07 abril 2016

Domingo III de Pascua: Homilías

1.- LA IGLESIA NACE DE JESÚS
Por Gabriel González del Estal
1.- Jesús les dice: muchachos ¿tenéis peces? Ellos contestaron: no. Él les dice: echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La iglesia nació de Jesús, de su Espíritu, no del esfuerzo de sus discípulos. Es evidente que el esfuerzo y tesón de los discípulos también fue necesario, pero fue el Espíritu de Jesús, el Espíritu Santo, el que dio savia y vida a la primitiva Iglesia cristiana. Cuando los discípulos de Cristo no han actuado movidos por la palabra y el espíritu de Jesús, la Iglesia se ha desorientado lamentablemente y ha perdido eficacia y fecundidad. Tenemos que reconocer que esto ha ocurrido más de una vez a lo largo de toda la historia del cristianismo y esta ha sido la causa de que la Iglesia cristiana haya sido a veces, lamentablemente, muy poco cristiana. Los discípulos de Jesús se habían pasado la noche en el lago bregando como expertos pescadores que eran y no habían pescado nada, pero cuando se dejan guiar por el Maestro recogen tal cantidad de peces que las redes se rompían. Aunque es evidente que el evangelista san Juan da a este relato de la pesca milagrosa una intención teológica que va bastante más allá de lo que es puramente hecho histórico, hemos de reconocer que lo que quiere decir a sus lectores el evangelista es eso que apuntábamos arriba: que, si la Iglesia cristiana no se deja guiar por Jesús pierde eficacia y autenticidad y puede llegar a ser más que signo del reino de Dios, contra-signo. Y lo que decimos de la Iglesia en general, lo podemos decir de cada uno de nosotros en particular y de cada uno de los grupos y comunidades cristianas que formamos el conjunto de la Iglesia cristiana. Cuanto más apartados vivamos del evangelio de Jesús, más contra-signo de su reino seremos y no podremos ni nosotros mismos considerarnos Iglesia nacida de Jesús, ni tenemos derecho a pedir a la sociedad que nos vea como talles. Hagamos un serio examen de conciencia sobre este punto, cada uno de nosotros en particular y cada uno de los grupos y comunidades que formamos el conjunto de lo que llamamos Iglesia cristiana.

2.- Pedro y los apóstoles replicaron: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Este es un principio universal que nos parece evidente a todas las personas religiosas, pero no es fácil saber en cada momento discernir cuándo lo que nos manda Dios es distinto de lo que nos mandan los hombres. De todos modos, si Dios es amor y es clemente y misericordioso, todo lo que vaya contra el amor, contra la clemencia y la misericordia, no podremos decir nunca que lo hacemos en nombre de Dios. Lo mismo podemos decir de todo aquello que va contra la verdad y contra la justicia. Muchas veces tendemos a confundir nuestros intereses particulares y egoístas, con los intereses de Dios. Lo que los apóstoles estaban haciendo cuando les encarcelaron era predicar el evangelio de Jesús y la buena nueva de la salvación. Ese era el mandato que Jesús les había dado antes de ascender a los cielos: id al mundo entero y predicad el evangelio. Prediquemos siempre nosotros el amor a la verdad, a la justicia, al evangelio de Jesús, y no temamos aunque nos critiquen los hombres.
3.- Te ensalzaré; Señor, porque me has librado. Dios siempre salva a los que confían en él, aunque a veces permita la persecución, y hasta la muerte, de los que le aman. Seguro que todos nosotros tenemos experiencia de algunos momentos en los que el Señor nos ha librado de algún peligro, físicos y espirituales. La gracia de Dios es siempre muy superior a nuestros merecimientos. Demos hoy cada uno de nosotros gracias a Dios por todos aquellos momentos en los que nos hemos sentido librados de algún peligro por el Señor.
