; aunque ese obstáculo sean nuestros seres más queridos, o nuestro propio provecho personal. El premio es tan grande y tan duradero que exige un precio elevado, pero no equitativo, pues por mucho que se tenga que sufrir o sacrificar, nunca pagaremos adecuadamente los bienes que el Señor nos ha preparado para toda una eternidad. Por eso estemos persuadidos de que vale la pena sufrir un poco durante unos años, para poder un día gozar mucho y para siempre.

Posponerlo todo al amor de Dios no significa, por otra parte, que uno haya de prescindir del amor a nuestros padres o demás familiares, ni que hayamos de anularnos a nosotros mismos. No se trata de destruir, prescindir o anular, sino de trascender, de sublimar, de elevar a un plano sobrenatural aquello que de por sí es sólo natural. Así, quien se haya entregado al servicio de Dios mediante una consagración a Él, no está exento de querer a sus padres, a los que quizá ha disgustado con su entrega. Tendrá que quererlos y cuidarlos si es preciso, estar atento a sus necesidades y procurar atenderlas. En cuanto a uno mismo, decíamos que Dios no quiere la anulación de nuestra persona sino su perfeccionamiento. Lo que hay que destruir es lo que de malo o torcido llevamos en nuestro interior, todas esas inclinaciones y deseos, claros o larvados, que nos incitan al mal.

Termina diciendo el Señor que quien no renuncia a todos sus bienes, no puede ser su discípulo. El Maestro no se limita a decir claras las cosas, además las repite. Ojalá aprendamos bien su lección y, con la ayuda de lo alto, sepamos dar un sentido nuevo, trascendente y sobrenatural, a cuanto constituye el entramado de nuestra vida.

2. - JESÚS NOS QUIERE LIBRES, NO ESCLAVOS

Por José María Maruri, SJ

1. - Entrando en Segovia (*) por la carretera de la Granja se ve a la izquierda del Acueducto, el armazón de un edificio que de haberse construido hubiera quitado la hermosa vista de una buena parte del Acueducto romano. Ese armazón lleva abandonado muchos años. Nadie dirá que es un edificio a medias. Es simplemente un edificio fracasado y sin esperanzas de éxito. No espera más que el día sea echado abajo.

Pues eso es lo que Jesús no quiere de los que le siguen. Quiere seguidores por entero, porque cristianos a medias son como cristianos fracasados sin esperanza de éxito. No se puede servir a Dios y al dinero. Son palabras de Jesús en otra parte.

2. - El hombre con sus grandes ansías de libertad, cuando desorienta su libertad, acaba siendo esclavo del tabú contra el que se rebela. Nos metieron en la cabeza que estábamos reprimidos sexualmente, que necesitábamos libertad sexual y jamás ha existido una sociedad con más complejo sexual que en la que vivimos. Todo se reduce a sexualidad, y no nos dejan otra opción. Tenemos una sociedad esclavizada a la sexualidad –y con perdón de la expresión—él que no se revuelca en el fango, no pertenece a la piara. Se le margina. Esclavos del ídolo de la libertad sexual.

El hombre debería gozar de libertad para el uso de la droga y resulta que hasta naciones enteras están esclavizadas a los narcotraficantes, por no hablar de los que han perdido su libertad individual por el uso de la droga. Esclavos de la libertad de la droga.

La autoridad era una atadura insoportable y se acabó la autoridad en la familia, en el colegio, en el sitio de trabajo, pero todos sometidos a la esclavitud del partido que tenga mayoría absoluta. Esclavos de una y absoluta autoridad.

Por eso cuando uno explota diciendo: “desde ahora voy a hacer lo que me dé la gana”, hay que dudar de si realmente va a hacer lo que realmente quiere su corazón y su conciencia, ¿o ese hacer lo que me da la gana, no será hacer lo que hacen los demás? ¿Dejarse llevar por la corriente, someterse a la voluntad de la sociedad o de los demás?

