21 abril 2016

Domingo V de Pascua: Homilías


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1.- EL AMOR ES LA PIEDRA DE TOQUE PARA LOS CRISTIANOS

Por Antonio García-Moreno

1.- PASAR LA ANTORCHA.- Pablo y Bernabé, dos grandes misioneros de la Iglesia primitiva, dos enviados de Dios para que vayan sembrando por vez primera la semilla del evangelio. Ahora vuelven a los mismos lugares por donde pasaron antes, confirmando en la fe a los cristianos... No era fácil perseverar en la fe entonces, ni hoy tampoco lo es. Nunca puede ser fácil creer y vivir según las exigencias últimas de la fe. Los apóstoles se hacen eco de las palabras del Señor. Os perseguirán, os calumniarán, tendréis que negaros a vosotros mismos, habréis de cargar con la cruz de cada día y caminar cuesta arriba.

Sólo así se puede entrar en el Reino de Dios; sólo siguiendo la ruta marcada por el caminar de Cristo, esa difícil ruta... Señor, ayúdanos. Somos unos comodones; por naturaleza nos inclinamos a lo más fácil, huimos de lo que suponga lucha y esfuerzo. Y corremos el peligro de destruirnos a nosotros mismos a fuerza de confort, a fuerza de no combatir.


Iban pasando la antorcha, iban encendiendo nuevas lámparas, transmitían los poderes que habían recibido. Poder de perdonar los pecados, poder de consagrar el Cuerpo y la Sangre del Señor. Y nuevos hombres iban asumiendo, con generosidad y con audacia, la misión de continuar alargando la presencia humilde de Cristo, la tarea de servir con desinterés y continuidad a los hijos de Dios.

Por eso oraban al Señor y ayunaban. Elevaban a Dios fervientes súplicas por los elegidos, por los designados para ser presbíteros. Rezaban para que fueran fieles, para que fueran santos, para que se entregaran día a día a la gozosa crucifixión con Cristo Jesús... Orar, rezar, pedir, suplicar, rogar a Dios. Y ayunar y sacrificarse. Hoy también. Sí, hoy también. Los presbíteros, Señor, los sacerdotes. Los curas, que sean santos, que cumplan con su misión, que traduzcan con exactitud tu mensaje de salvación. Que no caigan en la tentación de tergiversar el verdadero sentido de tus palabras.

2.- EL AMOR, PIEDRA DE TOQUE.- Cuando Judas abandonó el Cenáculo, comenzaba la hora de la Pasión, se iniciaba la noche más triste de la historia. Y, sin embargo, en ese preciso momento empezaba también la glorificación de Jesucristo. Él mismo nos lo dice en el pasaje evangélico de hoy: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en Él. Los sufrimientos que le hicieron sudar sangre y angustiarse hasta casi morir, eran el camino obligado para llegar al destino inefable de la gloria. Y no sólo para Jesús sino también para todos y para cada uno de nosotros. El Señor fue el guía, el primero que pasó por esa ruta, marcando a golpe de sus pisadas el sendero que nos ha de llevar a nuestro propio triunfo.

Tengamos en cuenta, además, que como en el caso de Cristo, el sufrimiento soportado por amor a Dios no sólo glorifica al justo que lo sufre, sino que también es motivo de gloria para el mismo Dios. En efecto, al ver cómo sufrió Jesús por amor al Padre, no podemos menos de pensar que el Padre es digno de una veneración y un amor sin límites. Dios se nos presenta así tan grande que la vida misma es poco para entregarla en su servicio. Por otra parte, vemos que el Padre corresponde al Hijo con un amor semejante y lo eleva a la más alta gloria que imaginarse pueda. De la misma forma, el hombre que por amor a Dios cumple con su deber de cada instante, se empeña en todo momento por agradar al Señor, ése recibirá también un día la gloria de los que triunfan, la corona de la vida que se promete a los que sean fieles hasta la muerte.

