Hoy es miércoles, 20 de enero.
En estos días, el evangelio nos está invitando a ir más allá, a crecer en valentía, a ser más arriesgados y audaces cuando se trata de apostar por lo humano, y por los valores del Reino. Ponte en presencia de Dios, déjate mirar por él y pídele que te ayude a crecer en verdad y libertad.
La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 3, 1-6):
En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo.
Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate y ponte ahí en medio.»
Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.»
Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.
Sitúate junto a Jesús, en la entrada de la sinagoga y entra con él. Había allí muchos hombres, sin embargo, Jesús sólo se fijó en uno. Trata de ver en quien se fija Jesús. ¿Cómo le mira, lo que siente al ver su parálisis? Trata de percibir los sentimientos de Jesús al ver a este hombre. Sitúate junto a Jesús y mírale tú también.
Jesús, aún sabiendo quién estaba al acecho, aún sabiendo las reacciones que podía causar, se dejó llevar por la compasión y la misericordia. Y atendió a la parálisis de aquel hombre.
Sitúate de nuevo junto a Jesús y mira lo que hace, cómo se acerca al hombre. Como le habla y como se dirige también a los fariseos que le observaban como sana.
Vuelve a leer el texto tratando de ver con la imaginación todo lo que ocurre, pero esta vez puedes situarse junto al hombre de la parálisis. Tal vez quieras presentarle, tú también a Jesús algo que te paraliza.
Puedes terminar este rato de oración haciendo memoria agradecida, recordando cómo Jesús te sanó aquella parálisis o presentándole de nuevo lo que necesitas sanar hoy.
Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
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