07 abril 2016

Comentario Domingo III de Pascua

Oración
Jesús, Señor resucitado, tú saliste al paso a los discípulos que caminaban ciegos y faltos de toda esperanza:
–  háblanos como a ellos en el caminar de nuestra vida,

–  ábrenos los ojos y el corazón para reconocerte en tu Palabra y en las Escrituras,

–  llénanos de asombro y gozo cada vez que nos permites reconocerte junto a nosotros, cuando nos reunimos para celebrar tu recuerdo en la Eucaristía.
Tú que vives y reinas con el Padre por los siglos de los siglos. AMEN.

Jn 21,1-19
«1Después de estas cosas, se manifestó Jesús él mismo de nuevo a los discípulos junto al mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera:
2Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 3Les dice Simón Pedro: “Voy a pescar”. Le dicen: “Vamos también nosotros contigo”. Fueron y subieron a la barca; y en aquella noche no cogieron nada.
4Estando ya amaneciendo, se presentó Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5Les dice entonces Jesús: “Muchachos, ¿no tenéis nada que comer?”. Le respondieron: “No”. 6Él les dijo: “Echad a la derecha de la barca la red y encontraréis”. Entonces la echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la cantidad de peces.
7Dice entonces aquel discípulo, a quien amaba Jesús, a Pedro: “Es el Señor”.
Simón Pedro, al oír que era el Señor, se puso la túnica (porque estaba desnudo) y se echó al mar. 8Pero los demás discípulos fueron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, arrastrando la red de los peces.
9Al saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. 10Les dice Jesús: “Traed de los peces que habéis cogido ahora”. 11Subió entonces Simón Pedro y arrastró a tierra la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, no se rompió la red. 12Les dice Jesús: “Venid y comed”. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle ‘quién eres tú’, sabiendo que era el Señor. 13Viene Jesús, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pez.
14Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos, una vez resucitado de entre los muertos.
15Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: “Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?”. Le dice: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Le dice: “Apacienta mis corderos”.
16Le dice de nuevo por segunda vez: “Simón de Juan, ¿me amas?”. Le dice: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Le dice: “Pastorea mis ovejas”.
17Le dice por tercera vez: “Simón de Juan, ¿me quieres?”. Se entristeció Pedro de que le dijera por tercera vez ‘¿me quieres?’ y le dice: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”. Le dice Jesús: “Apacienta mis ovejas. 18En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos, y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras”. 19(Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a dar gloria a Dios). Dicho esto, le dice: “Sígueme”».
¡PALABRA DEL SEÑOR!

CONTEXTO
El pasaje precedente es una primera conclusión del evangelio (20,30-31). El capítulo 21, considerado obra de la comunidad joánica, nos dice lo que sucede cuando se profundiza en el acontecimiento pascual: la hora de Jesús pasa a la Iglesia. El evangelista, después de haber presentado a Jesús confiriendo la misión a sus discípulos (20,21-23), presenta un episodio paradigmático de la misión, con objeto de señalar cuáles son las condiciones para el fruto y el papel de Jesús en ella.

TEXTO
Es un texto con un alto valor simbólico. Los discípulos ya no están dentro de casa (20,26) sino que salen a la actividad y a la misión (21,3). Estamos ante la tercera manifestación de Jesús a los discípulos, pero en otro lugar: el mar de Tiberíades, y al amanecer, tiempo del trabajo, no “al atardecer” (cf. 20,19), tiempo de la reunión comunitaria. El texto tiene dos partes: 1) vv. 1-14: esta parte se abre y se cierra con el verbo “manifestarse” (vv. 1 y 14) y está organizado en torno a un centro: la solemne declaración del discípulo amado: Es el Señor (v. 7a). Jesús, Señor, se manifiesta a los discípulos (a la Iglesia), resolviendo así su fracaso misionero (vv. 2-3), puesto que, con su presencia e indicaciones, el fracaso se convierte en éxito (vv. 4-6). Jesús, Señor, además, atrae a sí a los discípulos (vv. 7b-8) y les da de comer, les brinda el alimento (vv. 9-13). 2) vv. 15-19: el primado dado a Pedro, a través del Amor, al que le es confiado el encargo de apacentar a todo el rebaño, en tres fases impactantes que se resuelven con el imperativo final: Sígueme (v. 19).

ELEMENTOS A DESTACAR
• La vida de la comunidad cristiana presenta una alternancia entre ‘dentro’ y ‘fuera’, entre vida en común y actividad misionera. La presencia de Jesús se requiere en ambas. Sin él, ni la comunidad ni la misión funcionan.
• El fruto de la misión depende de la docilidad a la palabra de Jesús: ésta es mensaje de amor que pide la decisión de seguirlo hasta dar la vida.
• La misión cristiana, en unión con Jesús, se alimenta en la comunión del grupo con él en la eucaristía. En ella, Jesús nos da su alimento, su propia persona, al que se tiene que sumar la aportación de los discípulos, la de sus propias personas.
• El seguimiento de Jesús exige la entrega a una labor como la suya, llegando hasta el don de la vida, en servicio a los demás. Pastorear las ovejas es una consecuencia de la relación de amor entre Jesús y los suyos, y por tanto debe ser una labor hecha desde el amor, con amor, por amor.

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.
Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?
Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…
Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

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