11 mayo 2014

Homilías (3)-V Domingo de Pascua 18 mayo

1.- CRISTO ES EL ROSTRO HUMANO DE NUESTRO PADRE DIOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. Es el mismo San Juan el que nos dice, en otros textos, que a Dios nadie le ha visto nunca. Ahora Cristo les dice a sus discípulos que quien le ha visto a él ha visto al Padre. Felipe no lo entiende y se atreve a decir a Jesús que “les muestre de una vez al Padre y que con eso les basta”. Evidentemente, el sentido que Jesús da aquí al verbo “ver” no es el sentido material en el que lo entendía Felipe. Dios es espíritu y, en cuanto espíritu, es invisible a los ojos de la cara, pero Dios se ha encarnado en Cristo y el que ve a Cristo ve el ser humano en el que actúa directamente el mismo Dios. El que ve a Cristo, con los ojos de la cara ve un rostro de hombre, pero con los ojos de la fe ve en ese rostro de hombre el rostro de Dios, el actuar humano de Dios. El ver de la fe no es un ver material, así como el conocer de la fe tampoco es un conocer empírico y científico. La fe nos da un conocimiento espiritual e interior, no un conocimiento material y exterior. En este sentido decimos los cristianos que nuestro Dios es un Dios cercano a nosotros, un Dios que está en medio de nosotros, dentro de nosotros. Esta debe ser para nosotros una verdad consoladora: en Cristo y por Cristo podemos conocer a Dios y hasta convivir con él. Naturalmente, no se trata de un convivir material y físico, sino de un convivir espiritual, en el amor. “Si alguno me ama, vendremos a él y haremos mansión en él”. Nuestro Dios quiere vivir dentro de nosotros y convivir con nosotros, por amor y en el amor, en Cristo y por Cristo.


2.- Yo soy el camino y la verdad y la vida. Esta es la norma suprema de los cristianos: si queremos llegar a Dios, caminemos por el mismo camino por el que Cristo anduvo; si queremos conocer la verdad de Dios, hagamos del evangelio de Cristo nuestra verdad suprema; si queremos vivir en Dios y tener la vida de Dios, vivamos continuamente la vida de Cristo, a través del amor. No nos compliquemos demasiado la vida con leyes y teorías; nuestra ley y nuestra teoría es Cristo, porque él es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Después de que Cristo se fue corporalmente de entre nosotros nos dejó su Espíritu y el Espíritu de Cristo es el que debe guiarnos en nuestro diario caminar, mostrándonos en cada caso la verdad de nuestras decisiones. Cristo debe ser la vida de nuestra vida. Cuando tengamos alguna duda sobre el camino que hemos de seguir preguntémonos con la mayor humildad y sinceridad posible: ¿cómo actuaría Cristo en mi caso? Y actuemos en consecuencia.

3.- No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. Ya hemos dicho más de una vez que para los judíos creer en Dios era ser fieles a Dios, hacer su voluntad. La fe en Dios es fidelidad a Dios y amor a Dios. Tengamos en cuenta que Cristo les pide a sus discípulos que crean en él y que no tengan miedo. Les dice esto inmediatamente después de haberles dicho que se va y que, durante algún tiempo, no le van a poder ver. Lo que Cristo les dice es que se va, pero que no va a dejarles huérfanos, ni abandonados. Se va, pero les deja su Espíritu y les promete volver y llevarles con él. El cristiano debe ser una persona de paz y de calma interior; la fe en Cristo debe darnos esta paz. Por muchas desgracias y dificultades que tengamos sabemos que Cristo no nos abandona, está en medio de nosotros y dentro de nosotros, infundiéndonos su paz. Ni el mismo miedo natural a la muerte debe quitarnos esta paz y esta calma interior.

4.- También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu. El autor de esta primera carta del apóstol Pedro nos recuerda la doctrina paulina del cuerpo místico: Cristo es la cabeza de un cuerpo del que cada uno de nosotros somos miembros vivos. La doctrina del cuerpo místico debe darnos a los cristianos confianza y responsabilidad. No estamos solos, porque Cristo, nuestra cabeza, nos guía y nos vivifica, pero no estamos exentos de responsabilidad personal porque los miembros del cuerpo de Cristo pueden decidir libremente seguir o no seguir los consejos de la cabeza. Un templo material se rompe, al menos en parte, cuando se rompe alguna de las piedras con las que está construido; el templo de Cristo se rompe, en parte, cuando alguno de nosotros no sigue las indicaciones de nuestra cabeza que es Cristo. Todos somos, en parte, responsables de todos y Cristo quiere que todos trabajemos por el bien del cuerpo total, que es el cuerpo místico de Cristo. Cuando trabajamos unidos a nuestra cabeza, que es Cristo, estamos formando parte del templo del Espíritu.