3. - Jesús nos quiere enteros y libres. Libres del entorno y libres de nosotros mismos, por eso lo de renunciarse a sí mismo: renunciar a lo que tiene. El hombre tiene dos caras. La que mira a sí mismo y la que mira a los demás. Jesús no nos pide renunciar a las dos. Nos pide renunciar a la primera a la que mira a sí mismo y a todo aquello que está atado a ese sí mismo. Con la otra cara, con la que mira a los demás es con la que realmente seguimos a Cristo.

Jesús nunca se buscó a sí mismo, nunca miró por su propio bien. Jesús fue el hombre para los demás y nos quiere a sus seguidores hombres enteramente para los demás.

Jesús nos dice que si en un deseo de ser libres vamos a caer en la esclavitud de algún ídolo, que caigamos en ser esclavos de nuestros hermanos, porque en ese servicio a ellos encontraremos la única y verdadera libertad.

Jesús no perdió su libertad y su señorío poniéndose a los pies de sus discípulos y levándoselos en la última cena. Aprendamos de Él a ser libres y señores de nosotros mismos, siendo siervos de nuestros hermanos.

(*) Segovia es la capital de la provincia española del mismo nombre y tiene perfectamente conservado un acueducto de tiempo de los romanos, que forma parte del singular paisaje urbano de esa ciudad castellana.

3.- LA RADICALIDAD DEL SEGUIMIENTO DE JESÚS

Por José María Martín Sánchez

1.- Ser sabios de verdad. Este texto de la Sabiduría muestra cómo el hombre siente las limitaciones de su inteligencia, incluso cuando se esfuerza en el conocimiento de las cosas más cercanas y familiares, de aquellas que están al alcance de su mano. Con mayor razón siente su incapacidad cuando pretende llegar con su conocimiento a las cosas del cielo, que le son inaccesibles. De ahí que, para conocer los designios de Dios necesite que descienda sobre él el Espíritu de Dios. La sabiduría es un don de Dios. Evidentemente no se habla aquí de la sabiduría de los filósofos, de la sabiduría que nos hace doctos, o de la ciencia que nos "infla"; se habla de una sabiduría eminentemente práctica, de la sabiduría de la vida que conduce a la salvación integral. En este sentido, sabio es aquel que conoce la voluntad de Dios. La sabiduría que tiene relación con Dios, la experiencia de la fe, está por encima de las capacidades naturales del hombre. Ser hombre en plenitud es saber situarse en actitud de súplica hacia Dios.

2.- Disponibles para Dios y para todos. Sabiduría auténtica es la que hay que tener para comprender el evangelio de hoy: es muy exigente y radical. Hay dos frases que llaman poderosamente la atención: "el que no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío"; "el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”. La traducción litúrgica de la primera frase refleja un cierto pudor. El texto griego no habla de posponer, sino de odiar. Realmente la frase suena muy fuerte: “Si alguno viene conmigo y no odia a.....”. No son afirmaciones fáciles de asimilar; y lo más grave del asunto es que no se trata de un pasaje aislado, sino de una constante a lo largo de todo el evangelio de Lucas: seguir a Jesús implica radicalidad. Jesús es un Señor incompatible con otros señoríos. Estas palabras no acaban de gustarnos y por eso les buscamos la vuelta, como sea y a cualquier precio. ¿Es posible que Jesús nos hable de odiar a los seres más queridos? Jesús no nos pide cosas inhumanas, nos pide que seamos humanos en plenitud, libres de las ataduras de nuestro egoísmo. Tenemos que empezar a descubrir que este odiar significa estar disponibles para Dios y para todos.

