San Pedro de Costanilla, a quien todos llamaban Regalado por un mote de familia, nació en Valladolid a finales del siglo XIV. Fue discípulo del reformador de la Orden franciscana en Castilla, fray Pedro de Villacreces y, al faltar el maestro, heredó él su espíritu y lo mantuvo con suavidad y fortaleza en los conventos reformados, hasta ser llamado "el Francisco de Asís de Castilla", además de el taumaturgo de su siglo. Así se preparaba la posterior reforma general que realizará Cisneros.
Fue vicario del convento Domus Dei o La Aguilera, en tierras del Duero, provincia de Burgos. Hay allí un célebre santuario, lleno de objetos de devoción, de arte y de historia, lleno sobre todo del recuerdo de nuestro Santo. Las gentes del contorno cantan a coro: "El que la gloria ver en vida quiera, que vaya en romería a La Aguilera". No le defraudará.
Éste es el convento que santificó con su sencillez, devoción y pobreza. Aquí está la capilla donde dijo su Primera Misa, donde quedaba arrobado en éxtasis, donde presidía la salmodia. Aquí está el camarín que guarda sus sandalias, su rosario y su cuerpo, encerrado en una urna de alabastro. Aquí hay recuerdos de su devoción a la Eucaristía, a la Virgen, a la Pasión.
En todos los lugares del convento hay capillas y claustros, pinturas y relieves que recuerdan las maravillas obradas por el Santo. Se le ve pasando el Duero sobre un bote, enseñando al superior los mendrugos de pan que lleva a los mendigos y que se han convertido en rosas, caminando en manos de ángeles del Abrojo a La Aquilera, elevándose en éxtasis con los ojos encendidos... Y otros muchos milagros que constan en varios infolios de los archivos del convento, confirmados por notarios reales.
Algunos bromistas llaman al apóstol San Pedro patrono de los toreros, porque recibió "tres avisos" y cortó una oreja. Pero el que realmente es invocado como patrón de los toreros es San Pedro Regalado, por el milagro que realizó, el más famoso de todos. Se había escapado un toro de una fiesta popular, con las garrochas y banderillas puestas. Sembró el pánico en la multitud. Fray Pedro se acercó al toro, que se humilló ante él. Con serenidad y dominio, a cuerpo limpio, le quitó garrochas y banderillas, y lo amansó bendiciéndolo con la señal de la cruz para que no dañase a nadie.
Otro convento que habitó el Regalado fue el Scala Coeli o del Abrojo. Juan II de Castilla, el padre de lsabel la Católica, decía al morir: "Bachiller Ciudarreal, fuera yo fraile del Abrojo, y no rey de Castilla".
La vida de San Pedro Regalado era la misma sencillez y a la vez se le multiplicaban los milagros en las manos. Recorría la tierra de Castilla, tierra llana y de pan llevar, de Burgos a Palencia, de Palencia a Valladolid, mendigando y predicando en las riberas del Duero y del Pisuerga, hablando a las gentes de las paneras inagotables del cielo, sembrando milagros y consuelos, comiendo el pan duro, que le daban, en las fuentes del camino, siempre afable y risueño, hasta cuando tenía que corregirles.
Exhausto de fuerzas, agotado por las caminatas y los ayunos, se retiró a La Aguilera. Y descansó plácidamente en el Señor. Las multitudes acudían a visitar su sepulcro. Entre otros muchos, Cisneros, Carlos V, Juan de Austria, Felipe ll y los demás reyes de España. Cuando lo visitó lsabel la Católica, dijo a sus damas: "Pisad despacio, que debajo de estas losas descansan los huesos de un santo". Fue canonizado en el año 1746, por el papa Benedicto XlV. El sepulcro aún exhala el aroma de sus virtudes.
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