08 mayo 2014

Moniciones IV- IV Domingo de Pascua 11 mayo

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed todos bienvenidos a la Eucaristía de este Domingo Cuarto de Pascua. Las lecturas de la liturgia de hoy nos llevan al conocimiento de una realidad muy querida por nuestro Salvador: ser el Buen Pastor, el Pastor auténtico, que conoce a todas sus ovejas y ellas a Él. Un único Pastor: Jesús de Nazaret; un único rebaño: todos juntos en torno a Él. Es, sin duda, un gran sueño que algún día podremos ver como hecho real y cotidiano. La Iglesia celebra, además, hoy y en todo el mundo, la Jornada Mundial y Pontificia por las Vocaciones, bajo el lema: “Sal a darlo todo”, lo que sin duda marca una muy bella tarea. Y así con toda nuestra alegría por la Pascua que estamos viviendo iniciemos nuestra
celebración.

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En la primera lectura, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, Pedro narra la vida de Cristo y ofrece la salvación a todos siguiendo el ejemplo del Señor. Es el camino del Resucitado lo que nos salvará. Allí --y entonces-- aceptaron la palabra de Dios y se convirtieron tres mil. ¿Aceptamos nosotros, aquí y ahora, el mensaje de Cristo?

S.- El Salmo 22 es uno de los más bellos del Salterio. El Señor es mi pastor, nada me falta, dice. ¿No nos ofrece este salmo la felicidad completa? Debemos escucharlo y cantarlo como una bellísima plegaria que dirigimos a Nuestro Señor. Y muy adecuada en este Domingo que llamamos del Buen Pastor.

2.- Hay referencias, en la segunda lectura, sacada de la primera carta del Apóstol San Pedro, a la profecía de Isaías que con la figura del Siervo de Yahvé presenta a Jesús como el cordero dispuesto a la muerte. Pero, además, Jesús es cordero y pastor. Es compañero y puerta. Nos guía y nos acompaña.

3.- El Evangelio de San Juan nos revela que el Señor Jesús es la puerta que nos da acceso a la vida perfecta, al seguimiento de él y a la escucha de su palabra. Hay duras palabras para los falsos pastores a quien el mismo Jesús acusa de ladrones. Debemos de tenerlo en cuenta.

Exhortación de despedida

Salgamos alegres y confiados del templo. Como nos ha dicho el Salmo, “El Señor es mi pastor y nada me puede faltar. Caminemos junto a Él y mostremos su rostro a los hermanos que no lo conocen.

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