3.- Libres para seguir a Jesús con radicalidad. Hay dos pequeñas parábolas explicativas en el evangelio. Ambas tratan de empresas muy difíciles y problemáticas y, por ello mismo, hay que afrontarlas con seriedad y no a la ligera. Así es como hay que afrontar la difícil empresa de ser discípulo de Jesús. Las comparaciones que Jesús propone quieren evidenciar que hacerse discípulo de Cristo es una cosa seria: mejor no empezar, si no se está dispuesto a ir hasta el final. Jesús habla después de la cruz: es la pena de muerte impuesta por los romanos. Por último, el adiós a los bienes, a todos los bienes. Para ser sus discípulos, Jesús no nos pide que cumplamos los mandamientos, que seamos buenos. Nos pide que seamos absolutamente disponibles, que contemos con la posibilidad de la agresión y de la muerte decretada, que no tengamos la obsesión del dinero. Lo específico del hecho cristiano no es la moral. A algunos, Jesús les pide alejarse de los suyos y de los problemas familiares. A todos les muestra que nunca serán libres para responder a las llamadas de Dios, si se niegan a pensar en forma totalmente nueva los lazos familiares y el uso de su tiempo. Duras pueden parecer estas palabras, pero son evangelio de verdad.

4.- INVERSIONES Y RENUNCIAS

Por Pedro Juan Díaz

1.- El mes de septiembre avanza y nos va devolviendo a la realidad de la vida ordinaria. Comienzan los colegios y la vida familiar recupera su ritmo ordinario. Y la Palabra de Dios también nos acompaña en esa “vuelta al cole” que muchos hacemos en este mes. Y lo hace con fuerza, con exigencia y radicalidad. Es la mejor manera de meternos de lleno en la realidad. Y para ello, Dios nos da su Espíritu. “¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría, enviando tu santo espíritu desde el cielo?”. Son palabras puestas en boca del Rey Salomón en la primera lectura, del libro de la Sabiduría, que piden precisamente eso, sabiduría para saber discernir lo que Dios quiere de nosotros en cada momento.

2.- ¿Qué quiere Dios de nosotros en este inicio del nuevo curso? Si miramos el evangelio de hoy, podemos descubrir varias cosas. En primer lugar, Dios quiere que “invirtamos” más en Él, que “apostemos” más, que nos comprometamos en ser más y mejores discípulos suyos. Eso supone también unas “renuncias”: amar más a Jesús que a la propia familia, incluso más que la propia vida; también cargar con la propia cruz, con las propias responsabilidades de cada día; y finalmente, renunciar a poner los bienes y la economía por encima de las personas, e incluso por encima de Dios. “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su familia no puede ser discípulo mío; quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío; el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”. Pero ojo, no es una renuncia para perder, sino para ganar, para conseguir el ciento por uno que nos promete Jesús.

3.- Vistas las “inversiones” y las “renuncias”, es el momento de plantearnos los “objetivos”, lo que queremos conseguir en nuestro seguimiento de Jesús y lo que estamos dispuestos a dejar. Para ello, es necesario sentarnos a planificar como vamos a “construirnos” interiormente: “¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primera a calcular los gastos?”. La torre somos nosotros, lo que Dios quiere de cada uno, y los gastos son las inversiones y las renuncias que estamos dispuestos a hacer. Pero esta planificación no está exenta de conflicto, de ir contra corriente. Por eso, también hemos de estar dispuestos a “batallar”: “¿qué rey, si va a dar batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?”. Estas dos parábolas que Jesús nos cuenta hoy nos iluminan en este inicio de curso para seguir descubriendo lo que Dios quiere de nosotros y como conseguirlo.

4.- La Eucaristía se convierte en un momento de cuestionamiento, de confrontarnos con Dios y con los hermanos. En ella vemos a Jesús que se entregó por entero y se comprometió al 100% por el proyecto del Reino de Dios. Y aunque pasó por la Cruz, nos consiguió la verdadera libertad: ya no somos esclavos del pecado, ni de la muerte. Estamos llamados a la VIDA, a la eterna, a la que no tiene fin, a una vida con Dios, feliz y para siempre. Y eso merece todas nuestras inversiones y todas nuestras renuncias. Que el mundo vea en nosotros hombres y mujeres que escuchan el mensaje de Jesús y lo hacen vida con su manera de ser y estar en el mundo. Así, poco a poco, haremos un mundo mejor para todos.