En ese momento que recordamos bajo la luz de la Pascua, les dice Jesús a los suyos como ya le quedaba poco tiempo de estar con ellos. Sus palabras son, prácticamente, las últimas que les diría. Por eso tienen un relieve peculiar, una fuerza mayor. Hay como un cierto énfasis y solemnidad cuando les dice: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. Son estas palabras el testamento espiritual de Jesucristo, la última recomendación que venía a resumir y a culminar todo cuanto les había dicho a lo largo de su vida pública.

Que nos amemos unos a otros. Y además, de la misma forma como Él nos amó, con la misma intensidad, con el mismo desinterés, con la misma constancia, con idéntica abnegación... A los discípulos, como a nosotros, debió parecerles excesivo los que Jesús les pedía. Pero el Señor no aminora su exigencia. Para que no les quede la menor duda, añade: La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros. Por eso si no queremos de verdad a los otros no somos discípulos de tal Maestro. Tendremos quizá otras cualidades, pero de nada nos servirán si nos falta el amor y la comprensión para los demás. No lo olvidemos nunca, el amor es la piedra de toque para un seguidor de Cristo.

2.- LA NOVEDAD DEL MANDAMIENTO NUEVO

Por Gabriel González del Estal

1.- Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros. Que el principal mandamiento de le Ley era amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo era algo conocido y aceptado por todos los judíos. Jesús mismo, como buen judío practicante que era, lo repite así literalmente en los evangelios según san Marcos, san Mateo y san Lucas. Cuando un fariseo le preguntó con ánimo de ponerle a prueba cuál era el principal mandamiento de la Ley, Jesús respondió sin titubear: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y principal mandamiento. El segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mt 22, 35). Esto era conocido, como digo, por todos los judíos. ¿Cuál es, pues, la novedad del mandamiento nuevo que el mismo Jesús dice ahora, según san Juan? Es claro: cambiar el “como a ti mismo” por el “como yo os he amado”. Jesús nos dijo en más de una ocasión que él no había venido a cambiar la Ley, sino a perfeccionarla. Esto es exactamente lo que ha hecho ahora Jesús, porque amar al prójimo como nos amamos a nosotros mismos puede ser en muchos casos peligroso y hasta malo, ya que nosotros no nos amamos siempre bien a nosotros mismos. El egoísmo, la pasión, la ignorancia o la ceguera interesada pueden hacer que más de una vez nos amemos a nosotros mismos de mala manera. En cambio, amarnos unos a otros como Jesús nos amó siempre es agradable a Dios. Y, ¿Cómo nos amó Jesús? Pues, en el contexto en el que Jesús dice esta frase, está muy claro: Jesús dice esto a sus discípulos después de lavarles los pies y cuando les está diciendo que su Padre lo va a glorificar, cuando él, Jesús, muera en la cruz y el Padre lo resucite. Por tanto, amarnos unos a otros como Jesús nos amó es amarnos con un amor de absoluta generosidad, estando dispuestos hasta, si fuera necesario, morir por amor al prójimo. Jesús murió en acto de servicio, por amor a todos nosotros, glorificando así a su padre Dios y siendo glorificado por Él.

2.- En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándoles a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios… Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Por lo que leemos en el libro de los Hechos, Pablo y Bernabé siguieron literalmente el ejemplo de Jesús. Trabajaron y sufrieron mucho por amor al prójimo, y Dios, por medio de ellos, abrió a los gentiles la puerta de la fe. Esto es lo que debe hacer siempre la Iglesia de Jesús, esto es lo que debemos hacer cada uno de nosotros, los cristianos: evangelizar, predicar la buena nueva, el evangelio de Jesús, con la palabra y con el ejemplo, haciendo todo en nombre del Maestro, sin buscar nuestra propia gloria, sino la mayor gloria de Dios, haciendo todo con mucho amor y sin regatear esfuerzos. Sentirnos orgullosos no de lo que nosotros hacemos, sino de lo que Dios hace por medio de nosotros.

