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17 agosto 2016

El papel humanizador de la fe

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Filósofo y escritor de éxito, José Antonio Marina (Toledo, 1939) fundó hace 7 años una universidad online para padres. En la II Semana Diocesana de la Familia de Málaga participó con su ponencia: “Educar, una responsabilidad de todos: familia, escuela, sociedad”.
– El título de su ponencia hace referencia a la necesidad de ponernos de acuerdo. Usted cita mucho la frase de que “para educar hace falta la tribu entera”

-Exactamente, comunión. Los niños reciben influencias por muchos canales. Uno, importantísimo e imprescindible, son las familias por supuesto. Otro, igualmente importante, es la escuela. Pero, tanto la escuela, como las familias, como los alumnos están sometidos a una influencia del ambiente que muchas veces complica la vida. Por lo tanto, necesitamos llamar la atención a la sociedad de que haga lo que haga está educando y que en consecuencia tiene una responsabilidad educativa. Y a los demás agentes educativos, en especial a la familia, cuáles son sus deberes, pero también sus posibilidades. Y a la escuela, lo mismo. Hay que hablar de la necesidad de que familia y escuela colaboren y se entiendan, cosa que no se está haciendo bien ahora. Hay una fractura muy desastrosa entre escuela y familia por culpa de los dos o por culpa de nadie, como quiera verlo. Lo cierto es que se comunican mal, colaboran mal, y eso en último término es perjudicial para nuestros niños y adolescentes.

– La educación en España es un problema
Aparentemente. Porque, de hecho, cuando las encuestas preguntan a la ciudadanía cuáles son sus grandes problemas, nunca aparece la educación. De manera que hay que volver a recordar a todo el mundo que, en efecto, la educación es un problema importantísimo. Que es un problema que no estamos tratando bien, pero que es un problema que tiene solución. Porque nos hemos recluido en una especie de discurso dramático de impotencia, trágico, cuando la educación no es eso, es una actividad animosa y alegre.
– ¿Han delegado demasiado las familias su deber educativo en la escuela?
-Una parte de la educación sí debe confiar la familia a la escuela. Pero eso no significa que la familia no tenga sus propios deberes y tareas educativas. Lo que pasa es que muchas veces no sabe cómo hacerlo. Es verdad que hay un porcentaje de familias que se desentienden de la educación y lo transfieren a la escuela. Pero mi experiencia es que hay muchísimas familias, muy interesada, muy preocupadas, pero que no saben cómo hacerlo. Fue por esa razón por lo que hace ya siete años fundé la Universidad de Padres online para ayudar a los padres a realizar esa tarea que es absolutamente imprescindible. No solamente para ellos, para sus alumnos, sino para la sociedad entera. Por eso, yo invito a todos nuestros oyentes a que entren en la página http://www.universidaddepadres.es para que vean lo que estamos haciendo, para que reciban nuestra revista que es gratuita y para que se den cuenta de las posibilidades educativas que tienen.
– Nadie nos ha enseñado a ser padres hoy
-La educación es más sencilla cuando el entorno vital es muy estable. Durante muchos siglos, las formas de vida estaban muy establecidas, había un consenso general sobre valores, había también menos libertad, había un sistema de autoridad y de obediencia muy fuerte que tenía su aspecto bueno, pero también su aspecto malo. Pero ahora, las sociedades cambian aceleradamente y exigen otro tipo de educación y un tipo de aprendizaje continuo, no solamente a los alumnos sino también a los padres. En este momento, en una sociedad del aprendizaje como estamos ahora, los adultos también van a tener que estar aprendiendo continuamente si no quieren quedarse marginados. Basta con recordar lo que ha sucedido por ejemplo con las nuevas tecnologías. Todo el mundo ha tenido que aprender aceleradamente si no quería quedarse absolutamente en la cuneta. Y eso exige más a todos. Exige más a los padres, exige más a los docentes, porque las circunstancias son más complejas que eran hace 50 años. Pero tiene también su aspecto bueno, de manera que ahí tenemos que estar a la altura de los tiempos y saber atender a nuestras responsabilidades que algunas veces pueden ser difícil y por eso necesitamos colaborar entre todos y ofrecernos ayuda mutua.