5.- EL CIELO O EL SUELO, COMO OPCIÓN FUNDAMENTAL

Por Gabriel González del Estal

1.- No tenemos más alternativas: o decidimos vivir como Dios manda, o elegimos dar al cuerpo lo que nos pida. Si decidimos vivir como Dios manda tendremos que vivir luchando todos los días contra las fuerzas del mal, aceptando los sacrificios y esfuerzos que esta lucha comporta. No podremos dejarnos vencer por el egoísmo, ni por el cansancio, ni por la desilusión; deberemos levantarnos cada mañana con el propósito firme de hacer el bien y vencer al mal. Optar por el cielo es, en nuestro caso, dejarnos guiar por Dios, es decir, por el bien, por la bondad, por la justicia, por el amor, por la fraternidad. No lo vamos a tener fácil, porque el cuerpo se resiste y de lo más hondo de nuestro ser surgirán insinuaciones al mal, tentaciones, voces que nos llaman también desde el exterior invitándonos al goce y al disfrute de lo más inmediato y de lo más terreno. Nadie que opte por el cielo se va a librar de esta lucha, porque ni el mismo Cristo se libró de la misma: “el espíritu está pronto, pero la carne está débil, enferma”, escribe el evangelista. Para vencer en esta lucha no son suficientes nuestras solas fuerzas humanas, necesitamos la ayuda de Dios, la gracia de Dios, pero esta gracia y esta ayuda no nos la va a negar Dios nunca.

2.- Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Nuestra cruz, nuestras cruces de cada día, no nos las va a poder llevar nadie. Podremos tener cireneos que nos ayuden a llevar en algunos momentos nuestra carga, pero tendremos que ser nosotros mismos los que llevemos el peso diario y habitual de las pequeñas cruces de cada día. Vivimos en la tierra, en el suelo, y muchas veces esta tierra, este suelo, es un verdadero valle de lágrimas. Si optamos por vivir en este suelo como auténticos hijos de Dios, la cruz va a ser una carga, una sombra que nunca nos va a abandonar del todo. Es evidente que vamos a tener días buenos, días de sol y alegría, pero de las nubes y de las tormentas de cada día no nos va a librar nadie. No necesitamos buscar cruces, ellas vienen solas. Vivir como Dios manda es luchar, es sacrificarse, es aceptar la carga de pequeñas, o no tan pequeñas, cruces que la misma vida nos manda. Ser discípulo de Cristo es caminar por donde él caminó, es seguir sus pasos, desde Nazaret hasta Jerusalén, hasta el calvario y hasta la resurrección. Con la cruz de cada día a cuestas.

3.- El cuerpo mortal es lastre del alma. Después de todo, es la vieja doctrina paulina de la lucha entre el cuerpo y el alma, entre el hombre viejo y el hombre nuevo. Por mucho tiempo que pase, mientras el hombre sea hombre llevará siempre consigo, dentro de sí, esta lucha. Tenemos mucho de animal y algo mucho de ángel; el cuerpo nos inclina hacia el suelo y al alma hacia el cielo. No podemos despreciar, ni minusvalorar la importancia del cuerpo, porque somos cuerpo, pero tampoco debemos cortar las alas al ángel, porque también somos espíritu. La opción fundamental no anula, ni destruye las otras opciones, simplemente las regula y jerarquiza. No queremos vivir sólo como ángeles, ni sólo como cuerpos, queremos que el cuerpo obedezca al espíritu. Esto no es fácil, esto supone una lucha continuada y de por vida. Esto es cargar con la cruz de Cristo, para poder ser y vivir como auténticos discípulos de Cristo.