3.- Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe… Esta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. La esperanza en un cielo nuevo y en una tierra nueva es nuestra gran esperanza. Un lugar donde triunfe el bien y el mal ya no exista. Es, sin duda, ahora una esperanza utópica, porque no se da en ningún lugar conocido, pero debe ser para nosotros una esperanza real, vivificante y transformadora. No nos gusta este mundo en el que vivimos, pero creemos que existe un mundo bueno y mejor, al que Dios nos llevará no por nuestros propios méritos, sino por pura gracia. Pero la esperanza no consiste en una simple creencia utópica, sino que debe ser para nosotros una esperanza que nos dé fuerza y ánimo para vivir caminando constantemente, por amor, hacia un mundo mejor. Precisamente, porque no nos gusta lo que ahora tenemos es por lo que luchamos por algo que aún no tenemos pero deseamos tener. Esto es lo que hizo nuestro Maestro, Cristo, luchar hasta el final, hasta entregar su propia vida, por la conquista de un mundo mejor y más justo. Y lo hizo todo con amor y por amor a los hombres, tal como se lo había mandado su Padre, Dios. Por eso, Dios lo exaltó y lo glorificó sobre el ara de la cruz y desde entonces vive glorioso y resucitado para siempre a la derecha del Padre.

3.- NOS CONOCERÁN PORQUE NOS AMAMOS

Por José María Martín OSA

1.- Seguimiento y persecución. Pablo y Bernabé regresan a la ciudad de Antioquía para dar cuenta de la misión que aquella iglesia les había encomendado. Vuelven por el mismo camino, con el fin de consolar a los hermanos de las comunidades que han fundado y de consolidar la obra que habían realizado de ida. Mientras tanto, los gentiles que se habían convertido al evangelio habían sido objeto de las primeras persecuciones, sobre todo por parte de judíos y judaizantes. Como había dicho Jesús, la puerta de acceso al Reino de Dios es muy estrecha y los que abrazan el evangelio pasan por muchas dificultades. Hoy día muchos cristianos son perseguidos en el mundo solo por llevar el nombre de cristianos. Pablo y Bernabé designan presbíteros que cuiden en adelante de las nuevas iglesias o comunidades. Para ello hacen uso de su autoridad como apóstoles y fundadores, pero probablemente no elegirían a nadie sin tener en cuenta la opinión de los fieles. El título de presbítero no tiene su origen en el culto, a diferencia de la palabra "sacerdote" que no se conoce en el Nuevo Testamento. para designar ningún ministerio dentro de la iglesia. Aquellos primeros cristianos no tenían conciencia de pertenecer a una nueva religión: no tenían templos, ni altares, ni sacerdotes. Lo que les mueve es la fe y el seguimiento de Jesucristo.

2.- “Todo lo hago nuevo”. El Apocalipsis nos da un mensaje de esperanza. Abatidos los enemigos, se instaura el nuevo reinado de Dios, la nueva humanidad en la que no hay pecado, ni se tropieza con dificultad alguna. Una nueva relación se instaura, se inaugura el nuevo noviazgo de Dios con el pueblo en el gozo y en la alegría. Esta novia o nueva Jerusalén es la morada del Señor. En el Antiguo Testamento, la nube, símbolo de la presencia divina, baja sobre la morada. Aquí el simbolismo se hace realidad: la morada es el nuevo pueblo y Dios en persona está presente en medio de él para protegerle. El Dios creador es también la meta última de todo ser creado. Las fuentes humanas de felicidad no sacian la sed; sólo la consumación, todavía oculta, podrá satisfacer el ansia humana de felicidad. San Agustín, cuya conversión celebramos hoy, así lo descubrió y escribió estas hermosas palabras que resumen toda su búsqueda de la verdad: "Nos hiciste, Señor, para ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti".