2.- TODO CAMINO HUMANO PUEDE SER DIVINO

Por Antonio García Moreno

1.- DISCORDIA.- La liturgia de Pascua sigue poniendo ante nuestra consideración textos del libro de los Hechos de los Apóstoles, retazos de la vida de los primeros cristianos. Ya hemos visto cómo vivían todos unidos con un solo corazón y con una sola alma, cómo se ayudaban los unos a los otros en todo lo que podían, moral y materialmente.

Sin embargo, hoy vemos que ya entonces hubo dificultades en la convivencia, roces entre unos y otros, opiniones encontradas. Entonces eran los cristianos de lengua griega contra los cristianos de lengua hebrea. No están conformes con su actuación y protestan, llegando a decir que es injusta, poco imparcial.

Los Apóstoles serán los encargados de dirimir la cuestión, serán los árbitros y jueces cuya decisión se aceptará incondicionalmente. Y como entonces, también luego, muchas veces a lo largo de los siglos, serán los sucesores de los Apóstoles, con el Papa a la cabeza, los que solucionen las cuestiones debatidas, los que digan la última palabra. A nosotros sólo nos queda aceptar con espíritu de fe lo que sea, estemos o no de acuerdo.

Ante las quejas, los Apóstoles responden: "No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para dedicarnos a la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra" (Hch 6, 2-4).

Era lo propio de ellos, rezar y predicar. Lo otro, el atender a los pobres, con ser una cosa muy buena, no era propiamente lo suyo. Ellos habían de tener tiempo para la oración y para proclamar el mensaje de Cristo. Por eso deciden que propongan a siete hombres de buen espíritu y de buena formación, para que atiendan al servicio de beneficencia.

Son los primeros diáconos. Es digno de notar cómo son los Apóstoles los que les imponen las manos, consagrándolos para la misión que se les encomienda. El pueblo fiel sólo los propone, y eso porque los Apóstoles así lo determinan. Es un detalle más de la condición jerárquica, no democrática, de la Iglesia. Cristo mismo lo quiso así, y por mucho que soplen los aires de una fácil demagogia, la Iglesia no podrá cambiar sus estructuras, las que el Señor instituyó.

2.- JESÚS ES EL CAMINO.- Son muchas las ocasiones en que Jesucristo anima a los suyos, exhortándolos a que no tengan miedo, a que no pierdan la calma. En otras ocasiones les echa en cara su falta de fe, su actitud apocada o temerosa. Para un hombre que cree en el poder y el amor de Dios, no es concebible el miedo y la angustia. En esta ocasión que consideramos, las palabras de Jesús fueron pronunciadas en la última Cena, en la víspera de su pasión y muerte. Por eso tienen un mayor significado y valor.

Hay muchas moradas en la mansión del Padre, les dice, hay sitio para todos. Algunos han interpretado estas palabras como reconocimiento de que hay múltiples formas de caminar hacia Dios, y que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra. Desde luego, es cierto que Dios, al querer libre al hombre, permite muchas maneras de amarle y de servirle. Esto nos ha de animar a caminar por nuestro propio sendero, con alegría y con decisión, conscientes de que si lo recorremos con la mirada puesta en Dios, amándole con toda el alma, nuestro camino, sea el que sea, nos llevará hasta la meta ansiada, hasta la salvación eterna de nuestra alma.

Todo camino humano, por tanto, puede ser divino. Para ello es preciso recorrerlo, decíamos, con la mirada puesta en Dios, queriéndole sobre todas las cosas. Jesús nos lo especifica y aclara todavía más, nos señala sin titubeos el camino, diciéndonos que él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida. Por eso es necesario que todos los caminos humanos, para ser divinos, han de pasar de una forma u otra por Cristo mismo. Es decir, en nuestro caminar de cada día hemos de procurar imitar a Cristo, ser fieles a su doctrina de paz y de gozo, de esfuerzo y de lucha.

De aquí la importancia de contemplar con frecuencia la vida de Cristo, de escuchar y de meditar sus palabras, de tratarle en la oración, de recibirle en nuestra alma en la Sagrada Comunión, limpios y fortalecidos con la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia. Hay que vivir con el afán constante de no apartarnos nunca de Cristo y de estar pendiente de él, hagamos lo que hagamos. De ese modo nos iremos pareciendo más y más a Jesús, llegaremos a identificarnos con el, hasta el extremo de que su camino sea nuestro propio camino.