-Parte de culpa tiene también que la educación haya sido un campo de batalla político
-La educación española desde el siglo XIX ha estado ideologizada. Y ha estado ideologizada por muchas razones: políticas, religiosas… Y eso ha sido malo para la educación. Porque, dicho de forma injusta pero clara, la ideología es a la educación lo que la mixomatosis al conejo, que acaba con ella porque todo el mundo quiere utilizar la educación para adoctrinar.
Y no, la educación está por encima de eso. Tiene que estar preocupada por el desarrollo completo de los niños y de los adolescentes, de prepararlos para los dos grandes objetivos que tiene la educación: uno para que sean felices, lo que quiere decir que hay que prepararlos para tener un buen trabajo; y otro para que sean buenas personas. Y esas dos cosas tienen que conjugarse dentro de un buen sistema educativo. Y en España, no es que tengamos un sistema educativo terriblemente malo. Tenemos un sistema educativo mediocre. Cuando vemos nuestra situación en los rankings internacionales vemos que estamos hacia la mitad. No somos catastróficos. En cualquier caso, eso no se corresponde ni con la tradición de la cultura española, ni con la inversión que se hace en educación, ni con la potencia de nuestro sistema educativo y productivo. De manera que hemos fracasado en tener una escuela de alto rendimiento. Y lo más grave es que nos hemos acostumbrado a ello. Por eso, a mí me gusta explicar, para que la ciudadanía lo comprenda, que con el presupuesto de Educación que teníamos los españoles hasta que empezaron los recortes, el sistema educativo español puede convertirse en un sistema de alto rendimiento, equiparable al de Finlandia, en cinco años. ¿Se va a hacer? Yo creo que no ¿Por qué? por que nadie se lo cree, porque hay que trabajar, porque no se sabe, no se gestiona bien. Pero los ciudadanos debíamos saber que eso es posible para, ahora que estamos en época de elecciones, exigírselo a los políticos: “Oiga, póngame un objetivo a tiempo fijo”; pero no lo van a hacer.
– La que al final paga los platos rotos es la asignatura de Religión ¿Qué piensa usted de la Religión en el colegio? ¿Sí o no?
-Las religiones tienen una tradición que pesa mucho. En España, la presencia de la Iglesia en todo el sistema político ha sido muy potente y eso le ha costado mucho. Al final, todo el mundo ha pensado que se había aliado con quien no debía y eso ha perjudicado la tarea de la Iglesia. En la escuela, se debe permitir que los padres elijan el tipo de enseñanza religiosa y moral que reciban los hijos; pero, al mismo tiempo, la escuela tiene que dar una formación ética universal, porque no va en detrimento una cosa de otra. Lo que me parece una mala decisión es que sean excluyentes. O haces Religión o vas a Ética. No, es que la Educación Ética es la que acerca a todas las personas como ciudadanos, y la Religión Cristiana o Católica o Musulmana o Judía, a aquellas personas que, por su fe, quieren recibir esa educación. Pero si empezamos a establecer oposiciones, es mala solución. Debía darse en cambio una asignatura como la que se va a introducir en Francia. Francia es el paradigma de la educación laica. Pero después de los atentados de Charlie Hebdo, lo que ha dicho la ministra de educación francesa es que tienen que potenciarse la enseñanza de la ética pero que tiene que introducirse una asignatura para comprender el fenómeno religioso; para conocerlo y para saber de qué va. Yo creo que eso es una buena solución, porque el fenómeno religioso, la experiencia religiosa ha tenido un papel humanizador definitivo en la historia de la humanidad y necesitamos conocerlo. Lo que pasa es que en España se han planteado las cosas siempre con un debate muy violento por un lado y por otro y eso es malo para todos. ¿Que la religión tiene que estar en la escuela? Sí. ¿Que debe haber una religión confesional para quien lo quiera? Sí, pero nunca enfrentar a una asignatura de ética cívica, porque eso es un disparate.