3.- Lo que nos distingue como cristianos. Ha sonado la "hora" de Jesús, la de su exaltación en la cruz, la de su gloria y la de la gloria del Padre. Porque es la hora del amor en el momento preciso, en el momento en que va a ser traicionado. Pero esta hora de la glorificación es también la hora de las despedidas. Jesús comprende la pena de sus discípulos y se despide emocionadamente de ellos. Les habla como un padre que va a morir, y hace testamento. El testamento de Jesús, su verdadera herencia, es el mandamiento nuevo: "Que os améis unos a otros como yo os he amado". Jesús confirmó el mandamiento del amor al prójimo, ya conocido en el Antiguo Testamento, lo amplió para que cupiera en él incluso el amor al enemigo y lo destacó entre todos los mandamientos como la plenitud y perfección de la Ley. En este contexto, Jesús entiende el mandamiento del amor como un amor entre hermanos. Quiere que sus discípulos se amen porque él los ha amado y como él los ha amado, hasta la locura, la entrega de la propia vida… El amor que Jesús nos deja en herencia ha de ser nuestro distintivo, la señal en la que debemos ser reconocidos como discípulos suyos. El bautismo y la confesión expresa de una misma fe no son una señal inequívoca. Lo que importa es la vivencia de la fraternidad.

4.- EL AMOR NO SE LUCE… CUESTA

Por Javier Leoz

El Arzobispo de Valladolid, en la apertura de la Plenaria de la Conferencia Episcopal española, señalaba estos días pasados: “La actitud de Europa cerrando fronteras es signo de debilidad”. Lo cierto es que, amar, cuesta. Y sobre todo cuando el amor exige renuncias, constancia, sacrificios e incluso poner en “solfa” el bienestar de algunos en beneficio de muchos . El amor –entonces- no sólo cuesta sino que nos asusta.

1. Perseverar en la fe nos anima a revisar siempre los caminos de nuestro vivir, pensar y actuar.

-Vivir como Cristo no solamente comporta imitar sus gestos: es llevar a cabo en el mundo su misma vida con nuestra propia vida.

-Pensar como Cristo no implica el defender a toda costa su pensamiento sino, entre otras cosas, condicionar todo lo que tocamos y regimos con la máxima del Evangelio.

-Actuar como Cristo no solamente es un “postureo” sino, entre otras cosas, nos lleva a ser impopulares y tenaces por defender otro modelo de vida que el que llevamos.

2.- El Papa, en Lesbos (en su reciente escapada a la isla griega) o en sus constantes mensajes nos alerta de que la Iglesia, una y otra vez, está siendo sometida a un constante examen ¿Es fiel al Señor? ¿Es reflejo del Evangelio? Si San Pablo apareciese entre nosotros nos recordaría de nuevo aquello que, en la primera lectura, acabamos de escuchar: “hay que pasar mucho”. “El que algo quiere algo le cuesta” (dice un viejo refrán). La vida cristiana, tesoro escondido y perla preciosa para millones de personas, ha de tener una consecuencia: el testimonio vivo y convencido de lo que somos. El amor, como distintivo o la confianza en Dios, como seguridad, ha de ser uno de los pilares fundamentales sobre los que se sostiene nuestro edificio cristiano.

3. ¿Hay que pasar mucho? Tampoco es cuestión de exagerar. Nos cuesta ser signo de contradicción. Si comparásemos un poco la situación un tanto light en la que vivimos muchos católicos con aquella otra, radical y nítida, de los primeros cristianos, comprenderíamos que no es tanto lo que estamos sufriendo por nuestra fe (por lo menos en la mayoría de los países). La Iglesia, desde el mismo momento de su nacimiento, ha estado y lo sigue estando, sujeta a una constante purificación (y eso es bueno). Siglos después, con tantos acontecimientos y contradicciones, con luchas y pesares, con persecuciones o aplausos, seguimos apostando por Aquel en el que están puestas nuestras esperanzas y por el que, muchos de nosotros, ponemos la cara: Cristo.