4.- Al que se sienta en el trono y al Cordero, la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. El Cordero aparece aquí como imagen del siervo de Yahvé y, por extensión, imagen del Jesús Pascual. En este tiempo de Pascua, alabemos nosotros también a Jesús, el cordero pascual, de quien ha nacido la Iglesia de la que todos nosotros formamos parte. Tratemos de ser nosotros mansos y humildes como nuestro Maestro y Fundador, Jesús, y rindámosle el homenaje de nuestra devoción y de nuestro amor.

2.- TESTIGOS VALIENTES
Por José María Martín, OSA
1. -"Echad la red". El capítulo 21 del Evangelio según San Juan está cargado de simbolismo. La escena de la pesca es muy semejante a la que Lucas narra en el capítulo 5 de su evangelio. La diferencia es que ahora Jesús es el Señor resucitado. El vencedor de la muerte dice a sus discípulos "echad la red". Los siete discípulos representan a toda la Iglesia, que debe dar testimonio de su fe; los 153 peces quizá simbolicen el número de naciones conocidas entonces, porque a todos se les anuncia la Buena Noticia. Al principio no pescan nada, pues sin la presencia de Jesús la Iglesia no puede nada, aunque emplee los medios más modernos en la transmisión de la fe.
2. – Triple confesión de amor. La Iglesia nace de Jesús, muerto y resucitado, que se hace presente en medio de los discípulos. La red no se rompe, es decir recibe a todos sin excepción. Jesús toma el pan y se lo da, como en la Ultima Cena cuando se entregó y se "partió" por todos nosotros. Jesús pide por tres veces que Pedro le confiese su amor. De esta manera, Pedro repara sus tres negaciones. La vida de los Apóstoles y en especial de San Pedro, son muy edificantes por lo que tienen de caídas, como nosotros, y de arrepentimiento. San Pedro tenía mucho de palabra: Señor si es necesario moriremos contigo, nada más ver al Señor se lanza al agua... Pero negó tres veces a Jesús ¡Qué caída más horrorosa, peor que la de Judas! Pero a diferencia de Judas, Pedro amaba con todas las veras de su alma al Maestro. Jesús ya resucitado le da a Pedro la primacía en toda la Iglesia "apacienta mis corderos", "pastorea mis ovejas". Jesús pregunta insistentemente: "¿me amas?" y Simón en su tercera respuesta como quejándose: "Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te amo". Y nosotros somos iguales: ¡cuántas caídas! ¡Cuántas cosas de las que tenemos que arrepentirnos! ¡Cuántas faltas de amor a Dios y al prójimo! y como San Pedro le decimos al Señor: "Tú lo sabes todo, tú sabes que te amo". A cada uno de nosotros Jesucristo nos propone seguirle con un encargo concreto En esto consiste ser cristiano. La intención del texto es señalar la misión que Cristo encomienda a Pedro de pastorear a su Iglesia. Pero es el amor a Cristo la primera condición para ser "pastor" en su Iglesia. La misión de todo cristiano, y en especial de los pastores, es transmitir la fe. Pero esto no se hace sólo con discursos grandilocuentes, sino desde la experiencia de fe en Cristo resucitado.