3.- VA HOMBRO CON HOMBRO CON NOSOTROS

Por José María Maruri, SJ

1.- El Señor Jesús es camino y caminante… “Me voy al Padre…” Y el Padre es la Casa donde hay muchas habitaciones, no es una gran casona, un almacén donde todos vamos a caber sin distinción, no. Es una casa de muchas habitaciones, pero en el corazón de Dios nuestro Padre cada uno tenemos nuestro propio puesto, nuestra habitación que se respeta.

Como cuando nos enseñan una casa de unos amigos y nos van diciendo: esta es nuestra habitación, esta la del abuelo, esta la de Jaime, esta la de Sara. De la misma manera en el corazón de Dios, Casa de Todos, cada uno tenemos un hueco, nuestro, sólo nuestro, reservado para nosotros, reservado para mí.

El Señor Jesús se va, como barco que al navegar deja una estela que se puede seguir, va delante, pero va mostrando el camino. También el pastor va delante y va marcando el camino que hemos de seguir.

2.- En realidad no va delante, va hombro con hombro con nosotros aunque no le sintamos. A veces parece que nos hace como aquellos de Emaús, que caminaban tristes, y sin embargo el Señor va acomodando sus pasos a los nuestros. Y va a nuestro lado, hasta charlando con nosotros, aunque no le reconozcamos.

Si paramos, se para con nosotros. Si voy ligero el apresura su paso. No nos quiere dejar solos. “Estaré con vosotros todos los días (es decir cada día) hasta el final de los tiempos”. Cuando el miedo a lo desconocido hace mi paso más cansino allí está Él haciendo sentir su presencia alentadora. Y cuando la zanja que hay que saltar es demasiado ancha, nos coge en brazos y salta con nosotros.

3.- “Quién me ha visto a Mi ha visto al Padre”. Cuando adoramos al Señor en la elevación de la Hostia o miramos la forma que nos dan a comulgar, ¿os habéis parado a pensar que está cerca, cerquísima ya el día y el momento que eso que creemos por la fe lo veamos cara a cara, el día que ese ventanuco blanco que es el Señor en la eucaristía se abra y nos veamos de tú a tú con el Señor y en el Señor nos encontremos con nuestro Padre Dios? ¿Nos damos cuenta que nos separa de Dios un visillo, una frágil ventanuca blanca que dentro de bien poco se nos va a abrir?

“El Padre está en mí y Yo estoy en el Padre”. Como el ciego con sus manos palpa el rostro querido que no ve, así en la eucaristía palpamos la inmediata cercanía de Dios.

Resumen de esta cercanía de Dios, camino y caminante con nosotros, vayan estos versos que rezamos en el breviario… o en el Diurnal.



Ando por mi camino, pasajero,

y a veces creo que voy sin compañía,

hasta que siento el paso que me guía, 

al compás de mi andar, de otro viajero.



No lo veo, pero está. Si voy ligero, 

él apresura el paso; se diría

que quiere ir a mi lado todo el día,

invisible y seguro el compañero.



Al llegar a terreno solitario, 

él me presta valor para que siga,

y, si descanso, junto a mi reposa.



Y, cuando hay que subir al monte 

(Calvario lo llama él), 

siento en su mano amiga,

que me ayuda, una llaga dolorosa.



Y es que también Él se hirió las manos en el camino

4.- CONOCER A JESÚS, CAMINO DEL DISCIPULADO

Por Pedro Juan Díaz

1.- En pleno centro de la Pascua, el Evangelio de hoy nos lleva de nuevo al marco de la última Cena. Es en este contexto en el que Jesús dirige estas palabras a sus discípulos. Previamente les ha hablado del servicio y del amor sin límites, y de cómo Él les ha dado ejemplo para que ellos también lo hagan. Ahora les habla de un camino, de que Él es el CAMINO, y de que la meta de ese camino es “la casa de mi Padre”. En la medida en que nosotros vamos siguiendo ese camino que Jesús nos propone, nos iremos acercando más a Él, compartiendo su misma vida, su destino final, uniéndonos más a Dios hasta nuestro encuentro definitivo con Él en “su casa”.

2.- Y en ese “caminar”, la Iglesia va creciendo, y va teniendo que responder a las nuevas necesidades que aparecen en el camino. En este caso, como nos cuenta la primera lectura, es la necesidad de atender a las viudas (símbolo de pobreza y exclusión), sin descuidar la oración y la escucha de la Palabra de Dios. Y así nació Caritas, por medio de estos 7 diáconos, servidores, “hombres de buena fama”, encabezados por Esteban. En este libro de los Hechos de los Apóstoles, el verdadero protagonista es el Espíritu Santo. Él es el verdadero garante de la propagación del Evangelio. A Él acuden para elegir a estos 7 diáconos. Es el Espíritu Santo el que va “abriendo puertas” a la comunidad cristiana para que la Buena Noticia del Evangelio se propague por todas partes.

