05 diciembre 2015

Domingo II de Adviento

DOMINGO II DE ADVIENTO (Ciclo B 2014)
El esquema que nos ofrecen los textos que acabamos de escuchar es el siguiente: Hemos de llegar todos al día del Señor limpios e irreprochables (2ª L) para que todos podamos ver la salvación de Dios,(3ª L) con objeto de que Dios pueda mostrar su afán por nosotros (1ª L) 
En este segundo domingo de Adviento se nos invita, pues, a todos, a presentarnos a Dios limpios e irreprochables. 
Limpios e irreprochables ¿De qué? ¿Qué es lo que nos ensucia y debemos tener ante la vista para librarnos de ello en este santo tiempo de adviento? 
Nos lo señala claramente el Papa en la Encíclica “Laudato, Sí”, que guía las reflexiones de este Adviento: una trágica cultura que modela la convivencia humana” (nº 6)
Es claro, pues, que de lo que nos tenemos que librar, es de esa trágica cultura, algunos de cuyos puntos fundamentales, según el Papa Francisco, son:
1º.- Considerar a la técnica como el principal criterio para interpretar la existencia.
La técnica resuelve importantes problemas a la humanidad pero le priva de la visión profunda de lo que es la persona, la sociedad, el mundo.
Esta nefasta influencia exige que la visión tecnocrática no pueda ser parcheada para recuperar los grandes valores. Es preciso un cambio radical.

Son otros los caminos para un futuro feliz. Es preciso recuperar la profundidad de la vida, preguntarnos por los fines y por el sentido de todo.
Por eso el Papa habla de una revolución cultural. 
Una revolución que suponga una nueva concepción del hombre que le sitúe en el verdadero plano de relaciones con la naturaleza y con los demás seres humanos. 
2º.- El relativismo práctico. Un relativismo que caracteriza nuestra época y que es, dice el Papa, aún más peligroso que el doctrinal. 
Cuando el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, termina dando prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales, y todo lo demás se vuelve relativo.
Es la lógica que lleva a la explotación sexual de los niños o al abandono de los ancianos que no sirven a los propios intereses.
Si no hay verdades objetivas ni principios sólidos, fuera de la satisfacción de los propios proyectos y de las necesidades inmediatas ¿Qué límite pueden tener la trata de los seres humanos, la criminalidad organizada, el narcotráfico, el comercio de diamantes ensangrentados y de pieles de animales en vías de extinción? ¿No es la misma lógica relativista la que justifica la compra de órganos a los pobres con el fin de venderlos o de utilizarlos para experimentación, o el descarte de niños porque no responden al deseo de sus padres?
Cuando es la cultura la que se corrompe, y ya no reconoce alguna verdad objetiva, o unos principios universalmente válidos, las leyes tienen como finalidad establecer formas favorecedoras de la perversión de las relaciones entre los hombres. Las leyes no implantarán la justicia sino legitimarán las más torpes inclinaciones humanas, según los intereses del momento. 
De una cultura, mejor, de una incultura así, hemos de separarnos, hemos de arrepentirnos todos, en la medida en la que todos, de alguna manera, contribuimos a su expoliadora vigencia en nuestra sociedad.
La cultura dominante debe ceder el sitio a otra nueva capaz de volver a poner todas las cosas en paz y orden. 
No se trata de detener la creatividad humana y su sueño de progreso, NO. Sino de orientar esa energía con cauces nuevos. Hay que redefinir el progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no consiga un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior, no puede considerarse progreso. No se trata de crear nuevas formas de expolio de la naturaleza, solo para ofrecer nuevas posibilidades de consumo. NO. Se trata de reflexionar seriamente sobre el sentido de la economía y su finalidad para corregir sus disfunciones y distorsiones.
3º.- La falta de una contemplación transcendente de la realidad. El hombre del siglo XXI carece de una visión en la que todo el Cosmos, toda la naturaleza, aparezca como la obra creadora de Dios. Es ciego para descubrir la presencia de Dios en el mundo. No sospecha que todo el orbe está regido en su ultimidad por el proyecto creador de Dios. El Papa propone recuperar esta visión como uno de los grandes remedios a los males que nos afligen. Es el tema que trataremos, D.M. el próximo domingo, tercero de Adviento. 
Quizás pueda parecernos que todos estos grandes pensamientos tienen poco, o nada que ver, con nuestras limitadas posibilidades de acción. NO. Otro domingo, el cuarto de Adviento, veremos, D.M. que todos podemos hacer mucho dentro del pequeño mundo de nuestras relaciones ordinarias. 
De momento pensemos que hay mucha tarea por hacer y que nosotros SÍ podemos contribuir a realizarla. Es cuestión de ponernos a ello. 
Que así lo decidamos, para que este Adviento no sea un Adviento perdido para nuestra vida espiritual y para la esperanza de un mundo mejor. Amén
Pedro Saez

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