20 marzo 2016

Viernes Santo: Comentario al Evangelio



Hoy el Señor muere por nosotros. Celebramos el misterio de amor de su Pasión. Te propongo que celebres hoy este misterio no como espectador ajeno, sino como actor implicado en esas “Pasiones” populares o procesiones de varias localidades y que acompañes a Jesús en silencio. El mejor modo de contemplar la Pasión es el silencio activo. Te propongo algunas pistas sencillas que te ayuden a contemplar los tres tipos de Pasión que vive el Señor.
1. Pasión interna. Es el dolor interno de Jesús, el dolor del corazón. Jesús siente angustia, miedo, tristeza, soledad, traición, rechazo, abandono. En su oración en el Huerto de Getsemaní contemplamos a un Jesús roto que grita las frases más duras y desesperadas. Vive la oración de desolación, no puede más, no resiste la soledad, necesita la compañía de unos discípulos que están dormidos. Experimenta el ataque del Maligno, que lo tienta con toda su fuerza. Grita al Padre: aparta de mi!, pero acaba obedeciendo: no mi voluntad, sino la tuya.

2. Pasión externa. Es el terrible dolor físico. Bofetadas, salivazos, espinas, flagelos, látigos, caídas, asfixia, la humillación de la desnudez, de la exhibición en público como un criminal, el dolor frío de los clavos, la lenta agonía de la cruz. La ejecución a muerte más cruel, lenta y dolorosa.
3. Pasión social. Cristo sigue sufriendo hoy en todos los crucificados de la historia, en las víctimas del hambre, de la guerra, de la violencia, del odio... Siempre es “viernes santo” en algún lugar del mundo. Siempre hay hermanos y hermanas que están experimentando pasiones internas y/o externas. Es el dolor de tantos seres humanos que debemos de acompañar, redimir, denunciar, combatir.
¿Qué nos enseña Jesús en Viernes Santo? Nos enseña a afrontar el dolor sin que nos derrote, a cargar con él sin que nos venza; porque Jesús, que soportó el dolor hasta el límite, no fue derrotado por el mal, sino que murió perdonando, sin maldecir, sin deseos de venganza. El dolor no acabó con su amor. Por eso, cuando llegue el dolor a tu vida en forma de pasión interna, externa o social, debes mirar a la cruz, como hacemos hoy, para pedirle al Señor que te ayude a llevar la tuya con dignidad; esto es, a que el mal que surja en tu vida, no te derrote. Esto, sólo lo puedes hacer con la fuerza de la Gracia que Jesús te regala hoy en la cruz: murió por ti. Él sabe acompañar tus dolores internos y externos porque ha pasado por ellos. Nunca estás solo en estos momentos tan trágicos. Él te sostiene, te ayuda a llevar tu cruz, llena tu dolor de amor para hacerlo más llevadero.
Preséntale tus dolores, tus cruces y comprométete a ayudar a otros a cargar con los suyos para que sean más livianos. Él, hoy, hace eso por nosotros. Contempla en silencio y acompaña a Jesús en este día, no le dejes solo.
Vuestro hermano en la fe. 
Juan Lozano, cmf.

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