3.- Pero los discípulos también tienen dudas, no todo es perfecto y maravilloso, en el camino también encuentran obstáculos y no acaban de entender bien lo que Jesús les propone. Tomás pide seguridad de que el camino que van a recorrer es el correcto. Felipe quiere asegurarse de que ese camino es el que lleva verdaderamente a Dios. Y Jesús contesta que Él “es el camino y la verdad y la vida”, que el Padre y Él son uno solo y que “quien me ha visto a mí ha visto al Padre”, y quien conoce a Jesús está conociendo también a Dios, porque sólo a través de Jesús podemos llegar a Dios, porque él es la “puerta” (como veíamos la semana pasada).

Los discípulos, de todos los tiempos, tenían y tenemos una tarea urgente y muy necesaria: conocer en profundidad a Jesús. Para ello será importante hacer una lectura orante del Evangelio y una lectura creyente de nuestra vida y descubrir que la fe y la vida van de la mano, que no se puede vivir la una sin la otra. Si queremos crecer en nuestra fe, necesitamos la formación como el comer. No podemos quedarnos en el Jesús de nuestra primera Comunión. Nuestra fe ha de crecer y madurar al mismo tiempo que crece y madura nuestra vida. Y poco a poco, darnos cuenta cada día de cómo es ese Jesús al que seguimos, escuchar sus palabras de amor, ver sus gestos de ternura para con los más necesitados, aprender de sus actitudes y sus atenciones a las personas que encontraba en los “márgenes” de la vida, contemplarle en su dulzura y en su clamor a favor de los pobres, acercarnos a Él que vive en una comunión plena con Dios, su Padre… Y todo esto para poder seguirle cada día más de cerca y poder dar testimonio de Él a todo el que nos lo pida, a todo el que esté cerca de nosotros. Conocer a Jesús a fondo es el verdadero camino para ser más y mejores discípulos suyos, para vivir la vida en plenitud y llegar a la VIDA con mayúsculas, a la casa del Padre.

4.- Esa contemplación del Evangelio, esa formación sobre Jesús, sobre su vida, sus palabras, sus acciones, sus gestos, nos convertirá en aquello que decía San Pedro en la segunda lectura: “acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros seréis piedras vivas”, no para construir ningún edificio material, sino para construir “el templo del Espíritu”, siendo el nuevo Pueblo de Dios que hace presente a Jesucristo en la vida y entre los hombres y mujeres de este mundo.

5.- La tarea es complicada. Necesitamos el alimento de la Eucaristía para no desfallecer en el intento. Jesús es “el pan de la vida”, lo hemos estado escuchando en los evangelios de entre semana. Él se da, se hace “buen pan” para nosotros, se nos da a conocer en su Palabra, que escuchamos y contemplamos también en la Eucaristía. El Pan y la Palabra se convierten en el alimento que nos ayuda a acercarnos más a Dios, conocerle, amarle, seguirle y anunciarle como Buena Noticia para nuestra vida. Ojala que nos aproveche para seguir haciendo crecer el Reino de Dios.

5.- EL ÚNICO CAMINO

Por José María Martín OSA

1.- La comunidad elige a los nuevos servidores. En el Libro de los Hechos se nos presenta un cuadro idealizado de la comunidad primitiva, de su unanimidad y de su testimonio. Sin embargo, puede sospecharse la existencia de un conflicto entre los cristianos de Palestina y los procedentes de la Diáspora, representantes, respectivamente, de una actitud conservadora y de una actitud avanzada. Surge el conflicto en lo que se refiere a la manera de atender a los más necesitados A situaciones nuevas, soluciones nuevas, buscadas responsablemente entre todos bajo la guía activa de los apóstoles. Los apóstoles proponen a los discípulos, a toda la comunidad, que elijan siete varones para atender de la administración y del servicio a los pobres, pues ellos en adelante se dedicarían exclusivamente a la oración y a la predicación del evangelio. Vale la pena subrayar que también en este caso la necesidad crea el órgano, que la Iglesia se va organizando a partir de sus necesidades y que los nuevos ministerios son siempre nuevos servicios. La Iglesia es cosa de todos. Los elegidos tienen todos ellos nombre griego. Lección práctica que se desprende: buscar para los cargos las personas adecuadas y oportunas, independientemente de su origen. Pero sobre todo hay que destacar la participación de la comunidad en la designación y presentación de sus servidores. Durante muchos siglos, la comunidad o pueblo participó decisivamente en la designación de sus pastores. Así fue elegido, por ejemplo, San Agustín. Es lamentable que esto no sea así en nuestros días.