– Ha sido precisamente un gobierno del PP quien, con la ley Wert, ha reducido la Religión a la mínima expresión
-El problema que tiene una ley como la ley Wert es que es una ley de improvisaciones continuas, sin tener un modelo educativo claro, en que no han sabido explicar las cosas. Después de que, en la época de Zapatero, hubiera un debate tan violento acerca de la Educación para la Ciudadanía (EpC), ahora se ha incluido en todos los cursos de Primaria y en todos los cursos de Secundaria. De manera que hay tres veces más EpC que en la época de Zapatero. ¿Cuál ha sido el problema? Que entonces, lo que estaba en discusión no era la asignatura, es qué pasaba con la asignatura de Religión. En el momento en que la asignatura de Religión se ha aceptado, pues han dicho: “Ahora, EpC a grifo abierto”. Hay una serie de contradicciones en la ley de Educación que no responde a un claro diseño educativo. Se ha ido haciendo a trompicones. Con idas, con vueltas… A estas alturas nadie sabe si se va a poner en práctica, porque los currículum acaban de salir ahora y no da tiempo. Ha sido un desbarajuste de tal categoría que eso no ha sido bueno para nadie.
– Se valora mucho la nota, la competencia, pero poco el desarrollo integral…
-Hay una preocupación por aprobar, no por saber. Y eso empieza en la escuela de Primaria. Las cosas de Educación son complicadas de hacer. Y una norma que puede parecer buena puede producir efectos contrarios a los que quería producir. Concretamente, el de las evaluaciones. ¿Tiene que haber? Por supuesto, pero evaluaciones de los alumnos y de los profesores, porque entonces no sabemos si lo estamos haciendo bien o mal. Con respecto al sistema de exámenes o reválidas múltiples hay muchas dudas. Me contaban el otro día que en Valencia se ha puesto una evaluación en tercero de Primaria y que durante el semestre anterior a la prueba de evaluación, los maestros ya lo único que hacen es preparar a los niños para el examen de evaluación. De manera que se acabó el desarrollo educativo progresivo y pautado, porque ahora lo que importa es quedar bien en las pruebas, y entonces las pruebas son únicamente para detectar el nivel pero no contribuyen al progreso de ese nivel. Tiene que haber pruebas de evaluación muy continuadas, muy bien hechas, en las que sepamos qué hay que mirar en los alumnos. Se trata de hacer que esas pruebas les ayuden a aprender mejor, no únicamente para que les digamos: “Tú has llegado y tú no has llegado”. Hay que ayudar a que todos lleguen, no discriminar a quien no ha llegado.
– Fuera del ámbito académico ¿Ayuda la fe al desarrollo del niño?
-Según se enseñe. Si se enseña bien, la fe cristiana es una fuente de desarrollo, de espiritualidad, de comprensión, de percepción de valores; y, si se enseña mal, ha sido una fuente de miedo y de limitaciones.
Yo he visto cuando hacía la mili cómo se obligaba a la práctica religiosa a todo el batallón formado. ¿A quién se le ocurrió que eso era la manera de poder transmitir la fe? Ahora hay un problema que las personas más lúcidas dentro de la Iglesia están viendo cómo se resuelve: ¿Cómo se transmite la enseñanza religiosa? ¿Cómo se suscita la fe? Y eso se está haciendo así así. El tema de la fe es un tema muy complejo, no depende de la voluntad de cada uno. Es un don. Lo que tenemos que hacer es preparar a las personas para que dentro de la teología cristiana, estén dispuestas a recibir algo que no depende de ellos y eso viene por cosas que estaban ya dichas en las bienaventuranzas: la limpieza de corazón, el amor a los demás… Todas eran predisposiciones éticas: pórtate bien y lo demás vendrá por añadidura, busca el Reino de Dios… A veces, queremos construir la casa por el tejado.
En la Biblia, el problema de cómo se llega a la fe no es: “predica y obedece”, sino “¿quién subirá al monte de Yahveh? ¿Quién llegará a la fe? El hombre de corazón recto y pura voluntad”. Vamos a intentar que el comportamiento sea lo más “puro posible”, lo más caritativo posible, lo más ético posible y lo demás vendrá por añadidura y, si no, caerá en tierra yerma. Lo otro es querer sembrar en piedras y produce adoctrinamientos con muy poco recorrido como ha pasado en España.
Si España era un estado confesional donde todo el mundo iba a Misa en los pueblos, ¿por qué razón de repente eso se colapsa y desaparece? Porque era una fe muy superficial. Mucha gente iba a Misa en el pueblo por el qué dirán y cuando venían a la ciudad, dejaban de ir a Misa. Pues mira, no tenía gran valor todo aquello. Ahora ha habido un proceso de purificación y los cristianos, lo son mejor que nunca».