6.- POR EL SEÑOR, ¡LO QUE HAGA FALTA!

Por Javier Leoz

Caminaban un discípulo y su maestro espiritual por un desierto y, mirándole el segundo al primero, le preguntó: ¿hasta qué punto me consideras importante en tu vida? El discípulo le contestó: ¿Hasta dónde? Te aprecio tanto que, esta pequeña cantimplora con el poco agua que tengo y necesito, te la doy para ti.

1.- “Obras son amores y no buenas razones”. Las lecturas, sobre todo la primera y el evangelio, ponen delante de nosotros varios interrogantes:

-¿Buscamos a Dios de  verdad?

-¿Anhelamos su  sabiduría?

-¿Se nota, no solo de  palabra, que el Señor es nuestra riqueza?

Hacer algo por Dios no significa, en su sentido literal, dejar padres o familia, tierra o riqueza porque el evangelio lo dice. Nuestra pertenencia a la gran familia de los hijos de Dios. Nuestro servicio hacia Él, se manifiesta en un dato: que nada de orden natural se anteponga u obstaculice lo sobrenatural.

Con frecuencia solemos escuchar “Dios sabe cómo soy” “Lo importante es ser buena persona” “No todos los que van a misa son mejores que yo”. En el fondo subyace una justificación: lo centramos todo en nosotros. Cuando dejamos de mirar a Dios, cuando lo relativizamos o lo rebajamos a nuestros propios esquemas, corremos el serio peligro de un Dios a la carta, de n Evangelio a nuestra medida: sin exigencias, sin esfuerzos, sin sacrificios, sin detalles que demuestren que, nuestro seguimiento a Jesús, es auténtico, verdadero y sin fisuras.

2.- Cuando uno vive como Dios manda, las cruces de cada día, se soportan con más garbo y hasta con más valentía. El Señor no nos ha prometido a sus amigos eximirnos de pruebas, caídas o sufrimientos. Pero sí que nos dijo “yo estaré con vosotros todos los días hasta el final del mundo”. No es cuestión pues de querer abrazar cruces para agradar a Dios (no quiere masoquistas). Tampoco es bueno rechazarlas o huir de ellas (la cobardía no es un distintivo de la vida cristiana).

La cruz, la de cada día, se manifiesta en nuestros ideales (cuando los mantenemos firmes), en nuestra fe (cuando la defendemos y purificamos), en nuestra adhesión al Señor (cuando no nos postramos a otros dioses humanos) o en nuestra ofrenda continuada y sincera hacia los más necesitados.

Que el Señor nos haga sentir su presencia de tal modo y con tal fuerza para que nada ni nadie se anteponga al inmenso amor que Él nos tiene.

3.- SOLO TÚ, SEÑOR

Eres  riqueza que me da la posibilidad

de  hacerme con un futuro eterno y mejor

Eres  grandeza, que en mi pobreza,

me  hace mirarte con ojos agradecidos

sentirme  pequeño ante Ti

 gigante, frente a los que creen poderosos.

con  un corazón necesitado de ti,

con  la seguridad de que Tú, eres lo mejor

SOLO TÚ, SEÑOR

Eres  capaz de despertar en mí

sentimientos  de alegría profunda y verdadera

de  conversión y de encuentro

de  fe y de esperanza

de  ilusión por trabajar por tu reino.

