19 mayo 2013

Viento a toda vela. Pentecostés


El fuego de Pentecostés:
Ha quemado en nosotros nuestros individualismos.
Ha quemado en nosotros nuestros miedos.
Ha quemado en nosotros nuestras indiferencias.
Ha quemado en nosotros nuestras marginaciones.
Ha quemado en nosotros nuestros partidismos.
Ha quemado en nosotros nuestros pequeños nacionalismos.
Y ha ensanchado nuestros corazones para que entren todos en ellos.
Y ha ensanchado nuestras mentes para no encerrarnos en nuestras ideas.
Y ha ensanchado nuestros pequeños horizontes.
Y ha ensanchado nuestras pequeñas fronteras por un mundo sin fronteras.

El fuego de Pentecostés:
Ha encendido el fuego del amor en nuestros corazones.
Ha encendido el fuego del amor para amar a todos nuestros hermanos.
He encendido el fuego del amor para sentirnos todos una misma Iglesia.
Ha encendido el fuego del amor para sentirnos todos una misma comunidad.
Ha encendido el fuego del amor y la preocupación para que todos conozcan el Evangelio.
Ha encendido el fuego del amor y el compromiso por todos aquellos que nos necesitan.

El viento de Pentecostés:
Ha puesto alas a nuestros espíritu.
Ha puesto alas a nuestros pies para lanzarnos por los caminos del mundo.
Ha puesto alas a nuestras vidas para que no nos quedemos sentados cómodamente.
Ha puesto alas a nuestros sueños para que soñemos un mundo nuevo.
Ha puesto alas a nuestros sueños para que soñemos un mundo de hermanos.
Ha puesto alas a nuestros sueños para que soñemos un mundo que sea tu Reino.
Ha puesto alas a nuestros sueños para que soñemos un mundo donde todos seamos iguales.
Ha puesto alas a nuestros sueños para que soñemos un mundo de justicia para todos.
Ha puesto alas a nuestros sueños para que soñemos un mundo sin hambre.
Ha puesto alas a nuestros sueños para que soñemos un mundo donde todo hombre y mujer sienta respetada su dignidad humana.

“Señor, hoy o mañana…el barco está ya listo
Y solo espera tu orden para poder zarpar;
Las gentes del contorno atónitos me han visto
Cogiendo de la playa las redes y las velas tendidas a secar.
¡Señor, cuando tú quieras!… ¿A dónde irá la nave?
¡Lo ignoro, mas tus brazos abiertos siempre están!
Luché, sufrí, mi vida fue igual a la del ave
Errante y solitaria que cruza por las olas que vienen y se van.
Azul el mar tranquilo, azul también el cielo.
La lona empieza a inflarse con un leve rumor.
Señor, cuando tú quieras agitaré el pañuelo
A los que deja el barco sobre la playa negra del mar y del dolor.” (Ricardo Nieto)

Porque es Pentecostés hoy y mañana.
Porque cada día es Pentecostés en nuestras vidas y en la Iglesia.

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