6 DE SEPTIEMBRE DE 2015
Liturgia de las Horas - Tercera Semana del Salterio.
R I T O S I N I C I A L E S
CANTO DE ENTRADA.
Cantando la alegría de vivir, lleguemos a la casa del Señor; marchando todos juntos como hermanos, andemos los caminos hacia Dios.
Venid, entremos todos dando gracias; venid, cantemos todos al Señor, gritemos a la Roca que nos salva, cantemos la alabanza a nuestro Dios.
SALUDO Y MONICIÓN.
ACTO PENITENCIAL.
GLORIA.
ORACIÓN COLECTA.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA.
Lectura del libro de Isaías 35, 4.7a.
Decid a los cobardes de corazón: “Sed fuertes, no temáis.
Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará.”
Se despegarán los ojos de ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.
Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.
PALABRA DE DIOS
SALMO RESPONSORIAL. Salmo 145.
Antífona: Alaba, alma mía, al Señor.
Que mantiene su fidelidad perpetuamente, que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.
El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos.
Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.
SEGUNDA LECTURA.
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1-5.
Hermanos míos:
No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo.
Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso.
Veis al bien vestido y le decís: “Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.” Al pobre, en cambio: “Estate ahí de pie o siéntate en el suelo.”
Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos?
Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?
PALABRA DE DIOS
ALELUYA.
Antífona: Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo.
EVANGELIO.
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 7, 31-37.
En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
Él apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Effetá”, esto es: “Ábrete.”
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie: pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: “Todo lo ha hecho bien; hacer oír a los sordos y hablar a los mudos.”
PALABRA DEL SEÑOR
HOMILÍA.
CREDO.
ORACIÓN DE LOS FIELES.
LITURGIA EUCARÍSTICA
OFERTORIO.
Canto:
Bendito seas, Señor, por este pan y este vino que generoso nos diste para caminar contigo, y serán para nosotros alimento en el camino.
Te ofrecemos nuestro barro que oscurece nuestras vidas y el vino que no empleamos para curar las heridas.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.
PREFACIO Y SANTO.
PLEGARIA EUCARÍSTICA.
RITO DE LA COMUNIÓN
PADRE NUESTRO.
RITO DE LA PAZ.
CORDERO DE DIOS.
COMUNIÓN.
Canto:
Danos un corazón, grande para amar; danos un corazón, fuerte para luchar.
Hombres nuevos creadores de la historia, constructores de nueva humanidad, hombres nuevos que viven la existencia, como riesgo de un largo caminar.
Hombres nuevos luchando en esperanza, caminantes sedientos de verdad. Hombres nuevos sin frenos ni cadenas, hombres libres que exigen libertad.
Hombres nuevos amando sin fronteras, por encima de razas y lugar, hombres nuevos al lado de los pobres, compartiendo con ellos techo y pan.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN.
Gracias, Señor, porque te has quedado para siempre con nosotros hecho alimento.
Gracias, porque cada domingo nos vas llamando a este encuentro contigo a personas tan distintas. Cada uno traemos nuestra propia vida, nuestra propia historia, nuestra forma de pensar, nuestros dolores y enfermedades, nuestras ilusiones y problemas.
Pero tú nos sientas a todos a la misma mesa, a la mesa de los hijos, a la mesa de los hermanos, a la mesa de la fraternidad, de la que nadie debe sentirse excluido.
Gracias, porque cada día nos vas mostrando el camino para seguirte, aunque a veces nos parezca duro y sea tan distinto a la comodidad a la que estamos acostumbrados.
No dejes que nos apartemos de Tí.
ORACIÓN.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN Y DESPEDIDA
Canto:
Tú eres el Dios que nos salva, la luz que nos ilumina, la mano que nos sostiene y el techo que nos cobija. La mano que nos sostiene y el techo que nos cobija.
Te damos gracias, Señor. Te damos gracias, Señor. Te damos gracias, Señor. Te damos gracias, Señor.
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