AMAOS COMO YO OS HE AMADOQUINTO DOMINGO DE PASCUA
Hechos 14,21b-27; Apocalipsis 21,1-5a y Juan 13,31-33a.34-35
OBSERVACIONES PREVIAS
Dicen que la idea que acompaña siempre a la Pascua es el descubrimiento del hermano. Se trata de un proceso que va de lo personal a lo comunitario; por decirlo de algún modo, un proceso que va “del yo al nosotros”.
• De la experiencia que van contando algunos, se llega a la proclamación de que “Jesús está vivo”, de que Jesús es “el Señor”… Y este anuncio gozoso conlleva un cambio sustancial en las vidas de los testigos.
• Frente al “hemos visto al Señor”, el “si no lo veo no lo creo” de Tomás. (Domingo II de Pascua). “Pedro, ¿me amaste más que estos?” Parece que lo definitorio no es lo que uno ha hecho (bien o mal), sino el amor que se tiene al Señor. (Domingo III de Pascua).
Y “yo soy el Buen Pastor… Mis ovejas me conocen y yo las conozco”… (Domingo pasado)…
• De lo personal a lo comunitario, “del yo al nosotros”… que ya hemos indicado. Mucho hemos de progresar en nuestra fe, hasta descubrir a los hermanos de Jesús, nuestros hermanos. ¡Esa es la gran experiencia de la Pascua: el descubrimiento del hermano!
PARA REFLEXIONAR
Los apóstoles organizan la Iglesia
En la primera lectura contemplamos a Pablo y Bernabé recorriendo centenares de kilómetros en unas condiciones que hoy diríamos precarias. Habían experimentado el nuevo sentido de sus vidas y no podían guardárselo para ellos. Así aparecen presentando a los nuevos convertidos la llegada del Reino y pidiéndoles perseverancia en las tribulaciones. Mientras, ordenaban presbíteros y organizaban las comunidades, lanzados a una actividad apostólica de la que dan razón a la propia comunidad.
¿A qué responde este trabajo decidido y constante? ¿Quién se ha apoderado de sus vidas que les da tanta fecundidad? La respuesta es el amor a los hermanos, con aquella frescura y grandeza del mismo amor con que Jesús les había amado.
El testamento de Jesús
El ambiente de la última cena es de máxima intimidad con el Maestro. Como testamento y revelación, como paso previo hacia la glorificación pascual, como despedida de los amigos que tanto ha amado, Jesús les propone el mandamiento nuevo, último y definitivo: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros”.
¿Y la medida de este amor? Tal como el mismo Jesús ha amado. Esta es la razón y la señal que en lo sucesivo identificará a sus discípulos.
Todo se reduce a amar como Jesucristo
¡La síntesis del cristianismo! ¡La síntesis de las bienaventuranzas! ¡La síntesis de los mandamientos (amar a Dios y al prójimo)!
Amar, pues, según el mandamiento nuevo de Jesucristo, significa administrar el pan a quien no lo tiene, el pan que alimenta el cuerpo, pero también el que alimenta la fe; significa amor a los de fuera e incluso a los enemigos; significa llevar el amor hasta los límites a los que Jesús lo llevó, internándose en campo contrario en solitario y con valentía; significa ser signo creíble de la Iglesia de Jesucristo, como lo fueron Pablo y Bernabé; significa vivir el gozo de la Pascua de acuerdo con el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, que es punto constante de referencia, que cimienta la vida y que inspira y busca el modo de servir y darse a los demás.
Nada más ni nada menos que eso es lo que celebramos en la eucaristía, en esta eucaristía.
PARA COMPROMETERSE
• Seguimos en tiempo de Pascua: el guarismo cuarenta expresa el tiempo necesario para que algo tenga profundidad y sentido en la Biblia. ¿Cuál está siendo nuestra experiencia de Pascua? Debería ser una experiencia compartida: “del yo al nosotros”.
• Aman los que se han sentido amados: nuestra experiencia de fe no puede ser otra… Dios me amó y se entregó por mí… Para que yo haga lo mismo. Como Antón y Conchi que han acogido a dos niñas… para que “tengan casa y tengan familia”, lo que hasta ahora no han tenido.
• “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. Y esta es la señal por la que conocerán que sois mis discípulos: si os amáis unos a otros”. No podemos olvidar este mandamiento, el único del Señor Jesús.
• Un buen momento para pensar qué estamos haciendo: no sea que confundamos lo importante con lo accesorio, el ruido con las nueces, el agua que canta con el surtidor que salta hasta la vida eterna…
PARA REZAR
¡Bien clara la señal!Amaos como yo os he amado,sin trampas, sin posibles equívocos,como quien empeña su última palabra.Este es mi testamento: ¡Amaos como yo os he amado!
Por ti, Señor,ofreceremos nuestras manos abiertas,sin rencores, llenas de esperanza y cariño,sabedores de que lo que damos o hacemos,no sirve en un mundo en el que solo se valora lo que tiene precio.Por ti, Señormiraremos al cielo buscando una señal de tu presencia;y miraremos también hacia el duro asfaltoen el que hacer posible la alegría de tu ser resucitado,tu Palabra como aliento y vida para nuestra existencia inquieta.Por ti, Señor,calmaremos y colmaremos los corazones que necesitan paz,las manos que se han cerrado para siempre,los pies que han olvidado el camino,los ojos que se han quedado ciegos de tanto esperar.Por ti, Señor,mantendremos, eternamente nuevo, tu único mandamiento:amar sin mirar a quién; amar sin contar las horas;amar como argumento fundamental de nuestra vida,buscándote y encontrándote siempre en el hermano.
…¡Que la señal está bien clara!Amaos como yo os he amado,sin trampas, sin posibles equívocos,como quien empeña su última palabra.Este es mi testamento: ¡Amaos como yo os he amado!
Isidro Lozano, sdb
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