2.- Jesús resucitado de entre los muertos es "la piedra viva".La Primera Carta de Pedro subraya que Jesucristo, desechado por los hombres, excomulgado por los jefes de Israel y eliminado por los romanos de la comunidad de los vivos, es ahora la base y el fundamento de la nueva comunidad de los hijos de Dios. Sobre El se edifica la Iglesia. Por la fe todos tenemos acceso a Cristo y a la nueva vida, participamos en su resurrección y somos también nosotros "piedras vivas". El es el único mediador y todos los fieles constituyen un solo sacerdocio. El nuevo Israel, la comunidad de Jesús, hereda los títulos de gloria y las promesas del viejo Israel. Todos en la Iglesia tenemos, por el Bautismo, la misma dignidad y constituimos un solo "sacerdocio real". Todos somos reyes y sacerdotes, pues todos tenemos acceso a la misma gloria. La misión del nuevo Israel de Dios es proclamar en el mundo el evangelio de la liberación y salir de las tinieblas.

3.- Jesús es el Camino. En el capítulo anterior al evangelio de hoy Jesús anuncia la traición de Judas y la negación de Pedro. Sus palabras suenan a despedida: les recomienda que se amen unos a otros como El les ha demostrado su amor, es más, todo el mundo reconocerá que somos discípulos suyos si nos tenemos amor unos a otros. Jesús infunde a los discípulos una esperanza que debe ayudarles a superar todas las dificultades. Les dice, usando la imagen de la “estancia”, que se reunirá con ellos en la casa del Padre, en donde hay sitio para todos. Si Él marcha ahora es para prepararles un sitio. Tomás le pregunta adónde va y cuál es el camino del que habla. No se da cuenta de que Jesús es más que un camino, es el Camino y, por consiguiente, es también Dios, uno con el Padre. Es la misma idea del domingo anterior ("Yo soy la puerta"), pero desarrollada desde símbolos distintos. Puerta y camino son metáforas; verdad y vida son experiencias humanas. En ausencia de Jesús, los discípulos deben desempeñar entre los hombres el mismo papel que Jesús ha desempeñado entre ellos: ser testimonio de consuelo y testimonio de que Dios existe y de que es Padre, que se preocupa por nosotros y nos da una nueva vida. Es el anuncio que el hombre de hoy necesita ante tanta noticia triste (terremotos, guerras, crisis económica…)

6.- ¿Y QUÉ NOS APORTA LA FE?

Por Javier Leoz

Ni todos valemos para todo, ni unos pocos, pueden hacerlo todo. Y, la primera lectura de este domingo quinto de Pascua, nos instala ante una gran realidad: hay que contar con los demás para llevar adelante nuestra misión de constructores del Reino de Jesús en la tierra.

1.- Seguimos en Pascua. ¡Feliz Pascua de Resurrección! ¿Dice algo la muerte de Jesús al hombre contemporáneo? ¿Transmitimos que, seguir a Jesús, es un camino, una verdad y una vida?

Los primeros seguidores de Jesús no pensemos que lo tenían fácil ni claro. Había que optar por Jesús. Estaban un tanto desconcertados con sus palabras y, para colmo, ya no era que Cristo tuviera que ser el eje fundamental de su vida sino que, dando una vuelta más a la tuerca, habría de convertirse en el único camino, en la auténtica verdad y en la referencia más absoluta para su vivir.

Pero ¿y cómo llevar este ideario a las nuevas generaciones? Tenemos que empezar desde abajo. En primer lugar hemos de colocar a Jesús en el lugar que se merece. Es un ejemplo que, con el servicio y el amor totalmente entroncados en Dios, nos interpela: ¿Amas como yo? ¿Te entregas como yo? ¿Perdonas como yo? ¿Vas por los caminos que te indico yo?

-Frente a las confusiones de las ideologías dominantes, Jesús, es un camino que aporta seguridad y confianza

-Frente a las falsedades, maquilladas con la crema del modernismo, se alza la verdad de un Jesús sustentada en Dios y no, como la del mundo, en los intereses de algunos en contra de otros

-Frente a la muerte, a veces pregonada como avance (el aborto, la eutanasia o muerte asistida), Cristo nos recuerda que su proyecto es un plan de vida y que nadie, excepto el Padre, puede considerarse dueño de la vida de los demás.