3. - "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Por ser coherentes con su compromiso los primeros cristianos sufrieron mil penalidades: Azotaron a los Apóstoles, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles salieron del consejo, “contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús". Los Apóstoles no eran en su caminar por la tierra seres anormales, masoquistas… Pero sí eran personas enamoradas y el amor lo sufre todo con felicidad. Se esforzaron por llevar a Cristo en el corazón, y ponerlo en los corazones de los demás. "Cristo una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, la muerte ya no tiene dominio sobre El”, proclamaron con entusiasmo. Ya lo decía San Bernardo: "creed al experimentado". La Iglesia desde el principio aparece como signo de contradicción, por eso es perseguida. El anuncio valiente del Evangelio puede acarrear persecución por parte de los poderes de este mundo, pero está claro que "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Si la Iglesia se acomodase a este mundo perdería el sentido de su ser. Sólo si presenta con valentía el anuncio gozoso y liberador del Evangelio se identificará con el Cordero Pascual, Jesucristo muerto y resucitado que se entrega por nosotros. Los testimonios de los mártires de hoy son impresionantes. Cristianos asesinados en Pakistán, Siria, Irán, La India… Ellos son testigos auténticos de Cristo resucitado. Pidamos por ellos para que se mantengan firmes en la fe y dejen de ser perseguidos por llevar el nombre de cristianos. Viendo nuestra realidad actual hemos de reconocer que nosotros tenemos mucho que aprender de ellos. No somos coherentes ni valientes a la hora de dar testimonio de nuestra fe. Y eso que no corre peligro nuestra vida… La Iglesia es el blanco de muchos ataques injustos y generalizados, pero hemos de convencernos de que la mejor defensa es nuestro ejemplo de vida.

3.- PEDRO SABÍA QUE EL MAESTRO LE VOLVERÍA A PERDONAR
Por Antonio García-Moreno
1.- LA VERDAD OS LIBERARÁ.- Una vez más están frente al Sanedrín, ante el Tribunal Supremo de justicia de Israel. Y no será la última. Después serán otros tribunales, los romanos, los griegos, los egipcios, los persas, los hispanos. Habrá sentencias, sentencias capitales, sentencias de muerte. Ya lo había dicho el Señor: "Os llevarán a los tribunales por mi nombre. No temáis, no penséis qué habéis de contestar. Yo estaré muy cerca, el Espíritu contestará por vosotros".
Es claro, se ve palpablemente que estos hombres tienen una nueva fuerza desconocida, no hay manera de hacerlos callar. Y hablan, nada menos de que Jesús de Nazaret ha resucitado, de que es el Mesías prometido por los profetas, de que han crucificado al que había de venir, al Cristo de Dios, al Ungido, al Rey de Israel. Estas palabras sacuden sus conciencias dormidas. Pero en lugar de reconocer los hechos, en lugar de arrepentirse y hacer penitencia, se empeñan en ahogar aquellas voces que proclaman la verdad. Esa verdad a veces es dura e hiriente, pero la única que salva, la verdad que nos libera. Ojalá que nosotros nunca la disimulemos ni la rechacemos, que la abracemos tal cual es, que la aceptemos plenamente. Así nuestra vida será un canto a la sinceridad, a la sencillez, a la franqueza, a la humildad.
Azotaron a los Apóstoles, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. Eran cuarenta varazos menos uno, descargando el golpe en seco sobre sus espadas desnudas, restallando sin piedad la dureza de sus nudos. La sangre que amorata lívidos cardenales en surco, la sangre que brota y que resbala caliente y viscosa sobre la piel. Apóstoles y mártires, enviados y testigos de excepción. Era la primera vez. En el cielo se oyó el preludio de esa sinfonía heroica y sangrienta que tantas veces terminaría en una muerte tan dolorosa como gloriosa.
Después los soltaron. Creyeron que aquel duro castigo sería suficiente para callarlos, una mordaza para sus bocas. Pero se equivocaron. Los Apóstoles, azotados y doloridos, caminaban, sin embargo, contentos, rebosantes de gozo por haber sufrido aquello por amor de Cristo. Cantando iban los mártires a la muerte del fuego, a ser devorados por las fieras. Radiantes de gozo. Era lógico que ante esto, la sangre de mártires fuera fecunda semilla de cristianos. Ir a la muerte cantando, aceptar con alegría el martirio lento de cada día, el martirio de un corazón desprendido, de un trabajo humanamente bien hecho, de un hacer lo que se pueda en favor de los demás, sin esperar ninguna recompensa terrena... Concédenos la fuerza y la gracia que necesitamos para ser mártires, testigos de la Verdad. Con una vida que convenza, que anime, que arrastre.
