1. Situación
En la vida del creyente, hay un acontecimiento que siempre le hace tomar conciencia de quién es Dios y qué historia está viviendo: la Palabra. Esta está dada, y puede ser utilizada como un saber preestablecido. Pero, en cuanto es escuchada en la fe, se revela en lo que verdaderamente es: revelación de Dios que irrumpe en nuestra historia.
No necesita resplandecer como un signo milagroso, con acciones extraordinarias. Ella es omnipotente al estilo del amor de Dios, que coincide muy poco con lo que nosotros esperamos de la omnipotencia.
¿Has experimentado alguna vez la fuerza única de esta Palabra? En ese caso, tienes experiencia de Adviento.
2. Contemplación
Contempla la serena certeza con que el evangelista interpreta la Historia.
– En los anales del Imperio Romano se habla de las glorias de Tiberio César.
– En los del judaísmo, de los poderes establecidos (Anás y Caifás) y de los movimientos mesiánicos que en aquella época están en plena ebullición.
– Lucas sabe dónde se está jugando la verdadera historia de Dios y del hombre, en la orilla del Jordán, en una zona marginal del Imperio, en las palabras de un hombre que reproduce la antigua tradición, casi olvidada, del profetismo judío.
Desde esta perspectiva no suenan exageradas las palabras de Baruc (primera lectura). Ciertamente, no hay proporción entre lo que está ocurriendo en el Jordán y lo que anuncia el profeta; pero tampoco la había cuando fueron dichas, en el pos-texilio, época de profunda postración para Israel. ¡Así es Dios!
Tampoco la hay entre el pequeño puñado de cristianos, a los que escribe Pablo, y la tranquilidad con que se afirma lo que significa la existencia cristiana en medio del mundo, anticipando el Día definitivo de la humanidad.
¿Ilusión o fe?
3. Reflexión
¿Por qué estamos tan seguros de nuestra lectura de la Historia y nos identificamos con los anuncios proféticos? Porque así lo hemos visto hecho realidad en la vida, mensaje, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. El es la Palabra, y en El se ha revelado la presencia salvadora de Dios que conduce la historia.
¿Por qué nos cuesta, más bien (habría que dar la vuelta a la pregunta), entender el estilo de Dios?
No es problema de argumentación racional, sino de experiencia viva, de cómo abordamos la existencia.
Para quien busca la apariencia, lo maravilloso y socialmente brillante, la historia de Dios (Israel, Jesús) es demasiado oculta para ser, efectivamente, divina.
Lo malo es que ahora vivimos en una Iglesia con fuerza social, y tenemos mil razones (entre ellas, la verdad del Evangelio) para creer que lo mejor para el hombre es que la Iglesia influya… Nos incapacitamos para percibir los verdaderos signos del Reino, que siempre se dan a otro nivel.
No se trata de caer en otra ideología: la subida de las masas al poder, la fuerza redentora de los pobres… El cristiano tiene otra onda y, como primer criterio, que nadie puede apropiarse la acción de Dios.
Por eso, siempre vuelve a la Palabra. En ella percibe la acción de Dios. Pero tampoco la sacraliza, pues no es Palabra de Dios sino en cuanto se refiere a Jesús y es releída y actualizada permanentemente por el Espíritu Santo.
La Palabra no debe ser otro modo de apropiarse de Dios.
4. Práctica
Tu Adviento no es un posible, sino una realidad dada, aunque percibida sólo en la fe. ¿Por qué no intentas leer los signos de la Salvación en tu vida ordinaria?
Por ejemplo:
– Lo que Dios está despertando dentro de ti, cuyo posible despliegue ni siquiera sospechas.
– Personas concretas, sin relevancia social, pero en torno a las cuales se está haciendo una historia de libertad y esperanza, en todos los campos: familiar, educativo, laboral, de evangelización…
J. Garrido
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