2.- Como siempre nos queda una asignatura pendiente: creer y conocer a Jesús. Para testimoniarlo primero hay que sentirlo (como María en sus entrañas), reconocerlo (como los de Emaús) e imitarlo (como los apóstoles) desde el convencimiento y no como si fuera un simple disfraz semanal. El mayor peligro y contradicción que muchos católicos podemos tener es hacer de Jesús un insignificante atajo (no camino) por el que nos colamos cuando queremos para recibir simplemente unos sacramentos; cuando lo entendemos como un consejo (no como verdad suprema) y, por lo tanto, su mensaje no es indicativo ni imperativo para nuestro pensamiento (ahí la causa primera de la debilidad del cristianismo de Europa). ¿Dónde están los “Tomás y Felipes de nuestro tiempo” que pregunten, en las estructuras políticas y decisivas de nuestro mundo, sobre la vigencia y necesidad del mensaje del cristianismo? ¡Casi nada! Brillan por su ausencia.

3.- Ya sabemos que una famosa sentencia aquello de “existen muchos caminos que conducen a la única vedad”. Pero ello no nos quita para que, como cristianos, estemos convencidos de que el único CAMINO (certero, limpio, justo, y comprometido) que nos lleva a Dios es precisamente Jesucristo Salvador. Decir lo contrario es caer en una religión a la carta: recojo esto que me conviene y dejo aquello que no me agrada.

4.- POR TU CAMINO, SEÑOR

Aunque me tiemble el pulso,

seré de los tuyos, anunciaré tu Palabra

apoyaré, con mis débiles fuerzas,

la Verdad que tu camino me indica.



POR TU CAMINO, SEÑOR

Creeré y esperaré en la eternidad que me brindas

Soñaré que, más allá de la noche incierta,

aguarda un paraíso de felicidad y de plenitud



POR TU CAMINO, SEÑOR

Entenderé que, más allá de la casa en la tierra,

me esperas con un sitio cerca del Padre

volverás para cumplir, como siempre lo haces,

con tus promesas que superan

las nuestras, humanas, caducas y falsas



POR TU CAMINO, SEÑOR

Descubriré que, avanzando Tú por delante,

eres la vía que lleva al rostro del Padre

eres el sendero iluminado por el Espíritu Santo

eres Aquel que, cuando se mira, 

encuentra frente a frente al que en el cielo espera



POR TU CAMINO, SEÑOR

Te veremos y cantaremos la grandeza de creer en Ti

Te conoceremos y, contigo, sabremos de Dios

Te conoceremos y, contigo, viviremos en Dios

Te conoceremos y, contigo, marcharemos al Padre

Viviremos y, viviendo contigo,

sentiremos que vivimos Aquel que te envió

7.- PERO… ¿CREEMOS A JESÚS?

Por Ángel Gómez Escorial

1.- El Evangelio de Juan escrito ya cuando las primeras herejías habían hecho mella en alguna comunidad cristiana tiene que afirmar inequívocamente circunstancias que los otros evangelistas al darlas por sabidas e incuestionables no enfatizaban tanto. A la postre, el hombre histórico --de todas las épocas—con muy poca fe en Dios y con ínfimo aprecio a la condición humana, discute siglo tras siglo la doble naturaleza de Cristo. El Señor Jesús es Dios y Hombre Verdadero. Resucitó al tercer día y está en cuerpo glorioso, sentado junto al Padre, como le vio el primer mártir, Esteban. Y es esto lo que no se admite, para aceptar otras cosas que, también, desde un punto de vista racionalista y "natural" son muy difíciles de admitir. Pero se tenderá a hacer --por soberbia disfrazada de perspicacia inteligente-- una religión a la medida. Jesús, una vez más dice la verdad, pero nadie le cree...

Antes, los fariseos perseguían a Jesús acusándole de no desvelar su verdadera naturaleza, su condición de Mesías. Él les respondía que hablaba con claridad, pero ellos no le creían. ¿No nos pasará lo mismo a nosotros? ¿No seguiremos dando vueltas a un asunto que no tiene vuelta de hoja? ¿Y no hizo lo mismo el apóstol Felipe, lo que provocó la respuesta precisa de Jesús?: “¿Hace tanto --dice el Señor-- que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? ". Llevamos ya mucho tiempo a su lado y parece que no lo conocemos. Va añadir el Maestro: "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre". Pero hay muchos cristianos fuera de la Iglesia Católica que no aceptan la divinidad de Jesús y formulan varios supuestos insólitos que limitan el poder y la libertad de Dios.