2.- EL DULCE CRISTO EN LA TIERRA.- Muchas veces la escena evangélica se desarrolla a la orilla del lago de Tiberíades. Sus aguas limpias y azules fueron el fondo entrañable de los encuentros de Jesús con sus discípulos. En esta ocasión la pesca ha sido infructuosa. Toda la noche rastreando el lago, sin conseguir nada. Las luces del alba descendían desde las colinas cuando divisaron en la orilla la figura de un hombre. Les pregunta a lo lejos si han cogido algo, y al contestarle que no, les dice que vuelvan a echar las redes hacia la derecha de la barca. Como un último intento, aquellos pescadores le hacen caso... Entonces, un enjambre de peces aletea dentro de las redes, cargadas como nunca. Juan mira hacia la orilla y reconoce gozoso que al Maestro.
Pedro, el que por tres veces le negó, no duda ni por un momento en ir a su encuentro. Él sabía que el Señor le amaba más que lo suficiente para perdonarle su pecado. Esa era la diferencia respecto de Judas. Éste huyó de Jesús, no creyó posible el perdón para su traición. Pedro es cierto que lloró amargamente su pecado. Pero sabía que el Maestro le volvería a perdonar. Quien le había enseñado a perdonar siete veces siete, bien podría perdonarle a él. Y no se equivocó. El Señor le acoge con el mismo cariño de siempre, le mira con la misma profunda mirada, con la misma comprensión de antes.
Lo que quizá no imaginaba Pedro es que el perdón de Jesús iba a ser tan grande, que todo sería lo mismo que antes. Lo lógico hubiera sido que el primer puesto lo ocupara otro que lo mereciera más que él, otro que al menos no hubiera renegado de su Maestro hasta jurar que no le conocía. Sin embargo, Jesús le vuelve a encomendar el cuidado de su rebaño, le entrega otra vez el poder de regir a su Iglesia, la misión excelsa de ser su vicario en la tierra, el que haga sus veces cuando él se marche a los cielos. Al mismo tiempo le profetiza las dificultades que ese papel entraña. Llegará el momento en que le perseguirán y el encarcelarán, le calumniarán y le maltratarán, lo llevarán maniatado adonde él no quisiera ir, le crucificarán en una de las colinas de Roma. La profecía se cumplió. Y se seguirá cumpliendo. Porque también hoy, lo mismo que ayer y que mañana, el Vicario de Jesús, el dulce Cristo en la tierra, sufrirá en su carne el dolor de ser fiel a su divino Maestro.

4.- REGALO Y EN ABUNDANCIA
Por Javier Leoz
¿Quieres ver lo qué te valora un amigo? Descubre el regalo que te ofrece y, sobre todo, si te acompaña cuando más lo necesitas o nadie está a tu alcance. Jesús Resucitado, de una forma sorprendente e inequívoca, se aparece a los discípulos y les regala una sustanciosa pesca milagrosa: de no tener nada, pasaron a tenerlo todo.
1.- Como cristianos no podemos perder la esperanza. En algunos momentos, y por diversos cauces, escuchamos que el mundo está perdido. Que no hay solución. ¡Mentira! La Pascua, el paso del Señor Resucitado, nos ha dejado la fuerza y el tesón de los que creen en El. ¿Podemos decepcionar al Señor con nuestro absentismo? ¿Por qué no echar, una y otra vez, las redes de nuestras buenas voluntades allá donde pensamos que todo está acabado? ¿Qué es difícil? ¿Que el cansancio hace mella en nuestro seguimiento a Jesús? No olvidemos que, Pedro, tres veces negó a Jesús y –a Pedro- tres veces Jesús le preguntó: ¿Me amas? En el fondo, en este domingo tercero de la Pascua, se descubre una vez más nuestra fidelidad y adhesión a Cristo. ¿Le amamos o dudamos? ¿Apostamos por Él o nos hemos echado en brazos de la tibieza?
