Jesús nos habla claro: sus enseñanzas nos dividirán. Y así ha sido desde el momento mismo en que inició su vida pública: hubo quienes creyeron en él y quienes lo rechazaron. Éstos últimos inevitablemente acabaron por rechazar y atacar a quienes le siguieron, iniciándose así la persecución de los primeros cristianos.
El día de hoy los católicos no necesariamente somos perseguidos, pero sí atacados. Porque en ocasiones seguir a Cristo, implica ir ten contra de los criterios de la mayoría en el mundo, por ejemplo: perdonar a quien nos ofende en lugar de buscar venganza; atesorar buenas obras en lugar de dinero; decirle sí a la vida de un hijo en lugar de abortar; buscar primero el bien del otro, en lugar del propio; alegrarnos por el bien del otro, en lugar de envidiarle…
Hacer lo que Jesús nos enseña y enseñarlo a otros, puede dividirnos, ganándonos el rechazo y la crítica de quienes no creen en él. Pero el mismo Cristo con su ejemplo, nos enseñó a no temer a este rechazo, pues como dijo en sus bienaventuranzas: “Dichos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.
¿Cuántas veces y en qué ocasiones he preferido seguir los criterios del mundo con tal de no ser rechazado?
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