¿Hay que pasar mucho? ¡Lo suficiente y justo! Defendiendo, sin temor ni temblor, nuestros ideales cristianos. Ofreciendo buenas obras y desparramando lo mejor de nosotros mismos, aún a riesgo de ser tildados de débiles o necios.

5.- En este Año de la Misericordia, a punto de canonizarse Madre Teresa de Calcuta, pero teniendo como telón de fondo las 14 obras de misericordia (corporales y espirituales) podríamos preguntarnos si de verdad el amor que ofrecemos, damos, regalamos y brindamos lo lucimos o, al contrario, nos cuesta y a veces hasta nos duele.

¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡Seguimos celebrando la Vida que Cristo nos da por su muerte en la cruz y en su resurrección gloriosa!

6.- POR TI, SEÑOR (Javier Leoz)

Daremos razón de tu nombre,

aunque, el hablar de Ti,

nos cause desasosiego o  incomprensión

Ofreceremos, nuestras manos  abiertas,

aún a riesgo de ser tratados  como ilusos

de que, lo que damos o  hacemos,

no sirve de nada ante un  mundo

en el que sólo se valora lo  que se paga

POR  TI, SEÑOR

Miraremos al cielo buscando  un rasgo de tu presencia

Miraremos hacia el duro  asfalto

para llevar tu Buena Noticia

la alegría de tu ser  resucitado

tu Palabra, como aliento y  vida

tu rostro que tonifique  nuestra triste existencia.

POR  TI, SEÑOR

Amaremos, aun no siendo  amados

Y, en medida rebosante y sin  cuenta,

colmaremos y calmaremos

los corazones que necesitan  paz

las almas que se han tornado  en tibias

los pies que se resisten a  caminar

los ojos que se han quedado  en el vacío

POR  TI, SEÑOR

Mantendremos, eternamente  nuevo,

el mandamiento que Tú nos  dejaste:

amar, sin mirar a quién

amar, sin contar las horas

amar, con corazón y desde el  corazón

amar, buscando el bien del  contrario

amar, buscándote en el  hermano

POR  TI, SEÑOR

5. - SUSPENDIDOS EN AMOR

Por Ángel Gómez Escorial

1. - En la asignatura del amor la mayoría de los cristianos estamos suspendidos. El amor no reina en la Tierra y solo unos pocos practican realmente el mandamiento principal de Cristo. En el Evangelio de esta semana Jesús dice que se sabrá que somos discípulos suyos al verse que nos amamos los unos a los otros. Pero ni es así ahora, ni lo ha sido antes. Y no solo no hay amor, sino que en la mayoría de los casos lo que circula es algo muy cercano al odio. Hay otro mandato que es el del amor a los enemigos, pero eso ya es demasiado... Y no lo es, realmente, porque Cristo y el Espíritu están vivos y ejercen su influencia en esos pocos.

2. - Ni siquiera amamos a los vecinos, ni a nuestros familiares. El mundo moderno se ha instalado en un egoísmo solitario y durísimo. Sabemos que hay gentes que se están muriendo de hambre a nuestro lado, en los mismos bloques de apartamentos. Una situación de paro severo les lleva a entrar en un aislamiento que no solo está producido por su vergüenza a exponer su penuria. Las pocas aproximaciones que tienen para contar su problema son recibidas con hostilidad. Está además el egoísmo atroz contra los lejanos o contra los que son diferentes. Los problemas de racismo en, por ejemplo, España se ceban con los gitanos --ciudadanos españoles desde hace siglos-- y con los latinoamericanos --sociedades surgidas de nuestro mismo árbol-- que intentan trabajar aquí. Y no digamos, claro está, lo que sufren los norteafricanos.