¡Es el Señor! Y, por el Señor, antes y después, ahora, mañana y siempre nos hemos de emplear a fondo para sembrar en su nombre, para remar con Él y para intentar que el mundo, los hombres y mujeres de nuestro tiempo, conozcan (los que todavía no lo han escuchado), reconozcan (los que lo han olvidado) a un Cristo que trae vida, ilusión y coraje para todos.
2.- Uno de los dramas que estamos padeciendo, a nivel espiritual, es que nunca la Iglesia, los sacerdotes o los agentes evangelizadores hemos empleado tantos medios y esfuerzos para incentivar el aprecio por las cosas de Dios. Hoy, con el evangelio en la mano, el Señor nos dice que no nos agobiemos por la ausencia de frutos. Tal vez, aunque nos cueste admitirlo, el reloj de Dios va a distinto ritmo que el nuestro. Nuestras horas son de sesenta minutos, nuestros años de 365 días pero, tal vez, Dios no cuenta los segundos como nosotros ni pasa las hojas del calendario como nosotros pretendemos. La Pascua, la resurrección de Cristo, nos invita a una obediencia y confianza absoluta en el Padre. Sólo así, como lo entendía Francisco de Asís al contemplar a su congregación con síntomas de decadencia, nos puede aportar un poco de calma, ilusión y serenidad. Toda la pesca no está alcance de nuestra mano ni todos los océanos son tan superficiales como quisiéramos para llegar hasta el fondo de los mismos: las personas.
3.- Los apóstoles, como nosotros en algunos momentos, estaban a punto de renunciar a todo. La pesca había sido infructuosa, decepcionante. Se sentían abandonados y desconcertados. Sólo, cuando apareció el Señor, el panorama cambió de color. Que también nosotros, lejos de abandonar cuando el horizonte es oscuro, imploremos, recemos y miremos al cielo buscando la mano siempre tendida de Jesús que sale en los momentos más amargos de tristeza y de dolor. ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN! ¡MERECE LA PENA OBEDECER AL SEÑOR!
4.- ¡POR TU NOMBRE, SEÑOR! Javier Leoz
Echaré las redes de mi vida,
para que otros tengan savia y en abundancia
Esperaré a que el sol se imponga sobre las tinieblas
y comprender que, no hay noche que dure una eternidad
Miraré al fondo de los acontecimientos
y confiare en que, Tú y sólo Tú,
eres quien iluminas las sombras de la existencia humana

¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!
Me desgastaré, en cuerpo y alma,
para llevar almas y corazones a tu encuentro
para que, el mundo, tan colapsado de cosas como vacío de sentido
recupere la alegría que nos ofrece tu ser resucitado

¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!
Mantendré firme mi amor y fe en Ti
para, luego, ser ardiente antorcha
que irradie luz y paz allá donde me encuentre
Mantendré firme mi esperanza en Ti
para que, el hombre que busca y no encuentra,
sepa que en Ti encontrará siempre una respuesta

¡POR TU NOMBRE, SEÑOR!
Te amaré hasta el final y, amándote como Tú mereces,
sembraré de fraternidad y de perdón mis caminos
de alegría y de belleza los corazones de los que te anhelan
de regocijo y de seguridad
los rostros cansados de tantos caminos retorcidos
Amén

5. - LA ESCENA DEL LAGO: “COMO SI ALLÍ ESTUVIERAS”.
Por Ángel Gómez Escorial
1.- Dicen los grandes maestros de la espiritualidad que la contemplación de las escenas evangélicas es una forma muy extraordinaria de orar. Ignacio de Loyola habla de asumir “como si allí estuvieras”. Y para ello, sin duda, ayuda mucho la capacidad descriptora del texto sagrado elegido. En el caso de evangelio de hoy todo es fácil porque el relato es asombrosamente descriptivo. Y es que hay una enorme plasticidad en el Evangelio de San Juan de esta tercera semana de Pascua. Es toda una escena bien contada, como en un guion para cine o televisión. Primero, Pedro dice que va a pescar. Luego, sus amigos se unen. Después, Juan ve al señor. Pedro que está desnudo se cubre y se lanza a nado. Hay en la playa hay unas brasas. Van a desayunar. El Señor Jesús que aparece ahora es algo distinto. En todos los relatos evangélicos sobre el Resucitado se observa esa diferencia. El cuerpo glorioso de Jesús contiene diferencias.