SOLO TÚ, SEÑOR

Mereces  todo honor y toda gloria

Toda  alabanza y todo júbilo

SOLO TÚ, SEÑOR

Enciendes  en nuestras almas

los  deseos de seguirte dejando lo que estorba

apartando  lo que nos humilla

olvidándonos  lo que empaña nuestra mirada

SÓLO TÚ, SEÑOR

7. - DESDE LA SABIDURÍA A LA RENUNCIA

Por Ángel Gómez Escorial

1. - El texto del Libro de la Sabiduría que leemos en este 23 domingo del Tiempo Ordinario nos puede servir como propósito en este septiembre, en que la mayoría –aquí en el hemisferio norte—ha vuelto de sus vacaciones estivales y se enfrenta con un nuevo curso. Y, también, lo mismo sirve respecto al contenido del Evangelio de Lucas. No podemos entender los designios de Dios sin la ayuda del Espíritu Santo y no debemos "construir nuestra casa" sin antes haber echado cuidadosamente nuestras cuentas. Además, el seguimiento de Cristo es renuncia de todo aquello que nos separa de Dios y de los hermanos. Ante ello hemos de ser muy cuidadosos respecto a nuestras fuerzas y posibilidades. Seguir a Jesús no es fácil y solo con su ayuda conseguiremos aguantar ese camino.

2.- La renuncia a todo que pide Jesús suele ser interpretada como el camino hacia la vocación religiosa de los consagrados. Ellos –es verdad—renuncian a tener familia, a disponer de bienes personales para dedicarse por entero al servicio de Dios. Sin embargo, puede decirse que esa petición de renuncia la dirige Jesús a todos. Es posible que en cada persona exista un matiz preciso y el casado no va a renunciar –por supuesto—a la familia. Pero sí debe renunciar a una vida desordenada que le aparte de Jesús. Los consagrados constituyen su propia familia y cuando llevan mucho tiempo en una comunidad, las relaciones entre los integrantes de la misma se parecen, sin duda, a las que se practican en una familia.

3.- Por otro lado, no es lícito a un cristiano vivir pendiente de la riqueza. La acumulación de ellas será, en la mayoría de los casos, expolio de otros. Es necesario construir un propósito de vida más cercano a las exigencias de Cristo. No se es cristiano porque sólo se acuda a misa los domingos o se practique una cierta moral pública. Se es cristiano cuando se ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Y para acometer ese programa hace falta renuncia y, también, echar nuestras cuentas.

4. - Impresiona, asimismo, la lectura del fragmento del Libro de la Sabiduría, porque con él se afirma la identidad total entre el Antiguo Testamento y el Nuevo respecto al conocimiento de Dios. Los designios de Dios solo los podrá conocer el hombre con ayuda del Espíritu Santo. Así es. Así fue. Y así seguirá. Sin la ayuda permanente del Espíritu es imposible conocer lo que Dios quiere de nosotros. Es verdad que Jesús "fue la imagen del Dios invisible" y nos enseñó a reconocer el amor desbordante del Padre hacia sus criaturas. Pero eso mismo, sin la ayuda del Espíritu, no nos llegaría, no lo entenderíamos. Muchas de las especulaciones "cientificistas" que hacen algunos respecto a la figura de Cristo, o en torno a la presencia de Dios en la creación, y que se pierden por caminos de adivinanzas o de conjeturas interminables, se deben a la ausencia del Espíritu. Cuando el Espíritu Santo está en nosotros todo llega fluidamente y con una profundidad que no procede de nosotros mismos. Pretender llegar al "fondo" de Dios cerrándose al Espíritu es --casi-- una pérdida de tiempo. Eso no quiere decir que no tengan mérito los esfuerzos de personas que, sin recibir al Espíritu, buscan a Dios. Y, en fin, el contenido del texto que leemos hoy en el Libro de la Sabiduría nos demuestra que eso ya lo sabían muchas generaciones antes del nacimiento de Cristo.

