Hoy es 11 de mayo, domingo IV de Pascua.
El Señor me ha citado de nuevo y yo estoy aquí. Me sitúo conscientemente en su presencia acogedora. Ante su mirada amorosa, voy notando que todo se serena. Lo que está agitado, tembloroso o turbio dentro de mí, se aclara, se deposita, se libera. Quiero, confiadamente dejarme hacer, Espíritu Santo, ven.
La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 10, 1-10):
En aquel tiempo, dijo Jesús: -«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.» Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: -«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mi son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»
Jesús es el Pastor Bueno que ama y quiere a sus ovejas. Él conoce a sus ovejas como el Padre le conoce a él, y él conoce al Padre. Y como Buen Pastor, mantiene una relación personal con cada una de sus ovejas. El nos ha llamado personalmente a cada uno por nuestro nombre: “...él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera…, camina delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.” ¿Le conocemos nosotros a él?; ¿reconocemos su voz o nos dejamos engañar por otras voces?; ¿le seguimos a él o nos vamos detrás de otras llamadas?... “Él camina delante de ellas”. Va delante de nosotros. Diríamos que él “ha hecho el camino” antes: el camino del amor, de la entrega, del servicio, del perdón. ¿Cómo no animarnos a caminarlo nosotros tras él? Señor, que reconozcamos tu voz y vayamos siempre tras de ti, que no te abandonemos nunca.
Todos buscamos la felicidad, la paz, una vida plena de sentido, la Vida. Y nos llegan constantemente muchas ofertas de salvación. ¿Tras de qué puerta la hallaremos? Y se nos ofrece el dinero, el poder, el prestigio, el placer, el pasarlo bien, etc. Y atravesamos una puerta y otra y otra, y no, allí no. Hoy el Señor nos dice: "Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará." Jesús es la Puerta abierta que Dios nos ofrece, sólo él puede conducirnos a la Vida; sólo él es Señor y vencedor de nuestra infelicidad, de nuestro desasosiego y descontento profundo. Dice Juan A. Pagola: “Sólo Cristo nos puede conducir a un nivel nuevo de vida cristiana, mejor fundamentada, motivada y alimentada en el evangelio.” E Iñaki Beristain escribe también: "Jesús es el acceso a una existencia llena de sentido. Jesús es el que nos hace llegar a la otro orilla de la vida, donde todos nuestros ideales y sueños rotos se recomponen en el encuentro con nuestro Dios." Señor, que hoy aceptemos la oferta que nos hace el Padre y entremos por la única Puerta de salvación que eres tú.
“Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.” Palabras iluminadoras éstas de Jesús. Anuncio de gozo y alegría. Jesús ha venido para que tengamos Vida abundante, para que Dios nos habite cada vez más. Y con Dios, el Amor, la Paz, la Alegría y el Gozo, la Esperanza, la Felicidad. ¿No es Dios la fuente de donde mana todo eso? Esa fue la experiencia de los discípulos y ha sido la experiencia de todos los han creído en el Resucitado. Ojalá nosotros vayamos a él y sólo en él busquemos la Vida. ¡Cómo manaría esa Fuente en nosotros y nos transformaría!
Para ir despidiendo este tiempo de oración, acojo la sensación, el sentimiento que me ha movido. De su mano, doy gracias a mi buen pastor, suavemente. Gracias Señor, por dedicarme este rato de la jornada, por tu voz, por tu vida, por permitirme ser tu discípulo. Y quizás, justo ahora, escucho más fuerte que hay otros fuera y siento el envío a ser tu apóstol, altavoz de tu mensaje cauce de tu vida.
Convierte esta oración en un mantra. Una frase que te pueda acompañar a lo largo de esta semana. Repitiendo en tu interior, una y otra vez, este anhelo: Llevaré tu alegría a mis hermanos, llevaré tu alegría a mis hermanos…
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