08 mayo 2014

Guión Litúrgico 3- IV Domingo de Pascua 11 de mayo

4º domingo de pascua

Introducción

Jesús crucificado, ahora resucitado y glorioso, reina junto al Padre intercediendo por nosotros, y ahora nos congrega de nuevo en torno al altar para enseñarnos cuanto aprende de su Padre y para darnos al Espíritu Santo que nos guíe y nos de fuerzas para testimoniar vivencialmente su Evangelio a los que nos rodean…
Comencemos cantando…



Saludo inicial y bienvenida

Bienvenidos hermanos, y que el Señor nos abra la mente y el corazón para oír y comprender con plena inteligencia la voz de nuestro Buen Pastor. Él se entrega, para que también nosotros seamos buenos pastores de tantos hermanos que andan como ovejas sin pastor… Por eso:
Que la paz de nuestro buen pastor resucitado los colme con su gracia y permanezca siempre con cada uno de ustedes…

Acto penitencial

Reconozcamos que a veces, lejos de ser ovejas mansas y dóciles, caemos en caprichos y rebeldías que alejan y dan mal ejemplo al rebaño…
Por eso digamos: Ten piedad de nosotros, Señor.
- Cuando, en vez de arrepentirnos más de nuestros desvíos, casi que lamentamos no volver a viejos errores y maldades, no importa si pecamos o te ofendemos. Oremos.

- Cuando nos quemamos jugando con las ocasiones próximas de pecado y, entonces el amor propio y el orgullo mal herido nos frenan en ir a confesarnos. Oremos.

- Cuando, a pesar de darnos cuenta, dejamos apagarse la fe, enfriarse nuestra fidelidad a Dios, nuestro amor a la Virgen, abandonamos misa, comunión y demás. Oremos.

Dios Todopoderoso tenga misericordia de nosotros perdone nuestros pecados y nos de la vida eterna… Amén.




Liturgia de la Palabra

Primera lectura (Hech 2, 14a. 36-41): En su primer sermón Pedro declara que Dios ha constituido Señor y Maestro a su Hijo Jesús, exhortando a todos a salvarse de este mundo perdido…

Salmo responsorial (Sal 22, 1-6): El salmo 22 expresa nuestros sentimientos por el Buen Pastor que nos cuida y prote­ge como su rebaño, arriesgando la vida si fuera necesario. Digamos juntos: El Señor es mi pastor, nada me puede faltar..

Segunda lectura (1Ped 2, 20b-25): En su carta a los cristianos de Asia Pedro exhorta a no comportarse como ovejas descarriadas sino como Cristo que dio su vida por nosotros.

Evangelio (Jn 10, 1-10): Jesús se dice el Buen Pastor, y también se identifica con la puerta abierta del corral, a diferencia de los que saltan la pirca para entrar, robar y matar.

Oración de los fieles

Cuando nos soltamos de las manos del Señor caemos al vacío, somos ovejas perdidas lejos del rebaño. Pidamos al Buen Pastor jamás nos aban­done, no mire nuestras rebeldías, sólo se compadezca de nuestras miserias.

Digámosle: Somos tu rebaño, protégenos, Señor.

- Entre tanto mundnal ruido a veces no alcanzamos a escucharte: ábrenos a tus voces apremiantes y ayúdanos a cerrar oídos a errores, mentiras y maldades. Oremos.

- Bajo tu cayado nos sentimos seguros ante tantos lobos que nos rodean: enséñanos a descubrir y rechazar a los que vienen vestidos con piel de oveja. Oremos.

- La mies es mucha, los operarios pocos… el rebaño es muy grande y los pastores no dan a basto… y hay espigas y ovejas con peligro de malograrse. Oremos.

- Hoy es el Día Mundial de Oración por las vocaciones: roguemos al Dueño de la mies y al - Pastor de las ovejas que suscite sacerdotes, religiosos y misioneros. Oremos.

- Oremos también hoy por los sacerdotes y demás consagrados para que perseveren alegres y entusiastas, por encima de achaques, dificultades, tentaciones. Oremos.

- Oremos finalmente para que nuestras comunidades asuman la promoción vocacional y no dejen que el arado que ellos dejaron se oxide clavado en la tierra. Oremos.

Oremos: Señor Jesús, Buen Pastor, que cumplamos lo que mandaste: Rueguen al Dueño de la mies envíe operarios a su campo… y pastores a sus rebaños. Asiste a los que ya trabajan, ilumínalos y dales un corazón grande y fuerte como el tuyo. Haz que haya jóvenes maduros que quieran consagrarse al servicio de sus hermanos como sacerdotes, religiosos y misioneros y se desvivan en el apostolado y el ministerio. Amén.



Presentación de las ofrendas

¿Qué podríamos ofrecer al Señor que fuera propiamente nuestro, si cuanto somos y podemos, absolutamente todo, lo hemos recibido de su liberalidad y amor? En realidad, devolvemos a Dios, reconocemos precisamente eso: que hasta nuestra misma persona es don de Dios. Por eso, junto al pan y el vino, presentémonos en ofrenda agradecida porque él es nuestro Dios y nosotros el pueblo de sus hijos…
Cantemos…

Comunión

En el ofertorio, junto al pan y el vino, nos devolvimos a Dios. Pero ahora Jesucristo se nos devuelve en su Cuerpo y Sangre sacramentados ¡qué maravilloso e inefable intercambio!, un ida y vuelta que nunca terminará, por los siglos de los siglos…
Cantemos…

Despedida y bendición final

Nuestra Misa no termina sino que continúa a lo largo de la semana, en casa y la calle, el trabajo o la escuela, siempre juntos como hermanos, unidos en rebaño, en torno al Buen Pastor desvivido por sus ovejas… cuidándonos también unos a otros, responsables de la comunidad, trabajando por la unidad y la comunión, sin aislarnos ni abandonar a nadie.

Y que el Padre que resucitó a Jesús nos de su Espíritu Santo. Amén.
Y que nos mantenga unidos en la Iglesia como luz y sal del mundo. Amén.

Y que la bendición de Dios omnipotente X Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos y permanezca para siempre. Amén.

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