2.- Los diálogos también están ordenados muy cinematográficamente. Pero ellos van a marcar el contenido profundo de este relato evangélico. Al final, se establece la conversación --sin duda tensa y dolorosa para Pedro-- entre Jesús y su futuro vicario. Las tres afirmaciones de amor obtenidas por Jesús de los labios de Pedro sirven para purgar las tres negaciones de la difícil noche del Jueves Santo. Siempre se ha interpretado este pasaje como una "regañina" de Jesús a Pedro y, sin embargo, hay que verlo como una fórmula del Sacramento de la Reconciliación. Jesús ayuda a Pedro a confesarse para que purgue y olvide su antiguo pecado. Probablemente desde ese día, Pedro no tendría escrúpulos interiores y se sintió limpio y perdonado. Y es que uno de los mayores enemigos del alma es el escrúpulo. El acto de confesarse da una vía objetiva de que los pecados han sido perdonados. Otra cosa es que Pedro recordarse con tristeza y sensación de sentirse pecador sus negaciones, pero sabiendo que la culpa había sido borrada.
3. - Volviendo al símil cinematográfico este Evangelio de San Juan es como un "flash back", un resumen final de toda la actividad de los Apóstoles. Desde su trabajo primero como pescadores, con el recuerdo de su pesca prodigiosa y abundante, hasta la comida con el maestro con la partición del pan. Ahora el Cenáculo es la bóveda del cielo y sus otros límites la tierra firme y el mar azul. Debemos de pensar, en paz y en sosiego, como fueron esos días de presencia de Jesús Resucitado en los que ya de una forma sobrenatural, el Dios hecho hombre completó la formación a sus Apóstoles. El vigor, la inteligencia, el valor que se va a ir observando en los Hechos de los Apóstoles se entiende mejor analizando ese periodo glorioso de Jesús en la tierra. Ciertamente, que la venida del Espíritu Santo será el "combustible" que impulse definitivamente a esos hombres, antiguamente ignorantes y toscos, a las más altas cotas de inteligencia y de capacidad. La clave de la transformación de los Apóstoles es también un buen argumento para nuestras meditaciones. Jesús Resucitado nos puede transformar a todos.
4.- Es fácil pues enfrentarse con la imaginación bien centrada en la escena que se nos describe a la orilla del lago de Tiberíades desde el momento en que Pedro dice a sus compañeros que se va a pescar hasta el momento final del dialogo entre Jesús y Pedro. Tal vez, nos ayude para mejor imaginar leer el texto varias veces e intentar hacernos presentes –tu yo—en esa escena como si fuéramos actores del mismo reparto, asistentes atentos a lo que ahí está pasando… Vamos pasando los días de la Pascua: la alegría y la sorpresa vive entre todos nosotros. Jesús Resucitado nos ayuda a vivir llenos de amor y esperanza, pero para obtener esos frutos hay que meterse dentro, muy dentro, de lo que allí ocurría como si estuviéramos presentes.

LA HOMILÍA MÀS JOVEN

MARAVILLOSO ENCUENTRO
Por Pedrojosé Ynaraja
1.- Como me he referido en muchas ocasiones al lugar donde acontece el episodio del que habla la lectura evangélica de este domingo y al ambiente en el que se vivió, voy a copiar esta vez un fragmento de peregrinos de los años 382 y 385, que esto es nuevo. Dice así: no lejos de allí se ven los escalones de piedra sobre los que estuvo de pie el Señor… en este campo sació el Señor al pueblo con cinco panes y dos peces. Hay que saber que la piedra, sobre la cual puso el pan el Señor, es ahora un altar…” En realidad ya que se trata de dos piedras cercanas, me referiré solo a las primeras frases del texto.