3. - El contraste estaría en la aparición de muchas organizaciones solidarias que trabajan para hacer el bien a los desposeídos. En cierta forma, las Organizaciones No Gubernamentales (ONG's) forman ese nuevo aspecto –sin duda venturoso—de atención a los hermanos. Muchos dicen, incluso, que éstas le han quitado sitio a las obras cristianas. Pero aunque no sea así, parece que el esfuerzo heroico de pequeños grupos de cristianos –la mayoría religiosos o consagrados—no está secundado en demasía por quienes se dicen seguidores de Cristo. Ocurre, entonces, que si posiciones ideológicas -o de cultura política- inducen a trabajar por el bienestar de nuestros semejantes, ¿qué debería producir el mandato de Jesús sobre que nos amemos los unos a los otros y que esto sea nuestra divisa para el conocimiento exterior? Pues, un mayor entusiasmo. Unos resultados muy superiores y muchos más caminos abiertos.

4. - Si fuéramos capaces de amor a nuestros semejantes –a todos—el mundo viviría en paz. Y en búsqueda del amor tal vez nos falte capacidad para hacerlo. No amamos porque no buscamos los caminos que nos llevan a ello. El mensaje de Cristo queda en la mayoría de los casos como un adorno grato. Y, sin embargo, debe ser nuestra vida. La fe sin obras no es fe, porque, en cierto modo, se está negando la principal característica de Cristo. Y Él nos habla de amor, de paz, de mansedumbre, de alegría. Pero también nos habla de pobreza, de limpieza de corazón, de ser servidores de los demás.

5. - Tampoco se puede entrar en caminos demagógicos sobre si es suficiente ayudar a los demás antes que la relación con Dios. Siempre en un cristiano tendrá que alimentar su peripecia personal, única, intransferible ante Dios. Porque hay que amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Y ahí aparece Dios en primer lugar y, por ello, no es posible obviar nuestra vida de amor y oración constante a Dios. Pero como el amor a Dios y al prójimo está unido, tampoco nos podemos conformar con la devoción, alejada del amor a nuestros hermanos. Además, si verdaderamente tenemos un gran amor por Dios --Padre, Hijo y Espíritu Santo--, rebosará amor hacia nuestros hermanos.

6. - Hay que trabajar duro para que no haya violencia, egoísmo, insolidaridad y que todo ello salga de sectores de la sociedad que se dicen cristianos. Ciertamente que hay que trabajar para que esa falta de amor -que produce violencia, egoísmo e insolidaridad- no fructifique en parte alguna. Pero los cristianos debemos ser exigentes en cuanto a nuestra posible complicidad con los violentos y los opresores; con los que matan a inocentes y a culpables; con los, en definitiva, asesinos del amor. El mensaje no debe ser catastrofista. Hay muchas instancias de la Iglesia Católica --y de sus fieles-- que luchan contra ese mundo atroz. Y, por supuesto, muchas vías para ejercitar, con obras, nuestro amor a los demás. Pero hemos de ser constantes y reflexivos. Y tener abierto el corazón a lo que nos manda Cristo respecto a nuestros hermanos. El problema emerge porque muchas veces ese corazón está cerrado a las palabras de Jesús.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

AMOR, AMOR… ¿PERO DÓNDE ESTÁ EL AMOR?

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Empiezo por el final. La liturgia nos va conduciendo mentalmente por los últimos encuentros, las últimas voluntades que comunicó el Señor a los suyos. Las palabras del evangelio de la misa de hoy, corresponden al discurso, larga reflexión en voz alta y expresión del más apreciado deseo que les declaró sentía por ellos, estando todavía en el Cenáculo, la última noche que gozó de libertad y próximo ya a perderla.

2.- Yo no sé si para alguno de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, la experiencia que os contaré, es semejante a la mía. Os la resumo. Un día hablaba con mi padre, que sabía yo padecía arterioesclerosis. Tenía la cabeza lúcida, pero era previsible un peligroso accidente cerebral. Escudriñaba su capacidad mental con atención y cariño. Le pregunté cómo deseaba fuera mi sacerdocio, que hacía poco había inaugurado. Me indicó lo que pensaba. Era al atardecer. Al día siguiente sufrió el tan temido ictus y ya no pude hablar más con él. He recordado siempre sus indicaciones y tratado de ser fiel a sus deseos.