2.- Y es que el Evangelio de San Juan que leemos hoy es como una declaración fuerte y precisa del Salvador. Proclama su divinidad: "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre"; se ofrece de guía para nuestra vida: "Yo soy el camino y la verdad y la vida". Nos espera junto al Padre y es mediador para el género humano. Las moradas del Cielo están acondicionadas por el mismo Jesús. Y nuestra felicidad futura será inefable porque la ha preparado la Segunda Persona de la Trinidad. Pero se nos olvida y nos enredamos y perdemos nuestro tiempo y multitud de venalidades o de perversos procederes. Estamos, pues, como los fariseos de tiempos de Cristo, preguntando lo que ya sabemos porque Jesús nos lo ha referido.

3.- La lectura continuada de los Hechos de los Apóstoles nos presenta episodios de esos primeros años de la vida de la Iglesia. En fin, que los fieles han crecido en número y es necesario que los Apóstoles se encarguen de la transmisión de la Palabra. La atención a los fieles más débiles debe ser ejercida por otros. Y así se designan siete diáconos. El diaconado aparece ya y continuará hasta nuestros días en los que, más o menos, se reverdece la opción de los diáconos permanentes. Y esa siembra fue prodigiosa. De ella, saldrá el primer mártir de la Iglesia, Esteban, apedreado y muerto por su fe, por su bondad y su belleza espiritual. También "nacerá" un predicador que emulará a los Apóstoles en su labor de explicar la Escritura y la Palabra: Felipe.

4.- La Primera Carta de Pedro hace referencia a las piedras vivas que somos todos los creyentes y que con ellas se construye el verdadero edificio de la Iglesia, pues es antes espiritual que material. La mejor construcción es la que hace el Espíritu en la Iglesia y para los espíritus de sus hijos. Jesús fue la piedra angular rechazada por los arquitectos de su tiempo. Y lo que pasó el Maestro ocurrirá a los discípulos: el mundo actual no se basa en las piedras vivas inspiradas por el Espíritu Santo.

Este mundo nuestro de ahora vive en pos del dinero, del poder, del éxito material. Y, sin embargo, cada vez necesita más el basamento que es la palabra y el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo. Pedro es también piedra y fue, según la promesa de Cristo, la piedra hoy completamente viva sobre la que se erige la Iglesia de Dios. Su sucesor, el Papa, continua la labor de mantenimiento de una estructura de amor, se servicio, de entrega a los hermanos, mientras que se ejerce un sacerdocio de adoración a Dios. Se instituye el sacerdocio común de los todos los bautizados. Son vibrantes estos textos y este tiempo de Pascua. El Señor ha resucitado y alegres --y confiados-- esperamos al Espíritu que nos renueve. Es muy útil que la liturgia de este tiempo pascual, preparatorio del Pentecostés, para cuando el Señor nos envíe el Espíritu, marque perfectamente el perfil de las cosas que debemos saber. Hoy más que nunca –tiempos de crispación permanente—necesitamos la paz, la alegría y la sabiduría que el Espíritu nos trae. Oremos para que, una vez, el Señor Jesús nos envíe su Espíritu.

LA HOMILÍA MÁS JOVEN

ACTITUDES FUNDAMENTALES

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El antiguo promontorio jebuseo, que tal vez coincidía con el monte Moria de la historia de Abraham, fue conquistado personalmente por David. Con esta hazaña perdió su homogeneidad, que fue multiplicándose a medida que la historia progresaba. Buena prueba de ello es la reflexión que se hacen los que escuchan a Pedro el día de Pentecostés y reconocen que entre ellos hay gente originaria de medio mundo mediterráneo. Pero simplificando la cuestión, y partiendo de la base de que el grupito cristiano era fundamentalmente una comunión, el texto de los Hechos de los Apóstoles que leemos este domingo, reconoce que la cuestión cultural era una amenaza para la vida comunitaria. Estoy refiriéndome a Jerusalén, evidentemente.

2.- Convivían en la gran capital judíos de los de siempre, enraizados allí desde siglos antes. Habían abandonado como lengua coloquial el hebreo, relegado a papel de lengua selecta y sagrada y se expresaban en arameo que, pese a escribirse con idénticos caracteres, era idioma diferente. (En más de una ocasión, la última hace pocos meses, he pedido a un judío que me recitase el Padrenuestro tal como lo enseñaría Jesús, que aparece en la lápida correspondiente del monasterio del Olivete. Gentilmente lo han leído advirtiéndome que, pese a hacerlo, no entenderían el significado de las palabras).

