San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia
(MO). Blanco
Junto a Santa Teresa, san Juan de la Cruz fue el gran místico y reformador de la Orden del Carmelo. Durante su vida, sufrió grandes desprecios e, incluso, la cárcel, porque su obra no era comprendida. Ha dejado escritos que son verdaderas joyas de la literatura mística: Subida del Monte Carmelo, Noche oscura del alma, Llama de amor viva y otras. Murió en España en el año 1591.
Antífona de entrada cf. Gál 6, 14
Sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo.
Oración colecta
Dios nuestro, tú hiciste de san Juan de la Cruz, presbítero, un modelo perfecto de negación de sí mismo y de amor a la cruz; concédenos que, imitándolo siempre, lleguemos a contemplar tu gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Lectura Núm 24, 2-7. 17a
Lectura del libro de los Números.
Cuando el profeta Balaam alzó los ojos y vio a Israel acampado por tribus, el espíritu de Dios vino sobre él y pronunció su poema, diciendo: Oráculo de Balaam, hijo de Beor, oráculo del hombre de mirada penetrante; oráculo del que oye las palabras de Dios y conoce el pensamiento del Altísimo; del que recibe visiones del Todopoderoso, en éxtasis, pero con los ojos abiertos. ¡Qué hermosas son tus carpas, Jacob, y tus moradas, Israel! Son como quebradas que se extienden, como jardines junto a un río, como áloes que plantó el Señor, como cedros junto a las aguas. El agua desborda de sus cántaros, su simiente tiene agua en abundancia. Su rey se eleva por encima de Agag y su reino es exaltado. Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca: una estrella se alza desde Jacob, un cetro surge de Israel.
Palabra de Dios.
Comentario
Balaán era un hombre de Dios que vivió en el desierto. Su fuerza espiritual lo llevó a reconocer en Jacob el plan de Dios sobre el pueblo.
Sal 24, 4-5a. 6-7bc. 8-9
R. ¡Muéstrame, Señor, tus caminos!
Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad. R.
El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.
Aleluya Sal 84, 8
Aleluya. Muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación. Aleluya.
Evangelio Mt 21, 23-27
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús entró en el Templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, para decirle: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esa autoridad?”. Jesús les respondió: “Yo también quiero hacerles una pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo o de los hombres?”. Ellos se hacían este razonamiento: “Si respondemos: ‘Del cielo’, él nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creyeron?’. Y si decimos: ‘De los hombres’, debemos temer a la multitud, porque todos consideran a Juan un profeta”. Por eso respondieron a Jesús: “No sabemos”. Él, por su parte, les respondió: “Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago esto”.
Palabra del Señor.
Comentario
No caben dudas de que los hombres saben la respuesta a la pregunta de Jesús, porque Juan Bautista era un hombre de Dios, pero callan por cobardía. Jesús se aprovecha de esto y no entra en el juego de preguntas y repuestas que no buscan la verdad sino simplemente la disputa.
Oración sobre las ofrendas
Dios todopoderoso, acepta nuestra ofrenda en la conmemoración de san Juan de la Cruz, y concédenos expresar en la vida el misterio de la pasión de tu Hijo, que ahora celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión cf. Mt 16, 24
Dice el Señor: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”.
Oración después de la comunión
Dios nuestro, que en San Juan de la Cruz manifestaste admirablemente el misterio de la cruz, concédenos, por tu bondad, que, fortalecidos por este sacrificio, permanezcamos fielmente unidos a Cristo y trabajemos en la Iglesia por la salvación de todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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