3.- Algo semejante, mucho más importante, no lo ignoro, son los últimos deseos del Señor. Habla de Amor. No de un amor cualquiera. Ni siquiera lo describe sicológicamente. Su interpretación, si hubiera hecho un tal análisis, podría haber sido equivoca. El Amor que desea para nosotros debe ser semejante al que Él tuvo con nosotros. Se limita a definirlo así ¡y tanto y tan bien que lo precisa, sin peligro de caer en errores posteriores!

4.- Tenemos padres que nos aman y nosotros les amamos a ellos. Una gran suerte, no todos pueden decir lo mismo. Ahora bien, debemos examinarnos  de cuando en cuando. Imaginar, por ejemplo, que si se diera la circunstancia de un encuentro entre nuestra familia y la Sagrada Familia ¿constataríamos que el amor de ellos y el nuestro son semejantes?.

5.- Tenemos amigos, gran riqueza será si así ocurre y debemos agradecerlo y vivir la amistad con generosidad y lealtad. No simple compañerismo. Ahora bien, debemos recordar que el Maestro también tuvo amigos, se llamaban Lázaro, Marta, María… (No eran ni pobres, ni apóstoles como otros lo fueron, eran, exclusivamente amigos). Los encuentros, las fiestas que organizáis, si  ocurrieran en Betania ¿podrían celebrarse conjuntamente reunidos en el mismo local?

6.- Tal vez estéis enamorados, tal vez casados. Requetebién. Ahora bien, ¿en vuestro hogar se respira el mismo ambiente que en el rinconcito de Cana donde el Señor advertido de que a aquellos enamorados generosos, acogedores, pueden sufrir el sofoco de no poder continuar surtiendo de vino a los comensales, imprescindible en todo yantar festivo de la cuenca mediterránea y les proveyó en abundancia de buen caldo? (Para los que sois de fuera, os advierto, que el vino de uva, aquí no es lujo, es, con el pan, complemento necesario e imprescindible  de cualquier manjar por exquisito que pueda servirse en una mesa).

7.- El amor de cualquier discípulo de Jesús debe ser diferente al que cualquier hijo de vecino honrado, pero desconocedor de su mensaje, desposeído de su Gracia, no lo olvidéis, mis queridos jóvenes lectores… Se dará cuenta la gente de que sois cristianos en eso, en la manera de amaros. Si os queréis como cualquiera, estaréis frustrando al Señor, que a vosotros os llama amigos, que fue miembro de Familia Santa, que acudió a una boda para enriquecerla, que dejó indicado que el amor matrimonial es signo indeleble del que Él siente por su Iglesia, del que el Padre vive respecto a su Hijo.

Se acerca Pentecostés. Empezad a incrementar el deseo de recibir la asistencia personal del Espíritu Santo para conseguir ser fieles a lo que confía el Maestro que seáis.

8.- Cambio de tercio. La vida humana para el que quiere que lo sea en plenitud y no un simple paso entretenido por la tierra, es una aventura apasionante. O tiene oportunidad de serlo. La de Pablo, sin duda, lo fue. Sus andanzas, sus vivencias, las gozaron a lo grande. Van de uno a otro lado, pero no como una mariposa, que se posa en una flor, la abandona enseguida, se va a otra, y nada deja, o, en todo caso, de todas ellas se lleva algo. Pablo y Bernabé se encuentran con los del lugar en que se han detenido. Encomiendan responsabilidades. Confían. Noble y arriesgado proceder.

9.- A la vuelta comparten experiencias. Proclaman lo que Dios ha hecho sirviéndose de sus capacidades. El que se limita a vivir y, si algo importante logra hacer, con la ayuda de Dios, piensa que eso es cosa exclusivamente suya, que a los demás no les debe importar, que hay que respetar, aceptando, lo que los otros hacen, ese tal, por mucho que le guste la doctrina del Señor, no es un buen discípulo suyo.

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