2.- El lugar está a poco más de 2km de Cafarnaún y muy próximo al santuario de la multiplicación de los panes y los peces, el sitio de la segunda piedra. No existe en él ningún edificio suntuoso, por lo que muchos viajeros pasan de largo. Dicho de otra manera, carece de interés turístico. Pablo VI, desde los escalones, se acercó y hundió sus manos en las aguas del Lago, fue la que se publicó, una preciosa fotografía. No siempre la orilla moja la roca, actualmente, las aguas del de Tiberíades, especialmente en verano, quedan, casi siempre, a unos cuantos metros. Juan-Pablo II conmovido por la sencillez de la iglesita, sugirió que se edificase algo más grande, más digno del que se levantaba en honor del primer Papa, pero los de la Custodia, según me contaron, le contestaron que ya estaba bien, que Pedro fue un sencillo pescador y que no se hubiese encontrado bien en un solemne edificio. Y así quedó.
3.- Se le han añadido posteriormente un conjunto escultórico de bronce en sus proximidades, que recuerdan al Maestro preguntando a Pedro, además de un semicírculo con gradas, que permita la reunión de grupos que no cabrían dentro de la iglesia y se ha puesto una verja, para que se respete las susodichas escalinatas, de las que se dice fueron el puerto donde atracó la barca de los siete afortunados discípulos. De cinco de los cuales se dice el nombre, ignorando quienes fueron los otros dos. En el recinto actual resalta una roca que, según tradición, fue donde el Señor había encendido fuego e invitó a desayunar a los suyos, que le contemplaban atónitos.
4.- Tiene uno a veces la fortuna de que, invitado a su casa por un amigo y ya en la mesa, nos confiesa que ha sido él mismo quien ha guisado los platos que nos ofrece y lo celebra y agradece. Esta fue la suerte de los apóstoles. Pensaba yo ahora: ¿por qué no fui yo también un venturoso comensal? Pero me he corregido de inmediato avergonzado, pues, debo reconocer que siempre que celebro misa, es el mismo Señor el que ha “cocinado” tan prodigioso manjar...
5.- Pero vayamos por partes, que, sinceramente, me estoy precipitando. No las debían tener todas consigo los apóstoles aquella temporada, cuando marcharon de Jerusalén para ir al norte, a su tierra, junto a los suyos y a lo suyo. Haciendo lo que habían hecho toda la vida, ganándose el sustento. Salieron, pues, a pescar. Como si no hubiera pasado nada.
6.- Por muy profesional que se sea, la pesca es siempre una incógnita. Es proverbial la paciencia del pescador. Y no hay nada que crispe más a uno del oficio, que un advenedizo le pregunte si los peces pican. Os lo digo, mis queridos jóvenes lectores, por experiencia. De joven fui muchas veces a pescar, aunque en mi caso, fuera con caña y en ríos o riachuelos, no con red y en un lago. Y el Maestro, en este caso, es inoportuno. ¿A quién se le ocurre entrometerse en su serio quehacer y a aquellas horas? Deberían estar ellos muy decepcionados y faltos de peculio, cuando le hicieron caso. Y demostraron después oficio, cuando fueron capaces de contar los peces atrapados en la red, exactamente 153. Cálculo este difícil para el profano, dado lo escurridizo del pescado que, para colmo, se movería todavía agitado, por el poco tiempo de haber sido sacado del agua.
7.- Por cómo se cuenta, el Maestro, exactamente igual que en tanta ocasiones de su vida histórica, habría pasado la noche en blanco. Amasando antes del amanecer la harina, pescando también Él, procurándose algo de leña y encendiendo fuego, esperando también que sobre la roca solo quedasen brasas. Recordareis, mis queridos jóvenes lectores, que es costumbre bastante general, que cuando a uno le invitan, acuda con algún obsequio, sea una botella de vino, una cerámica decorativa o un ramo de flores. En este caso es el mismo Jesús quien les sugiere que acerquen pescados. Desea compartir.