5. - En ningún caso debemos ser frívolos en los planteamientos de nuestro desarrollo como personas próximas a Cristo y a sus enseñanzas. Hemos de echar cálculos en función de cómo deberemos administrar dicha dedicación. No se puede pasar, por ejemplo, de una actitud religiosa privada e intimista a una participación más directa y pública en las actividades de --por ejemplo-- nuestra parroquia. Ello puede producirnos una notoriedad que nos asuste; o que, por el contrario, incremente una vanidad personal, de manera innecesaria. Hemos da dar los pasos bien medidos y hacer nuestros cálculos. Es cierto que Dios nos ayudará en todos los caminos que tomemos y sean útiles para el desarrollo de su Palabra y el apoyo a los hermanos. Pero hemos de poner por nuestra parte todo aquello que nos conduzca a un final término. Asimismo, quien se encuentre en la cercanía de una vocación religiosa plena también debe echar sus cuentas. Las grandes decisiones de la vida han de estar avaladas por la reflexión. Será, sin duda, el Espíritu quien nos envíe dicha vocación, pero hemos de saberlo.

6.- Iba a ser San Ignacio de Loyola quien mejor trazara las líneas maestras de este "echar las cuentas" en las materias espirituales. Los modos de elección y los sistemas de discernimiento que aparecen en sus Ejercicios son extraordinariamente útiles. Y decimos útiles. Ignacio buscaba la aprobación fehaciente por parte del Señor de todos sus trabajos. Impresiona en la lectura de su "Diario Espiritual" como dice misas para saber que debe hacer con las futuras rentas de la Compañía de Jesús. Pero San Ignacio ya se "mueve" dentro de lo místico. Tiene a la Trinidad Santísima y a la Virgen María al lado. Será esa petición de ayuda al Señor y el trabajo serio e intenso de discernimiento lo que nos lleve a conocer --sin apenas dudas-- nuestro camino futuro.

7. - San Pablo en su carta a Filemón pide clemencia por el esclavo Onésimo, fugado de su casa y, posteriormente, reunido con el Apóstol. Pablo nos va a dar siempre esa aproximación insuperable a la realidad de su tiempo sin dejar de dar mensajes válidos para todas las épocas. La esclavitud era un "sistema de producción" dentro de la economía de ese tiempo. Sin duda, esa mano de obra barata y fiel había ayudado a construir imperios. Hombres, mujeres y niños constituían parte del botín de las guerras y pasaban a ser utilizados por los vencedores. En el Antiguo Testamento aparecen las deportaciones que sufrió el pueblo judío. Egipto, Babilonia son destinos de esclavitud. San Pablo pide hermandad entre esclavo y amo y, sorpresivamente, no pide la liberación de Onésimo. Pero es que el respeto por la ley civil del Apóstol es lo que dio marcha a su largo camino. Desgraciadamente, la esclavitud estuvo bien presente entre pueblos cristianos hasta la mitad del siglo XIX y está el episodio de los negros africanos en América del Norte y del Sur. Aunque Pablo da doctrina para la abolición de la esclavitud estaría vigente –como decíamos—durante muchos siglos.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

LA OCASIÓN LA PINTAN CALVA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Es una expresión típicamente castellana. O tal vez lo era, porque con esto de los wasap, frases de estas con seguridad se pierden. Es muy probable que la desconozcáis vosotros, mis queridos jóvenes lectores, pero no podéis negarme que tiene gracia. Lo que sí estaréis de acuerdo es de que en la vida, en la única vida que se nos ha concedido, perdemos mucho tiempo y no aprovechamos todas las ocasiones que se nos presentan para hacer el bien, pasándola atolondrados o sin querer pensar en el futuro. Ahora se me ocurre que la expresión que seguramente sí que os suene, es aquella que decimos reflexionando sobre una oportunidad perdida: aquel día perdí el tren.