Hacía siglos que, por diversas causas, la comunidad judía había salido de Israel hacía tierras occidentales. Sin perder sus convicciones religiosas habían aceptado la lengua del país y hasta muchas de sus costumbres. Destacaba entre estos lugares la ciudad de Alejandría y poblaciones importantes de Grecia. Se vieron obligados a disponer de un texto bíblico de acuerdo con su lengua coloquial: el griego. Es el origen de la Biblia que llamamos Septuaginta. Pero no se crea que perdían contacto con la Ciudad Santa. Muchas familias retornaban a las tierras de sus ancestros, rezaban en sus sinagogas y ofrecían sacrificios en el Templo. Pese a ello, veladamente, existía una diferenciación. Los de origen griego, generalmente, tenían un nivel cultural superior, pero sufrían una cierta marginación. De alguna manera eran considerados advenedizos.

3.- Jesús no estableció diferencias, su lengua materna era el arameo, hablaba y leía el hebreo, hoy no se duda de que conocía el griego y hasta, seguramente, chapurreaba el latín vulgar del Lacio. Predicaba a unos y a otros, ayudaba a quien se acercase a Él solicitando ayuda. Se encontró con el intelectual Nicodemo, dialogó con los “griegos” que solicitaron entrevistarse con Él en la explanada del Templo o curo a la hija de la extranjera siro-fenicia. Pero Él era Él y sus seguidores no llegaban a tanto. Y surgió la rivalidad entre comunidades. Los pobres de una eran mejor atendidos que los de la otra. ¿Podían los Apóstoles controlar todos los aspectos de la vida comunitaria? Se sentían ellos herederos del Señor, no simples esclavos de una doctrina literalmente establecida. Un proverbio persa dice: si tienes dos monedas con una compra un pan y dáselo a un pobre, con la otra un libro, para alimentar su espíritu.

4.- Se sienten llamados a la evangelización y la oración, otros deben recoger el encargo del Maestro de atender a los hambrientos y necesitados. Surge entonces la institución de los diáconos. Fue una vocación y encargo que cumplió una gran misión, de manera que las crónicas se refieren a ellos, muchas veces, con mayor distinción que a los presbíteros.

Poco a poco fue abandonándose este orden sagrado y perdió prestigio, pese a que figuras tan eminentes como Francisco de Asís y seguramente San Benito, lo fueran.

5.- ¿Por qué me he entretenido, mis queridos jóvenes lectores, en este episodio, que alguno pudiera considerar anecdótico? Si os he afirmado que fue perdiendo protagonismo el diaconado, hoy en día están cambiando las cosas. Se ha instituido en el seno de la Iglesia el llamado diácono permanente. No se le exige el celibato, pero sí una dedicación preciosa y precisa. Deseo que con sinceridad os preguntéis ¿Dios me llama al diaconado? Si deseo vivir en matrimonio ¿Qué relación debe haber en mi vida entre uno y otro sacramento?

6.- Ser diácono casado no puede ser una decisión individual. Debe ser aceptado por ambos. Os lo sugiero a vosotras, mis queridas jóvenes lectoras, ¿os gustaría que vuestro enamorado o vuestro marido, fuese diácono? ¿Se os ha ocurrido sugerírselo o animarle a recibir un tal sacramento? Os advierto que, sin negar la exclusividad del don, cuando uno trata con ellos, tiene la sensación de que el diaconado es cosa de dos y admira a la esposa-compañera de ministerio y que esta proximidad la hace más consciente y responsable del sacerdocio-regio-común, no ordenado, que es una auténtica realidad de todo bautizado. Por este camino se debe también avanzar. (en la práctica de la Iglesia, un primer escalón en el sacramento del orden, es el diaconado, yo lo fui once meses, después recibí el presbiterado. Pese a permanecer, a nosotros no se nos llama diáconos permanentes)

7.- Terrenos tan peculiarmente cristianos como la responsabilidad en Caritas, la administración de los bienes de parroquias o de obispados, dirección de organizaciones juveniles, la responsabilidad de la buena realización del culto, la asistencia a enfermos o impedidos (cárceles u hospitales), la dirección de albergues de peregrinos, donde reine la hospitalidad cristiana, el trasporte y custodia de bienes religiosos o sagrados, el acompañamiento de personas en situaciones tan diversas como enfermedad terminal, enamorados que desean preparar su matrimonio para vivirlo según el ideal cristiano, los matrimonios en crisis, la atención a disminuidos, síquicos o físicos, a la dirección de publicaciones cristianas, tanto en papel como en el espacio virtual… ¡tantos son los caminos por los que os puede llamar el Señor!

Ya sé que todo esto es capaz de llevarlo a término cualquier seglar, pero el ordenado goza, para mayor provecho y eficacia, de la gracia sacramental, cosa hoy muy olvidada y que, además de exigir mayor responsabilidad da derecho a exigir de Dios la correspondiente eficaz ayuda. Las lecturas de este domingo dan para mucho más, en otra ocasión, si Dios quiere me dedicaré a las que hoy no he mencionado.

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