8.- Compartir, preciosa y precisa actitud del cristiano. Encerrarse en sí mismo, reservarse, ser precavido, adecuada actitud del buen comerciante, político y propietario. ¿Qué norma escogéis vosotros para que guie vuestra existencia? Cuando asistáis a misa, acudid con vuestro obsequio. Llevadle al Señor algo útil para la celebración: el vino que se consagrará, pan adecuado para el mismo fin, algo que ilumine el altar... pero sobre todo, presentadle ilusionados vuestros recuerdos más inmediatos. Los nombres de aquellos a los que les habéis hablado de Él. El de los que habéis ayudado a subsistir con la limosna o vuestra colaboración de cualquier género. El de los que quisierais que cambiaran de vida y estáis tratando de ayudarles. Tal vez el de quien más queréis y deseáis ser correspondidos...
9.- Aquel desayuno les sabría a gloria. Era manjar de resucitado. Resucitaba el alma. ¿y la Eucaristía, a qué os sabe, mis queridos jóvenes lectores? Ninguno de los invitados se atreve a preguntarle quien es. Seguramente que, como a los de Emaús, sentían que les ardía el corazón, al compartir la mesa y partir el pan, como Él sabía hacerlo. Es preciso y más que suficiente, que en vez de estar cerebralmente interesado, cuando uno asiste a misa, se ausculte previamente el corazón. Aquel encuentro tenía una segunda intención. Era uno de los planes de Mesías que le faltaba confirmar. Durante su compañía histórica los discípulos se habían graduado. Con algún percance sin duda, y con el cateado que les cayó encima a todos ellos en Getsemaní. Juan acudió a una segunda convocatoria y sacó nota. De una manera u otra, excepto Judas, los demás consiguieron el diploma de apóstoles. Tocaba ahora hacer cursillos de master. Y a Pedro se le sugiere que presente y hable de sus cualidades, si quiere doctorarse.
10.- Me he expresado en lenguaje académico, que no será el propio de todos vosotros, comprendedme, que os hable así ya que me ha tocado en mi larga vida, inscribirme y examinarme muchas veces. Pedro, le dice el Señor: ¿Tú me amas con caridad, (agapas, dicho en griego) más que tus compañeros? Sí contesta, tú sabes que te quiero, eres mi amigo (filo, en griego). Apacienta mis corderos. Observad que no le nombra gobernante, ser pastor es otra cosa. Continúa el Maestro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Agapas, en griego. Contesta el buen hombre: tú sabes que te quiero, eres mi amigo (filos, en griego). Pastorea, pues, a mis ovejitas.
11.- Dale que te pego, que Jesús esta testarudo hoy. Vuelve a las andadas: ¿me quieres? (fileis, en griego). En vez de decirle que era un pesado, se acuerda de quien es él y de su comportamiento anterior, que no ha sido malo del todo. Él que lo sabe todo, conoce sus sentimientos y a ellos se remite. Os he intercalado el término griego de uno y otro para que os deis cuenta de que hablando la misma lengua, difieren las palabras el sentido de lo que dicen y no llega Pedro a comprender lo que se le está otorgando. Como nos pasa a nosotros, que tampoco nos damos cuenta de lo que nos ofrece Dios y siempre nos estamos quejando. Para el Maestro es suficiente. Y a continuación le desvela algo de su futuro, que humildemente recibe el anuncio. El lugar que he querido que os imaginaseis es muy pacífico. Muy adecuado para pasar un largo rato meditando. Aunque no es necesario estar allí, puede uno en cualquier lugar silencioso y retirado, reflexionar sobre las enseñanzas del episodio proclamado en la misa de este domingo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu comentario