2.- La Carta a Filemón es uno de aquellos textos bíblicos que cuesta entender que se le llame libro. No llega a ocupar ni siquiera una página. En la misa de este domingo leemos un fragmento, pero, para que mejor entendáis el contenido, me referiré a todo el contexto. San Pablo la escribe encarcelado. Yo no sé cómo sería la prisión en la que se encontraba, lo que os puedo decir es que las que he visto de aquel tiempo, en Tierra Santa o en Roma, son simples cavernas naturales, cerradas por una puerta de rejas metálicas. Nada que se les asemeje a los presidios de hoy. Imaginad la falta de iluminación, los malos olores, las dificultades de convivencia. Desconozco los efectos que tales lugares producen en prisioneros comunes, encarcelados por delitos criminales, cuando he tratado con alguno, no me han hecho referencia a ello. Con quienes sí que he tenido contacto y lo hemos hablado, ha sido con universitarios condenados por actuaciones políticas o terrorismo menor, de pintadas murales o propaganda clandestina. La situación en una cárcel les deprime, sienten horrible claustrofobia, etc. Algo así debía ser la situación de Pablo. Él que era un intelectual políglota, versado en las escrituras y literatura griega, vive ahora sin gozar de libertad y convive con comunes, como este Onésimo, vulgar esclavo y ladrón. Cualquiera prescindiría de la compañía de un tal individuo y evitaría confidencias comprometedoras. El Apóstol, no. Para colmo de desdichas, el hurto que le había llevado a la mazmorra al tal sujeto, se lo había causado a un amigo. Imaginaos el encuadre. Vive en penumbra o en oscuridad, está injustamente cautivo, olores que apestaban, etc. etc. En una tal situación habla con ellos de la Fe y el ladrón le escucha y se convierte y, por lo que se deduce del contexto, allí mismo se bautiza.

4.- Ya sabéis, mis queridos jóvenes lectores que generalmente es más fácil quedar libre por un delito común que por causas de carácter político o social. El que gobierna teme más al agitador que al simple ratero. Nuestro esclavo Onésimo, sale libre y Pablo no se desentiende de él. Debe volver a su condición de esclavo, así lo establecía la ley. Sería inútil sublevarse contra esta injusta realidad social que tardará siglos en corregirse, si es que ha llegado a dejar de existir aun hoy en día. Lo que sí puede hacer a favor del hermano bautizado, es recomendárselo al que volverá a ser su amo. Le recuerda amablemente como, de acuerdo con su Fe, debe tratarlo. Añade para más inri, que si alguna cosa Onésimo le debe, que lo ponga a su cuenta, a la del mismo Pablo.

5.- Con humilde sinceridad le recuerda que la labor apostólica que ha hecho a favor de suyo, al ciudadano libre y rico Filemón, tiene valor, pese a no estar tarifada. Le recuerda que se lo podría quedar, tan estrecha ha sido la relación personal, pero no es egoísta y se lo recomienda, encomendándole que lo reciba como si se tratara de sí mismo. En medio de sus penas, no pierde la esperanza de salir un día libre y poderle visitar. Le da recuerdos de parte de compañeros de cárcel y hermanos en la Fe.

¿Os habéis dado cuenta, mis queridos jóvenes lectores, de los valores humanos y cristianos que esta carta confidencial entraña? ¿Podríais vosotros escribir una nota breve, repleta de referencias a la amistad, a compromiso de la Fe y a haber aprovechado el tiempo de la cárcel, como tantos tiempos inútiles os tocará aceptar, para enriquecer al compañero? El Papa Francisco dijo al llegar a Brasil: os traigo lo mejor que existe: Jesucristo ¿podríais vosotros decir una cosa semejante? ¿Os sentís agradecidos, deudores, de los que os han trasmitido la Fe?

6.- No dejéis de leer el documento entero, es una delicia, os vuelvo a repetir que ocupa menos de una página. ¡Ah! Y daos cuenta de que el autor del texto es Pablo, hagiógrafo se llama al tal encargado de cumplir esta misión. El inspirador, autor fundamental, es Dios. Quiso Él que supiéramos los nombres concretos de compañeros de presidio, del hijo espiritual, engendrado en incómoda situación y del destinatario amigo. Le gusta al Señor la amistad humana, concreta, determinada, comprometida por tanto. Su mismo Hijo lo fue de algunos de su tiempo y quiere serlo nuestro. No se trata de compañeros, colegas o simples camaradas.