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30 agosto 2016

Domingo 4 septiembre: Liturgia 2


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DOMINGO 4 DE SETIEMBRE DE 2016
DOMINGO XXIIIº DEL TIEMPO ORDINARIO


PREPARACIÓN: 
Antes de la salida del celebrante

Hermanos celebramos hoy el domingo vigésimo tercero del tiempo durante el año. Y Jesús permanentemente nos recuerda que no es fácil ser su discípulo, por eso venimos a su celebración para escucharlo y pedirle su fuerza, su ayuda.

AMBIENTACIÓN: 
Luego del saludo inicial y antes del acto penitencial

Necesitamos ser enseñados por Dios, ya que somos incapaces de conocer sus designios; y Él nos introduce en el mundo de lo divino, manifestando sus designios mediante su Hijo hecho hombre: Jesús, que nos enseña que es necesario amar a Dios con un amor absoluto, por encima de toda criatura, y que ocupe el primer puesto en nuestro corazón. Hoy Jesús nos llama a tomar conciencia que no es posible vivir el cristianismo a la ligera; la vida del discípulo exige aceptar el dolor y abrazar la cruz.


1ª. LECTURA:  (Sb 9, 13-18)        (Ver texto)

Esta lectura que vamos a escuchar nos habla de los planes misteriosos de Dios sobre el hombre y su historia, invitándonos a buscar las intenciones que Él tiene sobre cada uno de nosotros.

SALMO RESP.:     (89, 3-6.12-14. 17)    (Ver texto)

                    R.   ¡Señor, Tú has sido nuestro refugio!

2ª. LECTURA:    (Flm 9b.10. 12-17)    (Ver texto)

Esta breve carta de Pablo está dirigida no sólo a Filemón, sino a todos; en palabras sencillas pero plenas de contenido cristiano.

EVANGELIO:   (Lc 14, 25-33)      (Ver texto)

Jesús, en dos pequeñas parábolas que vamos a escuchar en el Evangelio de hoy, quiere invitarnos a una profunda reflexión antes de decidirnos a la renuncia para seguirle.

ORACIÓN DE LOS FIELES:

CELEBRANTE:

Padre bueno, porque no sabemos dirigirnos a ti como deberíamos, te pedimos humildemente que nos infundas tu Santo Espíritu, para que él ore en nosotros.

GUÍA:  A cada una de las peticiones responderemos orando:

"SEÑOR, ESCÚCHANOS Y DANOS FUERZAS EN TU SEGUIMIENTO"


v Por la Iglesia y el Papa Francisco, para que en su voz escuchemos hoy al mismo Jesús que nos llama a una fidelidad total a las exigencias del Evangelio, a ir contracorriente y pedir a Dios fuerza para seguir adelante, oremos...

v Por nuestra Iglesia diocesana, para que por el testimonio de nuestro Obispo y nuestros sacerdotes, sea ejemplo de una decidida opción por tu Hijo y su Evangelio, con total disponibilidad y un compromiso de vida para seguirle, hoy y siempre,oremos...

v Por nuestra querida Patria, para que gobernantes y gobernados, asumamos el compromiso de trabajar para que la educación sea uno de los pilares fundamentales de nuestra nación y todos puedan acceder a ella, oremos...

v Por tantas familias que en nuestra comunidad y en nuestra Patria carecen de lo indispensable para vivir dignamente, para que sientan tu amor de Padre en nuestra generosa ayuda, oremos...

v Por todos los miembros de nuestra comunidad, para que dando testimonio de que Dios es verdaderamente el centro de nuestras vidas,  demostremos con hechos concretos nuestro compromiso radical con la misión de su Hijo, oremos... 

CELEBRANTE:

Señor de misericordia, que despides a los ricos sin nada y colmas de bienes a los pobres, escucha las plegarias de quienes sinceramente desean se haga en todo tu voluntad. Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS:

Seguir a Cristo, renunciando a todo, incluso a nosotros mismos, es el ofrecimiento que ahora el Padre espera le presentemos junto al pan y el vino para el Sacrificio.

Al término del “Lavatorio de Manos” y cuando el celebrante vuelve al centro del altar y antes de la oración siguiente, se hace poner de pie a la asamblea

DIÁLOGO DEL PREFACIO:
Al iniciarse el Prefacio (antes de "El Señor esté con vosotros")

Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud para que seamos realmente libres. Este es el mensaje que los cristianos debemos proclamar y vivir. Con el aliento que nos da el sentirnos libres, hagamos nuestra acción de gracias.

COMUNIÓN:

Después del signo de la paz que expresa nuestra firme voluntad de amarnos los unos a los otros como Cristo nos amó, podemos unirnos a Él en la comunión, para que crezca en nosotros la fuerza de la vida cristiana.

COMUNIÓN ESPIRITUAL:
Al término de la distribución de la comunión.

Hermanos:
Todos aquellos que no han podido acercarse a recibir a Jesús Sacramentado, pueden hacer la Comunión Espiritual rezando la siguiente oración:

Creo Señor mío que estás realmente presente
en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo
ardientemente recibirte dentro de mi alma;
pero, no pudiendo hacerlo  ahora sacramentalmente,
ven al menos espiritualmente a mi corazón.
Y como si te hubiese recibido, me abrazo
y me uno todo a Ti;
Oh Señor, no permitas que me separe de Ti.
Amén.

DESPEDIDA:


Ser discípulos de Cristo nos exige el jugarnos totalmente por los demás, viendo en ellos al mismo Cristo y sintiendo sus necesidades como propias.